El sueño inventaba. No ha habido ninguna Papesa en la historia del catolicismo. Pero existe un parecido extraordinario entre ella, soñada, y la ex presidenta de Chile con quien nunca he estado. Desperezado ya, fui a Google y ya más por convicción que por intuición busque una “Biografía de Michelle Bachelet”. Hay varias. Leí la primera, editada por “La Nación”, diario perteneciente al Estado, es decir más claramente al gobierno de turno. Al comienzo, conmovedora. Pronto, larga. CV. Mucho dato siempre favorable. Ningún signo de fragilidad personal. Nada sobre el amor o el desamor. Por allí se pasa muy rápidamente, es un salto. Figuran nombres de tres hijos con dos padres. Pecado mortal. A Michelle esto no importa. Periódicamente sostiene que es agnóstica. La información escrita como debe ser en tercera persona del singular –es biografía y no autobiografía- cae varias veces en el recurso flagrante y no por citas a la primera persona. Lapsus, mentirillas, entonces. Mentiras. Quien miente en lo pequeño miente en lo grande. Y ¿es pequeña esta reiteración de mentiras empezada por la primera palabra del título? No. Revela manipulación y narcisismo. Simula en el resto perfección. ¿O fue error de redacción cometido por el “biógrafo”(a)? ¡Las pinzas! Me desinteresa un poco el personaje. El final intenta ser épico en dos líneas. Me quedo con la Papesa. Echaré una mirada a la competencia en el mismo Google. No sin decir que voté por Bachelet y que guardo un concepto más bien favorable sobre su gobierno. Mejor que los otros (Aylwin es cuento aparte y lo peor fue Lagos). Y por cierto –ya se lo puede decir- que éste del engañoso plutócrata Piñera. Uf, la política… Estoy aburrido. Mejor no sigo. Pastelero a mis pasteles.