Mi lenocinio funciona perfectamente. Concebí un sistema rentable, sencillo, limpio, donde sólo son permitidos cinco clientes, uno por día de lunes a viernes. No tienen horario para ser servidos. Yo no aparezco en nada. Tengo una empleada bien remunerada que se ocupa del papeleo. Se paga sólo en efectivo. Cada cliente ha elegido a su niña sin cambio posible. El correspondiente quinteto de jóvenes son cultas, hermosas, honestas, etc. Ningún dinero circula entre ambas partes. 50% va para cada chica, esto es, $2 millones al mes. La otra mitad es para mí y en ¼ para la empleada intermediaria que ya mencioné. Yo guardo el derecho gratuito de estar íntimamente con una putita jamás menor de edad cuando yo quiera, haciendo esto compatible con la organización eficiente del hogar. Ningún nombre figura en la empresa. Relaciones de simpatía son indispensables. Si se ha comprendido bien, en el lugar -elegante- nunca habrá más de tres personas. Pues cuando me halle allí yo, sábado o domingo, ningún cliente habrá. Y en realidad seremos sólo dos, porque la empleada descansa durante el fin de semana. La atención además es diurna, de 9 a 21, y no nocturna.

Habrá música únicamente clásica, excluidos Wagner, Bruckner, Berg o polifonías por lo general pomposas e insoportables de ese tipo. Ninguna droga propiamente tal será permitida. La decoración del departamento -no casa- es agradable para cualquier hombre de clase alta. Yo mediante un amigo elegiré a los candidatos. Como asimismo previamente a las beneficiarias de su absoluta generosidad corporal. Serán jóvenes delgadas y de preferencia rubias, como las querría yo. Su confianza al respecto depende ya de Ud. Sobre mí ya se sabe lo suficiente en este sitio de Internet. El cliente ha de ser preferentemente maduro, de buen aspecto y en ningún caso obeso. Un certificado médico de sanidad genital será exigible pues este lugar funciona sin la incomodidad del condón. El recurso a la sodomía está prohibido. No así la fellatio. Pero sin violencia. Hay personal para disuadirla.

Conviene que el vecindario no se entere de esta empresa. La discreción, la sobriedad, son por tanto exigibles, incluso por cierto en las mujeres. Ello no excluye la deferencia ni la pulcra elegancia. He evitado el recurso aquí a artificios propios de Las Vegas, como baños turcos o aromas sofocantes.

Las cinco mujeres elegidas lo serán por razones obvias pero también por otras menos evidentes, del tipo lenguaje.

Si en este texto falta información, que me sea pedida. Es la primera vez que propongo la instalación de un burdel además correcto. La iniciativa más que vergüenza me proporciona entre esperanza monetaria, risa y, sobre todo, comunicación.

Mis datos personales figuran varias veces en este sitio. No temáis. La cultura forma parte del cuerpo. El contacto de la carne con la carne es una reiteración. Todo el asunto está en quererse de mirada ensoñada por un distributivo dinero durante un maravilloso día. La caída en amor no se halla interdicta. Sin que mi proposición represente un anhelo de sacerdocio en humilde congregación. No. La directriz moral es el dinero y el placer asegurados.

P.S. Instalada está ya y en buen funcionamiento una casa de putos para señoras necesitadas. Ayúdanos, Señor.