Cumplo. No soy yo la persona que escribe. El nombre antepuesto es sólo un pseudónimo de ya no recuerdo quién o de quiénes, si de alguien, pero no de mí. Nada ahora he releído. Pecado de soberbia es la relectura de un texto “mío” dirigido a “vosotros” o supuestamente “vuestro” encaminado a “mí”.

Comenzando el  Génesis de la Biblia están puestas en la boca de Yahvé hacia sus ángeles anteriores al primer día de la Creación, tras el pecado original, estas palabras: “He aquí que el hombre ha venido a ser como uno de nosotros, conocedor del bien y del mal” (Gn. 3.22). Más “tarde”, Jesús en el calvario exclamó por Lucas: “¡No saben lo que hacen!” (23.34). El problema principal, de haberlo, no residiría en la diferencia entre conocimiento y saber, más bien sinónimos, sino entre el pecado humano de llegar a conocer y la inocencia readquirida de no saber.

No hay contradicción en la eternidad. Pero no estamos en ésta.

La Biblia es mucha metáfora y parábola. Hace bien tomarla en parte bajo tales calidades; como por ejemplo en adormecerse o despertar; sí, en constante gerundio, en pleno sueño, en la plenitud diurna., al mediodía y a medianoche, en donde o cuando sea. No al pie de la letra. Difícil si no imposible resulta el esfuerzo por esclarecer la distinción que separa la primera de la segunda y que las une al mismo o a un diferente tiempo, iguales y desiguales. Por muy revelados que sean, los escritores de la Biblia se equivocan, ignoran, inventan, enseñan. “No te hagas demasiado el sabio, no sea que te pierdas” (Eclesiastés). Cómodo e idiota y a veces malvado resulta no formularse preguntas sin respuesta. Sufriente y estéril suele ser el camino contrario, a veces bondadoso. No resolveremos el misterio del bien y del mal, del saber y la ignorancia, del deseo y del vacío. Es una cuestión que no podemos resolver por nuestros propios medios. Y Dios -será por respeto a la libertad de su creación multicrística- parece sordomudo a nuestras más posibles oraciones. Parece. ¿Parece?

La muerte sería un proceso semejante al proceso de la vida. Tampoco hay aquí distinción radical. Un ser se prepara a la vía de la vida un poco como se prepara en la senda de la preconcepción a aquélla de la resurrección, si de haberlas las hay, como espero desde aquí y acá con la esperanza, la fe y el amor en tantas ocasiones omitidos o sorpresivamente reconocidos, casi irreconocibles como provenientes excepto salvoconducto dictatorial de nosotros.

Jesús lloró en algunas ocasiones. Mas no en la cruz.