Esta página no existía. Luego sí existió, en blanco. Ahora, frases se desplazan por ella. ¿Qué dicen? Que se interrogan. ¿Sobre qué? Lo ignoran. Las alternativas son innumerables. Una de ellas, variante en el camino, ha de prevalecer sobre las otras, aunque en cierto modo por lo menos indirecto las contenga y reciba su influjo que modifica al sendero y a su obrero. También podría ocurrir que la página termine aquí mismo. Un nuevo vacío se abriría, llenado por Ud., si lo llena. Pero en el fondo toda sinfonía es inconclusa. A la presente página, aun completada, sigue potencialmente la próxima. Y, quién sabe, actualizada, plural, infinita, posterior incluso a su publicación eventual.

El obrero coge la pala y escribe: “Dios es”.

Observa el hueco hecho en el plantío. Un pájaro cruza el cielo. Hay nubes. Lloverá. Alguna gente observa. El riachuelo emite su sonido diagonal de agua en las piedras que brillan bajo la luz del día. Unos peces cruzan el cauce culminante tramo a tramo en el mar. Otras paladas son asestadas cortando vegetación.

“Si Dios es, está aquí”.

Una joven mujer se acerca y pregunta al forastero -quien siente serlo de todo lugar- “qué haces”. “No sé”. “Yo sí. Vas haciendo una senda que se detenga en un espacio donde construirías tu casa. Está prohibido. La tierra aquí ya tiene propietarios”. “Haré bien al sitio. Seré cultivador de cerezos. Ven conmigo”. “Vivo con mis padres y hermanos. Pero te acompañaré durante un rato”. “Amenaza llover”. “No importa. Eso sí, no me tocas”. Avancemos en silencio”.

“Dios está en nosotros”.

La construcción tranquila de la casa progresa. Se ve el lago. Hay conejos. Llega una perra vagabunda. La mujer tiene un hijo. Aparece el propietario, estatal, quien felicita a la pareja por la obra realizada. Le vende a crédito dos vacunos, seis gallinas y un gallo, más semillas de flores. La pareja agradece. La familia numerosa de la joven madre llega de visita. Se la ve contenta ante esta nueva situación.

“Está en nuestro hijo. Falta una hija. Somos felices”.

La página llena el vacío anterior con la materialidad espiritual de la vida. El padre, la madre, el hijo, la hija y el entorno están conscientes de la lejanía por el viento que trae humo ciudadano. La soledad es así para ellos comunitaria. Este paraje es idílico. No molesta la noción de la muerte. Vecinos construyen casas alrededor.

“Esto es ya más que una página”.