E. – Aló.
– Aló. Estaba a punto de llamarte.
– Juntémonos sin testigos llevando cada uno su grabadora.
– Ya sabes dónde. Trae eso.
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S. – Si no haces lo que te digo divulgaré ese manuscrito de tu padre guardado en mi bóveda.
– Y yo el tuyo.
– Para no cagarnos recíprocamente debemos pactar.
– Doble documento privado de desistimiento escrito a mano y firmado en cada hoja, donde se precisa la invalidez de cualquiera copia.
– Parece lo menos inadecuado… No hay sistema perfecto.
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Hay entrega simultánea de los textos revisados y luego, al mismo tiempo, quemados, sin que quede rastro de ellos. Pero copias sí en lugares seguros. Incluso cada documento incinerado era inauténtico: suerte de protección mutua como fruto de la desconfianza adivinada o, si se prefiere, de la prudencia.
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– Qué pides.
– El Ministerio del Interior por dos años.
– Qué más.
– La candidatura de la Evelyn para 2010.
– ¡Su triunfo destruirá a tu Partido!
– Piensa en Chile.
– No está mal la idea. ¿Y al frente quién?
– Da lo mismo, si haces un gobierno bueno, firme, honesto.
– Tus dos años restantes serán en Cancún.
– Sí. O en Santa Cruz. Con vigía acá.
– ¿Y por qué “la huevona”?
– Sabes que de eso nada tiene y comprendes por qué: se va su rencor y en 2018 vuelve la Concertación.
– ¿Para que pierda Velasco, como dijo Arturo?
– Lo hizo para despistar.
– Peligroso el tipo.
– La política es demasiado previsible, por eso aburre, salvo debido a los billetes.
– Sin los cuales no habría democracia.
– Chócala.
– ¿Y qué va a ser de mí después de haber entronizado a la Evelyn?
– Salirte de la política como Santo del Hogar de Cristo. Como yo ahora después de haberte colocado allí, Mr. President.
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– Trato hecho.
– Basta por hoy.
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