Escribimos en singular porque leo en plural y en plural leo porque escribimos en singular. Aunque también nos vaya siendo imprescindible escrbirnos en plural, leer en singular, leer en plural y escribirnos en plural. Todo junto aunque variablemente repetitivo a la vez; como incluso el tema mismo tan propicio a Sartre del “universal singular” y del “singular universal”. O, anterior, llamado clásico, de la deducción y la inducción (tan discutida por Popper).
Son cruces hechas rosas de los vientos. Algo así como, no sin un defecto tecnológico:
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Rocas de los vientos en los rizos de los tiempos.
¿Qué de más he de hacer, más que de hijos, libros, árboles? Miro alrededor, incluso sin queja y de qué hacer más nada encuentro. Dios mismo me hrabría huído como a la oración zumbada de una mosca.
– Baja autoestima.
– ¿Eres además psicoanalista, periodista?
– ¡No sé qué hacer, nada señalas!
– Así sucede con el paso del tiempo, hasta que éste va cediendo y poco a poco pero con rapiez ya no sucede más. Aun los hijos se van.
– Sin que poco a poco mas con rapidez su partida sea notada. ¿Y qué pasa con ser viudo de una mujer viva que te ha robado todo?
– Nada.
– ¿Ni tristeza?
– Ni tristeza.
– Ésa la carga ella con digno disimulo.
– Las mujeres mienten.
– Es su defensa.
– Cómete su huevo, el huevo total- Y yo sólo pidiendo a Dios que nada me sea indiferente…
– ¿Y quién te ha dicho que soy Dios? Cada Dios tiene a su Dios. Yo no el tuyo. Ni tú mi siervo.
– Andas puro hueveando. Te estás poniendo gracioso, Dios mío.
– ¡Repite una sola vez más eso último y haré que un rayo te parta la cabeza!
– Ay qué susto Dios mío.
– Observa.
– Observo.
– No me resultó. Mi infinita misericordia doblega a mi omnipotencia.
– No creo ni lo que rezas.
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(Diálogo interrumpido sin ser releído por Dios).