Reapareció sola la cosa del I. Pero mano de víbora culebrea por aquí. Y a mí qué. Sigo, pues. Íbamos si no me equivoco en que si Blaise Pascal no está santificado es por lo menos a causa de su apuesta, en francés “pari”. Pero interrumpo de nuevo a las 20:56 pm para “revisar” -como dicen los cultos periodistas- las noticias, no dadas sino revisadas. Hasta un rato. Agradezco vuestros comentarios numerosos y tan estimulantes. “Nothing is too good to be true”, cristiana.

Pasó el rato. Antes de tiempo por aburrimiento. La negativa vaticana a la canonización de Blaise sería esta vez justa. Pues “le pari pascalien”  sus “Pensées” no representa nada más que un mercantilismo lógico entrometido en lo teológico, por tanto algo inaceptable como es lógico para la sacrosanta ética curial. Esa apuesta consiste simplemente aunque sea compleja en que si Ud. no cree en Dios mas éste existe, pierde y mucho por no decir todo, en circunstancias que sín existir Él Ud. le da su fe, nada pierde. Por lo cual conviene creer.

El ciego soy yo. Mi nieta se limita a transcribir estas palabras. La memoria ve por figuración. ¡Cuánta fragilidad representa no obstante en la Historia de la Humanidad un papiro además computarizado! En la noche oscura donde nada veo que es mi existencia he aprendido no obstante a leer y escribir por desgracia del alma susceptible a significados como el mar, el peligro, la rosa, el lenguaje, la chimenea, la música, la lejanía, la guerra, la biblioteca, la ciencia, la pobreza, el cementerio, el firmamento, la lástima, el beso, “por ti Cristo creo en Dios” según Pascal, Pedro lloró amargamente tras el tercer canto del gallo o los nombres falsificados como el mío: Tomás el Mellizo.

El hecho es que gracias a mi nieta Gratia así leo y escribo de alma a alma y a ama como cualquiera persona anormal. Leo y escribo el mar como Ud. lo ve según le consta, ¿ve? Ya no necesito meter el dedo en ninguna llaga. La sola idea de hacerlo me asquea como el rojo de la carne cruda y abierta. Te veo, Gratia, desde el principio que era el Verbo restringente de Pascal a un ramplón ruletero celestial. Nadie respeta ahora las prohibiciones. No busque Ud. un IV. Con III socialmente basta y sobra.