Mapuche o goda,

con o sin boda,

por nada la enloda

ni menos la poda

ofrecerle  cual moda

una apetitosa soda

acompañando a toda

una dorada “roda”

que significa entre otras acepciones un delicioso “pez luna”

sin olvidar de nuestro poético satélite su juego con la duna

siempre una

jamás huna

(desde la cuna

comiendo tuna)

ni si se apuna

en la Puna.

¡Y me largo!

Sé bondadosa, verdadera y bella como tú

Bondadosa como alguien que osa

Pues predecible sería decir diosa

Verdadera cual enredadera

Muy obvio estaría poner pera

Y bella como una estrella

Rebuscado sería encontrar a ella.

Pero mejor todo eso que lo contrario:

Malvada, mentirosa y fea.

Aunque haya bien que por mal venga.

Verdad que por mentira aparezca.

Y hermosura aun en una tonsura.

La libertad se abre camino ahora.

Dentro de ciertos límites por cierto.

Morales, intelectuales y estéticos.

Un cura no va a abusar de un niño durante el oficio.

Un físico no dirá que el vacío está lleno de nada.

Ni un Mr. World se disfrazará de Eduardo Frei.

Hay no obstante otros valores superiores.

Introducidos esta vez por Cristo y no por Platón.

Explicados y aun jerarquizados por Pablo de Tarso.

Son como Ud. sabe yendo de menor a mayor

la fe, la esperanza y la caridad.

Sobre los cuales no me explayaré por simple lata

Además compartida con Ud.

Porque el tema ya ha sido muy tratado en este sitio.

Y porque estoy dejando de lado el tema central:

Las mujeres hechas Usted.

Y Ud. hecha las mujeres.

¡Qué cruce! ¡Qué complicación! Veamos.

Fuera como dije de continuar siendo Ud. Ud., Ud. debe en mi concepto añadir a ese trinitario atributo otros más, cuya gramática varía. Sea gaviota, sea estar durmiendo, esté simulando escuchar al marido o pareja salvo cuando se trata de plata o de “la otra” y en este último caso saque de inmediato las garras que la paciencia y Dios le dieron, hágase una mesada clandestina que si sorprendida era “para la Navidad…”, constituya en “¡negar, negar, negar!” su máxima absoluta pero obviamente sólo interior para cuando le convenga (por ejemplo si el enemigo oficial u oficioso la ha pillado comiendo chicle), en lo posible para que haya paz familiar no hable ni menos vaya a hacerlo de calzones, de facturas, de la empleada, de los niños, de las notas colegiales, de la profesora de inglés, de su yoga, en resumen de nada relacionado con la vida real. Pero si es del caso como habiendo visitas hable algo, poco. Y deje hablar a su medio pollo sobre las cosas abstractas de siempre: la excelencia, la calidad total, el “know how”, la taza de interés, los términos de intercambio, la competitividad, la cacha de la espada.

¿Y por qué no se separan, puesto que nada práctico los une, salvo esas aburridísimas vacaciones en Caburga? Ay, qué lata. Pura foto. Cama pura. Menos mal. Los niños… un amor: otra lata. Pero no puedo irme. Quedaría la escoba. No puedo engordar, no puedo tomar, no mostrar las piernas, no pederme, no esto, no lo de más allá, pero “te amo”, “es el amor de mi vida”, ahora te ha dado por ir a misa, chancho en misa, y comulgas, hipócrita, No puedo separarme, el negocio es hasta que la muerte nos separe, pronto.

Digamos ahora algunas pavadas para arreglar la cosa en parte al menos si se puede. Sin la mujer el mundo no sería lo que es. Sin la mujer habría que inventarla. El mundo sería distinto si tú no estás junto a mí (o algo así). I love you, I love you, I need you, Cecily. La vie en rose. Sans le latin la messe nous emmerde. Gold bless America. Quand je serai riche. Saldré a comprar. ¿Después jugamos a algo, Canasta por ejemplo?, ya, tú, dale siempre con el Metrópoli y últimamente con El Tablero Chino. Ya chao. ¿Vamos niños?