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Al parecer nacen sospechas sobre la probidad no se si actual en la distribución de esta beca. Lo que sí se es que la persona encargada de este asunto es nombrada justamente por quien preside el Estado. Y me consta el caso durante la Concertación de ese individuo, llamando a su responsable y subordinado -por lo demás “ad honorem”- para pedirle algún “favor”; a lo cual el último con gentileza se negó con claridad tal que el primero pidió disculpas. Ello honra a ambos.

Ignoro qué habría hecho en ese puesto Hernán Larraín frente a un llamado similar de Pinochet y cuál habría sido la reacción de éste.

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– Mamá.

– Te escucho.

– ¿Por qué yo no me pregunto nunca nada?

– Eso ya es una pregunta.

– ¿Qué es una pregunta?

– Estás haciendo otra pregunta. No molestes. Sabes. Una pregunta es querer saber lo que uno no sabe.

– ¿Qué es saber?

– Es… preguntarse.

– ¿Sin respuesta?

– La respuesta es otra pregunta.

– ¿Otra?

– Otra. La misma. Otra, la misma. La misma, otra. Con variaciones de una coma.

– Mmm. ¿Quieres a mi papá?

– No.

– ¿Por qué no?

– Por narigón.

– ¿Maricón?

– No. Narigón.

– ¿Como Pinocho?

– No. Como Cyrano de Bergerac.

– ¿Ése que inventaba poesías para que una mujer se enamorase de otro, hasta que lo lograsen y ella se enamorara de ese otro por las poesías, sin saber nada de Cyrano?

– Para no hacerte ninguna pregunta en pregunta, tras más y más preguntas, ya van siendo demasiadas preguntas.

– Si como dijiste las respuestas son preguntas, es que las preguntas son la respuesta.

– Mmm.

– ¿Papá te inventa poesías a través de otro?

– Yo amo a este otro.

– ¿Por las poesías del papá?

– Sí.

– Eres tonta.

– El amor más profundo es ignorado salvo siempre por un intermediario.

– ¿Vale eso también para un hombre?

– Mira a Cyrano, cuánto me ama. Me ama porque no lo amo.

– ¿Por qué cree que no lo amas?

– A eso no respondo, sospéchalo tú.

– Ya comprendí, pero no se debe vivir así.

– Tengo sueño, ven a mí.

– ¿Así?

Sí. La vida se nos hace y nosotros mismos la hacemos a menudo muy cuesta arriba. Y tontamente, en lugar de comunicarnos ayudándonos, nos aislamos y así nos dañamos aún más; por esos malditos miedo, vergüenza y orgullo que nos muerden y remuerden el alma. Deberíamos cambiar. Sería tan fácil y razonable. Pero no. Optamos por lo irrazonable y difícil. Sin ningún beneficio. Sólo perjuicio personal que además irradiamos al entorno incluso más querido, llegando hasta a arriesgar su existencia como pareja, familia, amistad, comunidad. Y matando nuestras potencialidades reales de mejorar nuestra existencia y de amar, que es aquello y a fin de cuentas sólo aquello por lo cual y para lo cual vivimos, ¿o no? Por el camino contrario, que, en gran parte, de hecho, cuales tontos, recorremos, es mejor ser cada uno claro, poner fin al sadomasoquismo y decir adiós. Como nuestra Violeta Parra, por ejemplo. Pues continuar de tal modo la vida representa sólo una forma todavía más cruel e hipócrita de suicida “solidaridad”: gota a gota, el veneno. No haré artificialmente este texto más largo. Aquello que ahora quería, podía y debía decir con Uds. está dicho. ¿Conversemos el tema?

El Festival de la Canción de Viña del Mar es para mí una incitación indeclinable a no verlo ni siquiera por la televisión. En toda su vida apenas habré pasado por allí de reojo unos diez minutos que debieron ser nueve y nunca serán once. En el recuerdo conservo el sentimiento de una vergüenza nacional inextinguible. Es la exhibición impúdica de la siutiquería nacional. Un griterío de “músicos” charchas sin ninguna profundidad poética. Un griterío aplastado por el griterío del ridículamente llamado “monstruo”: esa infinitésima “élite” de autoridades sonrientes para la foto en primera fila y de tontos en general. Un griterío de loas animadoras vestidas a lo Beverly Hill con “Boss” made in Patronato con el tremendo suspenso de la gaviota de plata. Una circulación de impúdicos potos gordos salvo en privado, a la chilena. Unos bailecitos folklóricos dignos de aniversario en Clos de Pirque, “mantelito blanco…”, “el patito chiquito…”. Unos roqueros dignos de gaviotas grises en el Mapocho defecado de Santiago. Algún vejete de renombre para cuicos ya olvidado por Las Vegas Inc. La cola para entrar. Los pedos al salir. “Qué fantástico”, “regio”, “estupendo”, “el descueve”. El billete en bambalinas. La Alcaldesa frotándose el bocio. Los rotos aseando chicles por un peso. La tele dale que dale. Los Carabineros han cumplido su deber, perdón, “Carabineros ha cumplido su deber”, como decir “DINA torturaron” o “él voy”. ¡Viva el Festival! ¡Éxito total! ¡Parada militar! ¡Happy birthday to you! ¡Todavía sopla! ¡Jajajá! ¡Gloria nacional! ¡El más grande Festival de América! Es entrevistado Carcuro. Maní confitado maní.

Lejos de mí está el deseo de provocar lástima. Pero más lejos aún la negativa orgullosa a decir la verdad. La expresaré sin explicación quejumbrosa o acusadora de ninguna especie. Ustedes ya saben quién soy: un hombre, nada más, con características y trayectoria conocidas. Dado que no pertenezco por voluntad propia a una secta de “intereses creados”, necesito un poco de dinero para vivir, sin “pasar el sombrero”, Jaime. Van diez años sin ganar un peso. No son de cesantía estrictamente laboral, como habéis visto. Entrego lo que puedo. En tres meses hay unas 37.000 visitas aquí, con temas diversos a menudo agradecidos. Me han sido sugeridas publicidades instalables en el sitio para ganar dinero, que ya va escaseando, pero no cederé a ese estilo, ni tampoco como he dicho en “Una monedita” a cobrar entrada; lo cual fuera de ir contra mis principios fracasaría, creo yo. Pero quien pueda ayude algo. No necesito mucho. Esto no es un negocio. La Administración lo sabe. Ustedes también. Sucede por un lado que la libertad expresiva de la cual gozamos aquí para hacer bien es impecable. Y, por otro, que teniendo yo un límpido y envidiable C.V. ya “excesivamente” independiente y en verdad honesto soy para mi risa sin precio. Así, no ando en rondas, sabiendo de política para CHILE más que casi nadie, como consta por ejemplo a Sergio Molina Silva, y no es farsantería, es sólo un hecho, como que la señora Bolocco de Menem es mejor farandulera que yo. Yo serví mucho a nuestro país, con todo mi esfuerzo y mucha gratuidad. ¡Hasta Hermógenes, discípulo de Sócrates, lo sabe! O Jorge Insunza, del PC. Pero por lo mismo he sido botado a la basura. Normal acá. ¿Se puede sin embargo comprender que la Administración de A.I. y yo trabajamos muchos para nosotros y que sin un poco de colaboración económica “Amaneciente Incertidumbre” no podrá resistir, en circunstancias que con un pequeño aporte de quien sea posible entregarlo esto podría ser algo valioso, creciente? Por cierto, las cuentas estarían claras (si, como dudo, fuesen aportadas, porque aquí todo es regalado salvo para el otro). Y sueño con una iniciativa de gran política, no de toda esta politiquería actual, una política pluralista, abierta, dialogante, honesta, incluso tácita, amiga en la diversidad, revolucionaria en los valores republicanos y éticos, eficiente, estudiosa, justa, democrática, ¿algo así, quizás, como un Partido de le Creatividad?… donde la Incertidumbre sería un dulce factor de progreso y de más fraternidad, como ya lo he explicado mil veces. Pues bien, en aras de ese ideal humano y nacional necesitamos ayudarnos. ¿No se confía en esta esperanza? ¿Cree alguien que yo estoy tratando de hacerme otro Rey Midas al insistir en esto? ¿Todos lo creen? Bueno, otra “oportunidad perdida”, entonces. Aquí debemos cambiar. Nada me importa a mí la plata. Tengo en lo personal lo suficiente para vivir tranquilo, sin una coima, y el personal político lo sabe. Pero no tengo para que saquemos adelante la gran empresa nacional que he tratado de plantear. Ese pequeño esfuerzo sería nuestro, y yo también haría el mío, monetario, como sin duda la Administración, encargándose ella además de una contabilidad intachable y clara. Saquen Uds. pues las conclusiones que a su juicio correspondan. Tengo la convicción que se me cree, pues yo mismo creo en lo que planteo y que seguiré planteando.

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Quedé hasta hoy consternado. La niñita se suicidó, sin ninguna razón “objetiva”: familia católica de clase alta adinerada, numerosa, educación del mejor nivel (?), amistades, viajes, placeres, regalos, elogios… Conozco al padre, de mi edad. Es una figura pública, cuyo nombre omito, por un mínimo de exigible respeto. Él no ha dado signos de haber sido herido. Continúa su poco interesante rutina como si nada hubiese ocurrido. ¿La procesión va por dentro? No. En una situación tan extrema como ésta, el duelo no puede dejar de notarse. Para suprimirlo de manera eficiente, es necesario erradicar de sí todo sentimiento de culpabilidad, lo cual se logra asignando la culpa a la hija: arrebato de locura, morbilidad cerebral en crisis puntual, etc. La buena conciencia propia es tan manipulable que -en aras de mantenerla inmaculada- ella es capaz de rendir perfectamente inconsciente el hecho haber urdido su inocencia, tornándola real y objetiva no sólo para sí sino también -“last but not least”- para el entorno familiar y social: incluso para mí. Así, la responsabilidad por cierto lamentable del acto recae únicamente en la niña. Tal es la verdad histórica. Y la vida sigue su curso, serena, para el “bien” de todos.

Las estadísticas mundiales del suicidio lo minimizan, porque su visibilidad avergüenza y acusa, más aún tratándose de jóvenes y, peor, de niños y niñas, sin embargo en comprobado y dramático aumento, sobre todo, “curiosamente”, entre estas últimas. Sobre las causas, múltiples, de tal proceso ya bien implantado y a mi juicio irreversible sin una improbable revolución espiritual de la vida humana, se hacen listas redundantes que no aportan nada, salvo breves catecismos de la obviedad, cuya “virtud” tranquilizante permite ignorar con pusilanimidad el problema. Esos catecismos, esas listas y esas causan pueden ser sintetizados así: se suicida quien ve en la vida tal cual es y en las perspectivas tales cuales se le presentan una pura mierda donde dominan la mentira, el tedio, la desesperanza y el odio; y donde ni siquiera la “Buena Nueva” de Jesús valió la pena (“el infierno está aquí”, según -reitero- Juan Pablo II). De modo que: “Chao”. Y punto.

Estudiando hoy este tema, hallé que entre las numerosas causas del suicidio infantil y adolescente figura el deseo de castigar al “mundo” (cualquiera sea la forma que éste asuma), llevadero a darse la muerte. Pero ya he dicho que de este castigo cualquiera persona puede cómodamente huir. Después pensé que el próximo suicida está capacitado para imaginar la irrelevancia de su castigo y que la indiferencia de este modo prevista es el verdadero y último empujón que él recibe para lanzarse aquí y ahora al vacío: “si incluso los seres a pesar de todo por mí queridos viven como insignificante mi muerte, con mayor viven así mi vida, por tanto…” (cf., en este sitio, el espacio que habla de Poulantzas matándose en París).

Tengo la impresión no analizada que tal interpretación mía podría ser válida, “mutatis mutandis”, para las otras causas de suicidio. En todas ellas, aun “clínicas”, al sentimiento que la vida es una mierda seguiría la convicción de ser alguien despreciable.

Es en los países desarrollados donde más gente se suicida. Inquietante, ¿no?

La primera frase de un texto ejerce una influencia directa sobre la segunda e indirecta sobre el resto. Como por ejemplo aquí mismo. En efecto, sin ella no estaría Ud. leyendo esta tercera frase ni las siguientes. ¿Cuáles serán? ¿De qué tratarán? Ud. al igual que yo lo ignoramos. La diferencia radica en que para mí el texto no está hecho sino haciéndose, lo cual me crea una sensación de nerviosismo y de duda. En circunstancias que para Ud. el conjunto aún inexistente ya está armado, es un todo manipulable. Así, Ud. puede ir de inmediato a la última frase, ver hacia dónde voy -cosa que yo no se-, leer en diagonal o no leer en absoluto, por haber ya comprendido que esto no presenta ningún interés y que carece de sentido; lo cual -temo- puede resultar verdadero. De allí mi duda aludida: ¿no constituye una falta de respeto hacia Ud. escribirle para no decir nada, sin proyecto alguno salvo seguir escribiendo que escribo como en este instante, a la espera de una pista que eventualmente surja en el desarrollo irresponsable e improvisado de la obra? Si así fuere, la duda se agrava por un sentimiento de culpabilidad que se ha insertado ya -y en verdad desde la primera frase- en mí. Pues no tengo el derecho de hacerle perder el tiempo en algo que, siendo para mí una búsqueda del texto mediante su realización, podría parecer a Ud. con razón una estúpida tomadura de pelo, disuasiva de leer otra vez algo mío y llevadera por natural reciprocidad a que para Ud. mi nombre y este sitio sean indignos de consideración y de respeto; cosa que me disgustaría en grado sumo, por haber yo cometido a sus ojos un acto hasta cierto punto moralmente reprobable y en consecuencia también para mí. Debo por tanto hallar con urgencia una justificación válida para que la lectura de esto le signifique ojalá un aporte o por lo menos algo atractivo. Pero estoy con la cabeza vacía. De allí el nerviosismo antes mencionado. Duda, culpabilidad, nerviosismo: tales son así las bases psicológicas sobre las cuales se va fundando el nacimiento de la presente palabrería, evocativa de un normal discurso político. La única circunstancia atenuante que yo puedo indicar sin mentir es de carácter profesional: a fin que “Amaneciente Incertidumbre” se mantenga en vida, yo DEBO escribir. ¿Sobre qué? Ya se ha visto, los temas son diversos y su tratamiento ha sido de calidad variable. A pesar de esto, la cantidad de visitas aquí recibidas es enorme, sorprendente y demostrativa de la virtuosa paciencia bien chilena que tienen mis lectores, como desde luego Ud. Y ahora sí miento: es precisamente sobre tal virtud teologal que quería referirme al iniciar estas líneas.

El ejercicio práctico ya está hecho: Ud. ha leído pacientemente lo anterior (si no fuera así, no estaría en este paréntesis, donde como ve está, por su propia voluntad), que no dice estrictamente nada, salvo lo que dice; y sigue haciéndolo, mientras yo sonrío y Ud. -espero- también. Para mí es un placer que la gente se burle de mí, pues me considero ridículo y digno de burla, es decir, comprendido. Pero la virtud nacional de la paciencia -que presenta excepciones- es ambigua. Aceptamos lo que venga: colas, burocracia, pobreza, inseguridad, bocinazos, atropellos, farándulas, publicidades, niños, comistrajos, etc., y tendemos a responder con la misma moneda, criticando a los demás que también somos, acordes en una frase, con suspiro: “estamos en Chile…” o, más original, “es Chile…”. Así, yo no me respeto, Ud. no se respeta, Ud. no me respeta, yo no respeto a Ud., etc. Tal cual lo prueba la complicidad entre Ud. y yo en este texto.

La paciencia degenera de este modo en irrespetuosidad e incluso en indignidad. Y ni siquiera se ahora cómo titular esta sarta de pavadas. Ayúdeme. ¿“La Literatura”? No. Plagiaré a Lacan, para dar una impresión inicial de intelectualidad a lo anterior, pero sin decir hasta ahora que la palabra es de Lacan.

¿No cree Ud. que la inmensa mayoría de los textos se hace como éste de hoy? Yo creo que sí, sólo que no se lo dice. Es lo que Buñuel llamó: “El fantasma de la libertad”. O Georges Lavau: “La verbo-locomoción”. Ausencia relativa de memoria en el texto: palabras traen palabras. ¿Sin interés? A estas alturas, da lo mismo, veremos las consecuencias: THE END. Avergonzado, no releo. Otra vez miento: releí. Y envío.

Fue el slogan del MAPU-Garretón en la campaña parlamentaria de marzo 1973. Lo de “mío” está de más. La tripleta pro-golpista comandada por Garretón (“emprendedor” hoy exitoso, qué vergüenza), Altamirano (ocioso en la mentira) y Enríquez (asesinado por la DINA) sólo tenía razón en la primera parte de la frase: “éste es un gobierno de mierda”; como dice aún, refiriéndose a la UP, el compañero Hermógenes, concertacionista principal por aparente paradoja en la actualidad (ya lo expliqué en A.I., porque El Innombrable censura con entera libertad).

Hacia agosto de 1973, Allende llamó a Fernando Castillo Velasco, arquitecto, DC, rector de la UC, ofreciéndole, para “abrirse”, el Ministerio de la Vivienda. El rector consultó por orden alfabético a Brunner, a este Montes, yo, y a Viera Gallo. Le dijimos que no aceptase; que el cargo era insignificante dada la crisis general en el país; que al día siguiente la prensa de El Innombrable “demostraría” que él era un marxista más infiltrado en la DC; y que propusiera a la UP el ingreso a numerosos ministros fundamentales de la DC (Hacienda, Agricultura, etc.). Castillo habló con el PC: OK. Con el PR: OK. Con el MAPU-OC: OK. No con el otro MAPU ni con el MIR. Pero sí con el PS del “revolucionario” Altamirano; respuesta: “OK, de todos modos da igual, será un fracaso, Chile necesita un golpe ‘gorila’ como tránsito a la revolución”.

Fuerte con estas respuestas, Castillo se las comunicó a Allende, quien dijo: “Es lo que yo debería hacer. Pero es lo que no haré. Porque, si lo hago, el PS se me divide”.

Yo, asesor por entonces del guatón Flores, pensé de Allende: “qué imbécil”. Y no se me verá en esos homenajes hipócritas que se rinden a su memoria anualmente en el cementerio, puño en alto, canturreando “La Internacional”.

Y tiempo después del golpe “gorila” el PS se dividió a cuchillazos… Hasta transformarse en la jugosa empresa que es ahora, como el conjunto de la Concertation Inc. ¡Bien hecho! ¿Bardon no pide acaso privatización? ¡Por favor: incluso el Estado está privatizado, Alvarito!

Pero nada tengo que decir por ahora en contra de la actual Presidenta, sino más bien -como lo he hecho- a favor suyo. ¿Y quién, de corazón, no?

P.S.: Envié lo anterior a nuestra Administración pero como es día domingo ella debe estar con toda razón descansando, de modo que por ahora, un poco al lote, lo pongo aquí, esperando que luego sea colocado como espacio en particular: ya es momento de ir contando no a la Hermógenes ciertos asuntos que pasaron durante la UP. Escribí en 1982 un libro en París donde narro lo aquí dicho, pero sólo de memoria y no palabra a palabra. Ese libro fue leído por mi querido Fernando Castillo, más loco que yo. Ninguna objeción suya hubo sobre los hechos relatados.

Este tema ha sido evocado varias veces en A.I. Le dedico pues un espacio especial para que se abra otra conversación. No se si lo haré bien. Después de todo (Marx, Simmel), yo escribo la siguiente frase sobre qué ES el DINERO, agilización del trueque, de manera breve (ni tanto, temo), sencilla, compleja, veraz, para el bronce:

“EL DINERO ES LA SIMULACIÓN AÚN TOLERABLE DE UNA ESTABLECIDA Y DESIGUAL CONFIANZA SOCIAL, DONDE MEDIANTE LA PALABRA EMPAPELADA O NO EL COMPRADOR VENDE SU DEMANDA Y EL VENDEDOR COMPRA SU OFERTA, POR CAMBALACHES CUYO VALOR HISTÓRICO ELLOS IGNORAN, PORQUE AHORA SÓLO LES INTERESA A UNO UN MARISCAL DEL ‘MERCADO CENTRAL’ Y AL OTRO EN CAMBIO SER MÁS RICO QUE EL PAPA, VENDIÉNDOLE EL MARISCAL”.

Simplifico, porque soy TAN complicado: el dinero es simulación de confianza social.

– No comprendo, eres tan alambicado, dice mi mujer.

– ¿Qué hay de complicado en eso último?

– Palabra a palabra, nada. Pero, en conjunto, todo.

– Yo no trato de hacer nada complicado. Al contrario.

– Lo se. Te creo. Pero igual resulta incomprensible.

– Para mí también.

– Entonces, ¿para qué lo dices?

– Debemos asumir la sencillez de lo incomprensible.

– “El dinero es simulación de confianza social”, ¿eso?

– Sí.

– Ya. Come. El plato se te va a enfriar.

– Me acallas. Está rico. Tenías razón.

– Y después una siesta, ¿te parece?

El Administrador avisa que Arturo Montes deja de producir hasta mañana, fecha en la que se espera a su computador le haya aumentado la memoria. Hasta nuevo aviso, el sitio pertenece al pueblo todo.

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