Es hilván para costura de novela si quieres callada.

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La vida empieza a concluir sin que se comprenda para qué ha sido.

Cruza el cielo un ser sin existencia que curioso observa el consuelo.

La humanidad cruje en la madera y en la piedra animales.

Ha confundido todo hasta ya no ser salvo en afiebradas pesadillas.

El contenido y la trama del paraíso son propiamente inconcebibles.

El rencor es tan grande que llega a olvidar su existencia.

La vida eterna termina en su pobre adjetivo de cinco letras.

Lo muerto vive en lo vivo pero no lo vivo en lo muerto.

“La Historia estos movimientos efímeros es decir nada”.

Esta oración carece por igual de nombre propio y de asterisco.

La adherencia de la contigüidad mutila toda compañía.

La niña busca al niño u hombre antes que el niño a la niña.

El sapo de los ríos tarda cuarenta años antes de morir.

La noción humana “esperanza de vida” es un contrasentido.

Diversas especies de bestias son eliminadas por doquier.

Tampoco se ve por estos lados una pretensión literaria.

El iris de los ojos muestra por saltos toda el alma.

El fenecimiento emerge en la evidencia del cansancio.

Más seres existen en los océanos que en la tierra.

El torturador mata por inocente conciencia profesional.

Las estrellas llueven a través de la nubosidad nocturna.

Ni siquiera aparecen por aquí pronombres personales.

La corteza anual del itinerario en la araucaria la viste.

Veinticuatro frases hacen exigible el vocablo final, Él.

(Hice y adquirí los costosos preparativos necesarios.

A mis 66 años correría la 6ª etapa en el tour de France.

Empecé quedando pronto en el último lugar.

Ya no divisaba a ningún ciclista adelante como guía.

Tampoco encontraba en el suelo las señales de rigor.

Yo pedaleaba por instinto sin público a campo traviesa.

Había decidido hacer esto por añadirme otro placer.

Estaba por completo extraviado en ese pasto ignoto.

Subía con dificultad y descendía según la gravedad.

La verdad es que no sentía ningún placer en esto.

El corazón bombeaba como el pulmón de un cerdo.

Consideré la posibilidad de detenerme y descansar.

No tuve ninguna conciencia de miedo en el crepúsculo.

Absolutamente todos los caminos conducen a lo romano.

Incluso como entonces cuando hay sólo arbustos.

¿Pero qué tenía que ver esa noche con la urbe papal?

No era el momento adecuado para plantearme preguntas.

De pronto caí dormido sobre la calidez del pastizal.

Alcancé a soñar que un helicóptero vendría a buscarme.

Luego la actividad onírica del cerebro cambió de giro.

66 años representaban el doble de los 33 en Jesucristo.

Había en el 6º sueño un parentesco con el número 666.

Era un dormir de completo deleite y sin miedo alguno.

Desde el abismo cantaba a lo altísimo el salmista.

Comenzaba a vislumbrar el día al despertar pajarero.

El spring final llevó al aria del podium en champagne.

El asesinato por adulterio había sido perdonado.

El problema con el champagne está en que es pegajoso.

El sonambulismo en equilibrio precipitado iba al cielo).

La ley mercantil trueca $ por $ especulativo.

Compatibles son rapuzar y aparrar.

Sabio genial y talentoso es más que más o menos.

El león librado por la rata la comió por roer la red.

Más me vale tigresa muerta que perra viva.

Papas con arroz son ofrecidas en el banquete celestial.

“J” es la décima letra del silabario e “y” la penúltima.

Es deseable que el alma de un ateo narre el paraíso.

Desconocida por ordenador es la sabiduría de la mosca.

Babel fue bautizado por su padre un francés ya adulto.

Toda pregunta lleva en sí su respuesta provisional.

Le inquirí si había sido rana y visto en ésta sólo instinto.

Comida recomendable es arroz cocido sin condimento.

Único pecado imperdonable es el que ataca al espíritu.

Ser agradecido por aliviar un sufrimiento da pena y alegría.

El rayo de luz que entra al vacío sale debilitado por éste.

El problema de la bebida sin alcohol está en que no embriaga.

No habría sinfonía que no fuese, sea y fuere inconclusa.