La noche duele en la boca. El sueño no es inocente. Su contenido trae las trazas de mañana. El alumbramiento de la nubosidad matutina resulta retroactivo. Duele la boca en la prosecución de la noche durante el día. Los sueños portan luces que los despiertan inconsolables. Otra vez se vive. Otra vez. Cansa vivir. Descansa para la repetitiva fatiga matutina dormir. El tiempo se paraliza en su simulación. Nada le responde. Callan las golondrinas invernales. La bolsa de comercio pone números a la clasificación social. Nombres de ciudades son reiterados en la televisión. Nadie en realidad está. Sobre sí se yergue cayendo la tecnología de la omnipotencia humana. El pájaro de fuego dicta sus últimas seis notas. No hay nombres de hombres. La prostituta ora en su soledad. El ser ya carece de ser. Se desvanece el concepto de la tristeza. La música ha fallecido. Restan cadáveres sonrientes en su osamenta. La locura no existe. La vida eterna ha llegado a su fin. El credo era sombra en la caverna. En el principio era el verbo. Nada hay dentro de la nada. El fuego se ha apagado. No quedan agua, viento ni piedra. Las estaciones se igualan. El norte no tiene más sentido que el sur. El polen es ficción. Nada hubo.

Miente la Historia.

La noción de sentido no tiene sentido. Duele indolora la boca en el día. Caen los dientes amarillentos. Frío sienten desde los huesos por su interior los pies. Es un frío insensible. La mandíbula ha sido extraída por la intemporalidad. Cortada ha sido la lengua. El corazón muerde al pulmón izquierdo. El ave carroñera observa esperando su turno en la Historia que jamás existió. Una especie de extraña risa rodea todo este vacío de amor. Nada llora. Nada implora. Nada hay que busque nada. Simulacro sería la escoria de la existencia. La basura se revuelve en parodias de la fe. Su humo envenena incluso a la nada del infierno invernal. Los ángeles se precipitan según el dictamen de Hieronimus Bosch y de Brueghel el Viejo. La ortografía de los muertos no respeta regla alguna. Brujas queda en Chiloé. Es en todo tiempo y en todo lugar que toda la vida ha llegado a su fin, eterna, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de todas las siglas verbales, amén. El demonio habría demostrado a la divinidad. Duelen sus nocturnas fauces. El Nictálope merodea al Amor: “Me rodea”.

Verdadera es la Historia.