Qué presuntuoso, titular un texto así. Sí. El monólogo es diálogo. No hay comunicación sin poliglotía. El neologismo sin abuso representa un valor. La especificación de Dios como universo se estrecha hasta una conversación de Adán y Eva ya fuera del Paraíso. Dudan sobre sus palabras. Se hallan sobre la tierra haciendo abstracción de ésta. La naturaleza se les extingue en su principio del Verbo.

 

–         Apúrate.

–         No.

 

¿Quién dijo qué? No importa. Pero sí interesa imaginarlo. Pues bien, imagínelo.

 

–         Siempre cambias de tema.

–         Todo va unido, es sólo que no comprendes.

–         ¡Insolente!

–         ¿En qué exactamente?, dime las palabras.

–         ¿Tú comprendes, acaso?

–         No.

–         Entonces no comprendes si yo comprendo o no.

–         Tienes razón.

–         De nada tu juicio vale.

–         Tienes razón. El tuyo sí.

–         De nada tu juicio vale.

–         Tienes razón.

–         Ándate a la mierda.

–         ¿Cómo ir donde ya estoy junto a ti?

–         Acércate, siento frío.

–         Das órdenes para experimentar la desobediencia.

–         Sólo quiero un poco de amor.

–         Ficticio.

–         Sí.

 

Los roles se confunden. La inminencia está quebrada. Manuel llega a ignorar que es Josefina. La pluralidad singularizada de la muchedumbre establece una convención simple sobre la temporalidad dirigida en la provincia subsolar por el caserío londinense. La Santísima Trinidad toma forma continente de ayer, hoy y mañana. La tabla de tres es el retablo de la inspiración matemática. 3×3=9, 3×9=27. Surgen cábalas de serio divertimiento. Un hijo o quizás sería hija muere. La guerra espaciada prosigue. No se sufre al fenecer. Aparece en el sureste de la pantalla: “su sistema puede estar en peligro”. Qué le importa eso: nada. Kim Il Sung y Margaret Tatcher cierran los ojos junto a una joven amazónica por el horror de la ortografía. Los nombres en su variabilidad se descalifican. Ya no hay jerarquías en el culo de los reinos. Agazapado observa el ser de la humildad. Caen las ciudades.

 

–         ¿Me hablaste de amor?

–         Ya no recuerdo, ¿qué es eso?

–         El amor es una emoción de infinitud imperfecta donde se hallan las tres virtudes paulinas.

–         Puta que jodes a la lectoría, por qué no dices más simplemente fe, esperanza y caridad.

–         Porque no se me da en las huevas.

–         ¿Aludes a tus tetas o a tus nalgas?

–         .

–         ..

–         Para qué mierda vivimos.

–         ¿Vivimos?

–         Come.

–         La vida es avanzar en la añoranza.

–         El arte de la música se subordina sólo a la escritura.

–         Yo no sé.

–         “La mer efface les pas des amants oubliés”.

–         No me toques.

–         Si quiero, puedo y debo, te toco.

–         Sería ilegal.

–         Es decir libre.

–         La libertad se reduce a poco: sí o no.

–         Olvidas ni sí ni no.

–         Gracias.

–         Lo dije para el público.

–         Indecente.

–         La libertad está hecha para progresar cívicamente en la bondad.

–         La ebriedad no te favorece.

–         ;

–         Estoy feliz.

–         Se nota.

–         Observo el universo en los párpados cerrados que los ojos miran durmiendo.

–         Tengo ganas de cagar.

–         Pásame el espejo, por favor.

–         Toma.

–         Gracias. ¿Leíste a

–         Keith?

–         ¿Cómo adivinaste?

–         Eres yo en extrañeza inclusiva de mí.

–         No entraré de nuevo en discusiones filosóficas.

–         Albañiles somos.

–         Mira la tarde.

–         Es hora de partir.

–         Dame un beso por favor.

–         Soy libre.

–         Maldición de Dios.

–         Demonio en dios.

–         En la diosa.

–         Sí. La estatua de la

–         que te dije.

–         Otro beso.

–         Me duele.

–         Qué rico.