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Ha habido esta banda de ignorantes, “salvo honrosas excepciones”. A tal expresión entrecomillada aficionaba el ladrón y asesino acompañado por su cáfila de idem milicos y/u hoy civiles en su gran mayoría inocentes gracias a la mano del gato. Aquellas anomalías moralistas del tipo SS-bis Raúl Hasbún, Duny Edwards o Alfredo Ruiz-Tagle Cruchaga (Fundación Mi Casa, pinochetista acérrimo, tío de Eduardo Frei Ruiz-Tagle) “pensaban” mano en bolsillo casi como el líder, excepciones aaamplias por ejemplo constitutivas por transversalismo filosófico de este blog, “les 400 coups”. El título no alude para la regla salvo por excepción de sí misma a esa hermosa película de posguerra dirigida en blanco y negro por el cineasta francés François Truffaut.

NO ENVIAR AÚN. En Preparación.

Continuará

 

Esto ocurre en un bar a medianoche. Me limito a observar sin comentario ni trampa gestual por interpuesto individuo. Hay gente, pero el lugar, hermoso, estilo londinense caribeño, es silencioso. Soy por concesión de los players la única persona con el derecho de mirar y de tener presencia cercana a la mesa. Nadie por miedo juega ya conmigo. Soy apenas árbitro, a sueldo, eso sí. El dudo de a dos es más complejo que de a tres o de más. Representa con toda exactitud una simplificación sana de la esquizofrenia en su estado más puro, es decir, cada rival es desde sí mismo, y en sí mismo si quiere, todo el conjunto de los números naturales, del tipo 1, 2, etc. Existe el derecho poco ejercido de beber alcohol. Hay normas que doy por sabidas. Insultos incluso elegantes prohibidos y castigados por el monto en juerga están. La suma mínima en disputa por cada lanzamiento de dados es quinientos dólares que quien gana percibe de inmediato en efectivo bajo vigilancia policial de eficacia comprobada aun desde la acera, llueva o lo contrario.

- Dos ases.

- Dos tontos.

- Tres ases.

- Cinco.

- Seis.

- Calzo.

- Yo no tengo ninguna.

- Tome el dinero. Felicitada está su astucia. Ya viene la mía.

Segunda jugada.

- Me retiro por hoy, si bien tocaba hablar a Usted, pero ninguna regla fija horario.

- Es su derecho, pero sin fair play.

- Repito, nada me obliga a seguir.

- Lo sé, pero Usted actúa como un cerdo.

- ¡Todo insulto está penalizado!

- Puerco suizo, digo yo.

- Pague otros quinientos, porque independientemente del evidente insulto sólo un chancho de Córcega juega al dudo, sentencio yo, árbitro imparcial.

- Tome el dinero, ahora empiezo yo, mil dólares.

Tercera jugada.

- Un tren.

- Dos trenes.

- Un as.

- Dudo.

- Cagué.

- Salte con mil.

- Mala noche para mí, ésta.

- Recién empieza… no me retiro.

Cuarta jugada.

- La última, pero con fair play esta vez,…

- ¡Insulto indirecto, señor árbitro!

- Sí. Pague.

- Tome (puta madre).

- Gracias. El juicio arbitral ha sido equitativo. Le aconsejo que no continúe hoy.

- Un millón de dólares, y hoy ya es mañana.

- Usted trampea, esa cantidad no le cabe en la guayabera.

- Sí. Ando con vale vista.

Quinta jugada.

- El vale vista ni visto vale nada acá.

- ¡Insulto imperialista! ¡Saltando con el millón!

- Tome.

- ¡Vale vista falso éste es!, basta con tocarlo para darse cuenta que está hecho de papel para la intimidad.

- Normal resulto ello, el reloj suyo indica el mediodía apenas pasado, no la medianoche, y en eso coincide con el mio, sin contar el hecho que nos hallamos bajo este aplastante pleno sol que agobia incluso a las iguanas.

- ¿Incurre ahora en racismo para deberme más dinero?

- Somos niñitos no más, esto era un juego.

- Bien, lo sé, empatemos, vamos a la playa para descansar, la playa navegable de Piñera en el Mapocho, OK.

 

Puisque cette maison, cette leçon ou saison relative de liberté hipothétique qu’est la vie, si celle-ci est, nous a  forcé à envisager en quoi par élégance de « lituraterrae » cette dernière consisterait, c’est-à-dire, au-delà de Socrate selon son rival ou même falsiaire Platon, en ce qu’on n’en sait  peut-être presque rien, autrement dit pourquoi pas pardieu quelque chose, on se voit plus ou moins obligé d’admettre le fait et le concept de la contradiction en soi non pas seulement comme essentielle à l’existence elle-même mais encore, qui moins n’est point, en tant que sa devancière spatielle. Cette dernière formule quelque peu maniérée est ainsi faite par un acte réfléchi de la volonté. Il s’agit en effet de vous montrer de l’humilité destinée a susciter déjà un certain mépris enverse cette écriture prétentieuse et quelque peu dérisoire qui vous situerait intellectuellement au-dessus de son contenu potentiel et, partant, au-dessous d’elle, car la conjecture consécutive de votre supériorité vous met, si possible, à votre juste place.

Mais rien n’assure que la vie en tant que telle ne soit en tant que telle démontrée, pas plus qu’ autre chose, que son contraire ou, mois important, les fautes dans l’écriture de cette langue française en naturelle déréliction. Pourtant, si, de cette façon, rien en définitive n’affirme rien, c’est au contrarire par esprit de contradiction que tout, et non pas déjà presque tout, assure presque tout, comme vous l’avez déjà quasiment deviné. Vous méritez donc mes plus sincères felicitations ici-même actualisées. Vous êtes quelqu’un d’extraordinaire, suscitant en moi, ce pauvre con, la plus grande admiration. Ceci n’est logiquemente pas difficile, à moins que par un surcroît de logique classique je n’y trouve une nouvelle contradiction de la contradiction, car dans l’esprit de Hegel, s’il en avait eu ce dont notre modeste Popper avec sa douteuse raison doutait, ma connerie serait indiscutable, y compris quand elle reconnaît en vous un individu digne d’admiration, d’honnête et beau. J’avoue mon incompétence pour résodre ce problème, sans por autant renier de mes capacités virtuelles. Ademettez au moins mon amitié.

 

La palabra escrita emite sonidos, sin que para esto se requiera leerla, ni siquiera en voz baja. Ello ocurre como consecuencia de una emoción memorizada que el cuerpo unido al alma reproduce, compone, etc. A nadie, que yo sepa, ha en efecto ocurrido que la lectura de ciertos fonemas aun únicamente imaginados no le provoque una real canción cerebral derivable incluso en un baile físico de los dedos, por ejemplo. Y con mayor razón esto sucede no ya sólo desde la palabra emergente de un recuerdo puro -“gracias a la vida” en latencia- sino desde su actualización yaciente cual muda escritura en pauta o verso… “que me ha dado tanto”: Violeta Parra, La Carpa de La Reina, el balazo, por retroacción La Niña Hechicera, …”me ha dado la risa”. Así, llevando la frase inicial de este texto a su paroxismo, se comprende que sea asignada al autista su condición de tenor como llevadera al dúo de Simon and Garfunkel sobre “The Sound of Silence” cantado nota a nota en el cerebro.

Este transporte de la emoción memorizada a la musicalidad potencial o actual representa un misterio resuelto por una metáfora concerniente a la química, a la electricidad, la ondulación o el amor, por ejemplo, que desde sí misma puede traer más notación fonética. Sin explicar nada, la metáfora en la cual se ha caído y/o optado prosigue así la partitura coral de unas runas o alfabetos cuya historicidad transforma a cualquiera palabra en semiótica de sinfonía inconclusa. La ficción del saber contenida en la metáfora hace así de ésta una alegoría cuya fuerza poética es objeto susceptible de discusión que continúa aun en el silencio a su discreta ruidosidad. De este modo, por ser intrínseco al ruido su esencia lógicamente continua -“natura non salta”-, se torna audible el canto de los muertos en cuanto arpegio pero también como acorde del grito que emitirá el feto ya recién nacido. No se puede comprender todo aunque esto sea buscado hasta la desesperación de la dulzura.

 

Quiero sin ser pretencioso ayudarte de manera práctica es decir también espiritual para que salgas en parte de tu sufrimiento y para esto llamo a Cristo. Quiero que renazca dentro de ti y para nosotros una disposición a la alegría en la pesadumbre de la emoción por tu vida tranquilizada por la repercusión acariciadora de su más allá. Quiero que la fe inunde tu alma como el agua dulce a una persona en naufragio que brota cual sol florido del mar en la montaña. Quiero que la poesía no te sea poesía sino pecho inflado de amor. Quiero con atrevimiento acompañarte de tumba a tumba y a tumba en tumbo a tumbo. Quiero que la caída sea la risa en las dunas al atardecer de la esperanza en pleno universo. Quiero que te sientas querida sin olvidar ni un momento y por naturalidad que estás siendo querida. Quiero que te despreocupes de todo lo prescindible en la calma accesible de tu vientre vaciado ya de malos olores y dolores. Quiero que te aceptes tal cual eres sin recriminación alguna. Quiero que el fango de tus pecados sigan transformándose en fuente maravillada para el crecimiento de la flor del loto esparcida por la confirmación de tu bautismo. Quiero la percepción tuya de tus hijos como regalo en el misterio insondable de la nocturnidad. Quiero que los veas como una maldición sonriente de la vida a la muerte así extinguida por obra de un milagro que te enloquece de felicidad. Quiero que seas una escultura diamantina en movimiento y en danza por la cultura humana. Quiero que duermas como un angelito presto al nuevo despertar. Quiero que tu cansancio se constituya en prueba judicial de estar para siempre y a tu pesar gozoso viva. Te queremos. Te queremos viva de vida como la vid aún no fermentada y en sarmientos que dibujan al cielo. Quiero tu furia cual alegoría de la música de Dios y de su cólera. Quiero el nido de pájaros en tu pelo. Quiero el pez de la huella en tus pisadas. Quiero tu endulzamiento amoroso del cual nadie ni nada te priva. Quiero el viento que recorre tu cuerpo sin musitar más palabra que tú yendo. Quiero tu comprensión de la economía en definitiva serenidad. Quiero lo que olvido queriendo para ti. Quiero más que tú. Quiero en ese más a ti. Quiero como te va constando aquí que quiero, que yo quiero y que no mucho es lo que quiero. Quiero contribuir a que por Dios en nosotros te quieras. Quiero dormir y enviarte esto con copia para ti y sin ensombrecer para la amaneciente incertidumbre que te descansa. Esto y mucho más que esto es en lo que a ti respecta queremos y quiero. A Dios sin falsía gracias doy por ti. A él y a la Virgen María con María Magdalena que están aquí. A toda esta compañía lúgubre del camino al amor gracias doy. Me gusta agradecer.

Es Germán Bravo, amigo sociólogo pero sólo de Flacso, quien poco antes de suicidarse mediante ahorcamiento me dijo el título, a propósito del “boinazo”, a lo cual comenté “nada entiendes de política”. Él se enfadó partiendo del restaurant, de modo que yo pagase o en todo caso pagué. Última vez que lo vi más no a causa de la cuenta. Fui a su misa en San Ramón. El cura Zañartu S.J. empezó el sermón con esta frase impecable, “no porque te queramos aprobaremos tu acto”. ¿Por qué te mataste, hn.?, no me dirás que por esa mina. ¡Teniendo con la legítima una hijita de 5 años! ¡Sin preguntar nada! ¡Desgraciado! Te quiero, mierda. A la salida pedí reunión al cura. Fui. Le expliqué mi propio cuento. Quedé perplejo pero obedecí. “Sepárate, parte a Francia”. Fue duro. Volví años después. Nada que ver con el exilio, anterior, y “de oro”. Aquí estoy, en Chile. No es fácil. El que la hace la paga, aunque bueno haya estado lo hecho. En la misa para mi sorpresa se sentó al lado Cuadra, qué mierda hace éste aquí. Me susurró, sin comentario mío: “Allí tienes llorando a las putas que lo mataron”. El asunto de Germán  tuvo su breve continuación que no proseguí. Meses después murió Zañartu. No sé cómo. Espero que no como Larraín, antes, también S.J. Los S.J. incluido Poblete son en general demasiado poco tontos como para echarse o no echarse el pollo así no más (¿preferirían a las pollas o mejor pollitas?, de moda está, pero no creo).

Dije a mi padre siendo yo pendex: “Hay dos alternativas: sí o no”, no sé ya cuáles. Me rectificó: “una sola alternativa, eso entre dos presenta”. Me cagaba. Parece que salí habiloso: “No, porque puede haber otra cosa aunque no dicha y entonces entre tres dos”. Cerró admirativo el pico. Y lo rematé: “Entre cuatro, tres, etc.”. Pero él jodía por pedagogía: “¿Entre infinito y menos infinito?”. Se lo canté a lo 5 Latinos: “Dímelo tú, tutuá”. Lo cagué, sacándole otra alternativa.

- Tramposo. Cambias de tema.

- Es lo mismo que tú estás haciendo.

Pero yo lo respetaba. Le dejé decirme algo obvio y para ser insincero provocado por mí. Resultó esto: “Maneja mejor tu bicicleta, puedes caerte”. Sin querer recordarle que andábamos a pie. Pues esto, más la ascensión al cielo enseñada por el Catecismo habría abierto numerosas alternativas más. Moraleja para ganar yo: UN HIJO NUNCA DEBE CAGAR A SU PAPITO.

P.S. Nunca se termina de aprender. Ganó en consecuencia él, tan amado, muerto hace poco.

Todo, incluso todo, más todo preñado, parturiente y parido del fetoª gritón que es la vida reproductiva de la totalidad por nada, teniendo -ya casi dicho- en nada todo, sin que sea necesario por pleonasmo travestido e inelegante agregar “en todo nada” ni “con más o menos”, o no algo excedente que esto ausente en el movimiento de entrambos y aún fuera de tal simplificada alteridad, está finalmente destinado a la basura, así heréticamente reencarnada o peor, en suma teología resucitada, a la alegría indefectible de su vocacional realización. A quien sostenga la existencia de hermetismo en la frase anterior falta sencillez. Tanto es así que para ese ser tragado en la complejidad el concepto mismo de predestinación nace en extravío cual perfecto aborto de su propio ser y constituye victoria tomista del cristianismo aristotélico que lo ha pervertido en la línea recta y falsamente contradictoria del platonismo superviviente aún en cuanto nudismo de su completa nadería. No se nos vaya a complicar la cosa.

La madre no quiere que su hijo crezca ni nazca en el poblado Nazca al norte donde a lo sumo se alza la aldea Peor Es Nada al sur de la pretenciosa Región Metropolitana. Por comparación loª desea para siempre, aun muerto, incluso hecho un desperdicio de huesillos pollinos, en su demoníaco vientre de momia salitrera o carbonífera, cuprífera o petrolífera, anaranjada o de color violáceo, aymará o respectivamente mapuche, caliente o fría, mestiza o central, pescadora o pirquinera, bailarina o mejor dicho paralítica, linarense u ovallina, chilena o ex chilena, ariqueña o puntarenense, centrista o centrista, foca o puma, carrerista o rodriguista, lautarina o alemana, virgen o puta, serenense o coquimbana, estúpida o idiota, borracha o perra, madre eterna o madre eterna, temucana o copiapina, evangelista o hipócrita, pimienta o salmantina, llama u hoguera, Moneda o Ahumada, pacífica o cruel, peruana o boliviana, Patagonia en Do o en Re, el Colo o la U menos por lucha de clases la UC, la Parra o el Parra, el hombre o la mujer, la momia o el momio, el cuico o el rasca y lo anterior a la raya o esto que la ha seguido.

Ganó mi papito. Espérame, ya voy. ¡”Aylwin, por favor…! ¿Dónde dejamos a Piñera?”.

 

Parto de un supuesto, base de cualquiera supuesta ciencia. Si es Verdad como asevera el discípulo -según él mismo bien amado por Jesús: Juan- que “en el Principio era el Verbo y el Verbo era Dios”, significa por simple lógica a lo menos humana, pero constituyente simultáneamente en su diversidad compleja, sencilla, de toda la Creación, que el Creador del Universo existía con anterioridad al Principio de éste. La frase precedente leída con atención resulta comprensible para un lastimoso retrasado mental. Pues la citada Verdad evangélica se refiere por el don de la fe divina al Verbo, y no podría ella hacer tal referencia, “en el principio era el verbo y el verbo era Dios”,  sin ser a éste por conocimiento superior, de un modo parecido a que tú eres incapaz de decir la verdad sobre tu ser sin trascenderlo.

Quod est demonstratum.

¿Pero existe acaso sólo una lógica humana? No. ¿De qué valen ellas? Lo ignoramos. ¿Qué dices sobre la lógica divina? ¿Acaso que “a” dividido por “cero” es igual a “indeterminado”? Por favor… ¿O, más torpe acá mismo, que “equis” dividido por “cero” es igual a “infinito”? O, ya lo peor, que “a = a”, cuando todavía nada es idéntico a sí mismo?

El asunto reside en el Amor y en nada más. Sin que sepamos ni con mediana exactitud -o lo que se parece a ésta la inexactitud- en qué aquél consiste. Pero allí están las ciencias pura y aplicada. Yo únicamente puedo, si pudiese, amarte, como algo definitivamente superior a la misma sabiduría. Amarte: amarnos, amarme, amaos, qué sé yo. El asunto reside en el Amor y nada más. La Biblia está repleta de torpezas, incluso de inmundicias y para qué hablar de sus ridiculeces, que no importan, porque el asunto reside en el Amor sin saber qué es y en nada más. Nuestra fe está desprovista de sustento. Mas más porfiada que un burro es, aun o sobre todo en la patena de su descreimiento. Desconcierto es lo que guía a mi Principito del Verbito que era Diosito. Uno da y recibe, no da ni recibe, da y no recibe, recibe y no da, junta todo esto, resulta un más o menos y viceversa con tres puntos suspensivos en desolación.

Vale.

 

Me daría vergüenza ser como tú. No digo “sentirme como tú”. Pues por práctica y por lógica ningún sinvergüenza siente vergüenza de serlo. A lo sumo mira hacia el lado como si, grisáceo, él no existiese; o como si, ya en lo máximo de su sólida y perfecta satisfacción, hubiera puesto sobre sí el manto de olvido regalado a él aún niño por su madre, tan moral en la noche oscura donde nada salvo orgullo ellos ven la blancura lunar del santo orgullo. A propósito del cual sostengo modestamente que no soy ajeno a cierta vergüenza incluyente de mí. Pero -decía mi padre, por epistemología innata- “todo tiene su límite”, a los cuales yo por indiscutido don divino jamás sobrepaso, entre otras causas porque no existe ilimitación absoluta, salvo aquélla de la permeabilidad. Comprende, no es difícil. El completo eclipse lunar permite entrever azulada a la Luna, a su vez delatora de una porosidad o relativa transparencia terrestre. ¿Otro ejemplo? Cretino es decir que no resulta posible tapar al Sol con un dedo. Si se puede hacerlo. Pero todavía un poco anaranjado, si bien menos que sin dedo, se advierte al Astro (no me refiero a mí) atravesando con sus implacables rayos cancerígenos a mi dedito. Nota que ahora cambio de párrafo. ¿Lo estás notando? Esto se llama transparencia o permeabilidad política, de la cual hacen gala en Chile SS.EE., todas infiltradas por la castidad del dinero que ni siquiera huele y menos por tolerancia ética a ti mismo duele; pero al final muele. Como en casa de remolienda. Observo que el párrafo aquí en conclusión presenta muchas veces la palabra “como” que por lata no cuento. Ellas ¿no significan fuera de todo, por tu naturaleza hambrienta bien llevaba a cabo -comes, comes, comes, como muestra tu obesidad- otro aplacamiento de la vergüenza en la noche y en el día? No soy así. Ni un “como” habrá en lo sucesivo. Cuenta el cero, para aburrirte al igual que de costumbre.

Que no seas el único en tal desvergonzada, oportunista y conveniente situación muestra por lo demás para consuelo de muchos que no detentas el monopolio de ser tonto. O -por machismo lo postergaba- tonta. Mucha gorda prolifera en Chile. Basta para comprobarlo con ir a un elegante mall de La Granja. Ella y su sordo gordo, de paso éste, ingieren pisco sour por qué no doble, gigantesco plato de lomo con papas fritas y tomate con cebollas, añadiendo vino, mousse au chocolat, café, cariño de la casa, paga la gorda más 10% de propina. Más pobre, más obscena de inflada la gente es, a causa de la globalización, sin duda. No alcanza el dinero para las liposucciones en Ecuador que dejan la carne llena de rasguños, para decir lo menos. Preparo el charquicán con la lentitud de rigor. Quizás no coma. Si no como, será como por vergüenza al comprobarlo: como que tomo pero no como.

 

Envidiando con sincero rencor a Usted y a amplias multitudes -lo reconozco-, no cualquiera persona hace por redundancia de periodista sin valía esto que yo a pesar mío sí repito: escribir durmiendo. Peor: profundamente dormido. Los ojos están cerrados. La mente devanea si miento en el viento. Transcurre en ella la voz baja de Boris en la ópera rusa. Allí la ferocidad del silencio se pasea ebria. El do sostenido mayor avanza confirmándose por ahogo en el oleaje gris y agrietado del cerebro. Pero admito el mérito involuntario de reencontrar en este ambiente mi condición humana. Resucitado estoy quizás. Reencarnado no. Un muro en la eternidad sutil desune uniendo a las culturas de Oriente y de Occidente. Dragón no soy. Tampoco roca o alerce milenarios que por lo demás cohabitan cada uno dentro de sí, de manera semejante que lo hacen animalidad aquí y allá. Los tres reinos de la vida material permanecen en inerte copulación de apariencia, aunque sin perder del todo el derecho de propiedad privada sobre su respectivo ser en sí y fuera de sí. El intercambio de la posición, muerto, vive. Soy hombre de sexo exteriormente definido y, por el interior, curioso sobre mi esencia. Es el alma, ajena al conjunto de lo sensorial pero simultáneamente secante hasta incluso ecuatorial en éste, que atribula al ser cual incertidumbre derivada e integral sobre sí mismo. Respetando por la fuerza de la voluntad a la voluntad de Dios, le ruego que como hombre resucitado no tenga yo la misma vida que ésta ya vivida, aunque más no sea para evitar la recaída periodística en el dicho profesional de acuerdo con el cual es manifestada, asertiva, aquella frase, “valga la redundancia”, estúpida y extintiva de todo movimiento en la vida. Descartada pues la innoble función específicamente periodística, procedo a otras eliminaciones sucesivas, como ser abogado, ser médico, pianista, chino, cabizbajo, cornudo o escritor. Preferiría ser ebanista.  Pero noto que estando ya quizás perfectamente muerto, transformado en comestible para voraces bacterias y gusanos, me hallo al mismo tiempo tan vivo que, como se ve, incluso escribo, sí, estas interesantes reflexiones y, más extraño aún, que las exponga tan dormido como si estuviera en sueño eterno. Peor, para mi desconcierto, no cometo faltas en la escritura, aunque ignore, sí, a qué se refiere ella. Todo se desplaza al igual que un sueño cuya trama consiste en no tenerla. Hay sin embargo una especie de pesadilla afiebrada. 40º Celsius indica según adivino el termómetro puesto por mi madre en la boca enferma, tras un cáncer, de esta molesta necrosis. Elevado es el número 40. Oigo letanías que atraviesan la madera hacia el interior del ataúd. Son tediosas pero me siento cómodo. Otra frase va saliendo de la mente y se inscribe superficialmente en la negritud de la noche vegetal. No logro leer qué dice. Sólo leo en ébano. No en imitación por plástico. Este material aglomerado se desvanece con tardanza en la relatividad restringida.

No soy especialista en esta materia. Carezco de conocimientos sobre precios y mercado. Busco a una persona honrada que sí los tenga, fuera del evidente acceso financiero, y que trabaje por comisión acordada sobre la base principal de la confianza. Un encuentro previo y personal parece indispensable para adquirir una impresión recíproca sobre los posibles interlocutores y, con tiempo, sobre el valor de los objetos ofrecidos, por lo general antiguos y en buen estado, muchos de ellos únicos. A esa reunión en un departamento mío seguirían un inventario y una tasación por perito firmados ante notario. Mi intención no consiste en hacerme rico mediante una compraventa sino en garantizar una vida modesta pero digna durante veinte años. Mi edad es sesenta y seis. No estoy endeudado. Creo sin hallarme seguro de ello que unos trescientos millones de pesos, por cierto mejor más que menos, en efectivo y en líquido para mí (impuestos y comisión más otros gastos pagados), serían suficientes. Mi familia -madre, ocho hermanos y cuatro hijos, todos profesionales exitosos en el plano económico- insiste con generosidad en que no me preocupe por esto, pues dividiendo la suma correspondiente sus componentes podrían entregármela mes a mes gratuitamente, pero es una solución a la cual nunca he recurrido y la falta de costumbre en esto crea un reprochable mas comprensible aunque superable orgullo, que molesta, diciendo tanto sí cuanto no. La verdad es que jamás he acudido a este tipo de salida. Una información bastante exacta sobre mi vida se halla en el presente blog, “Amaneciente Incertidumbre”,https://amaneciente.wordpress.com . Mi correo electrónico esarturomonteslarrain@vtr.net. Mi teléfono fijo en y desde Santiago de Chile es 3416148 . Y el celular aquí mismo es 095351520 . La dirección en la comuna de Providencia, misma ciudad, es calle Austria 2163 departamento 202 donde se me halla regularmente o por una empleada, señora Rosa.

Los libros en venta son de proveniencia familiar. Citaré dos ejemplos entre unos doscientos ejemplares que no he contado : a)  “Los tesoros del arte de Inglaterra” (cien grabados finos en acero muchos de ellos originales), George Barrie Editore, Filadelfia, 1881, unas 1000 páginas tomando en cuenta las láminas; considero que el enmarcamiento por unidad acrecentaría la ganancia. Y b) “Encyclopaedia Britannica” completa, Adam & Charles Black, Edinburgh, MDCCCLVI.

Por razones de salud y por su costo he tomado esta decisión. Saludo a Usted con afecto.. No excluyo una venta en el extranjero: España, Francia, UK, USA.

 

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