El amor, el verdadero amor (?), duele, ¿o no? Es una emoción tendiente a más allá incluso que la universalidad pero al mismísimo tiempo diminuta en lo más íntimo de la intimidad correspondiente quizás a mí como infinitesimal hormiga del firmamento; o a Ud., no sé, supongo por fraternidad que sí. Somos seres extraños a nosotros mismos en cada uno como conjunto indiscernible. Edades, sexos, convicciones, poderes, deseos, deberes, crímenes, se cruzan y encuentran, ¿no? La maravillosa virtud potencial de la humildad se nos transforma así en una especie de mentira interior y exteriorizada, ¿o no? Desde luego, el amor no es el amor sino los amores que reunidos vendrían a ser algo como el amor luego en dispersión otra vez, como una emoción donde se juntan por contradicción ajena a uno bondad y dolor. Yo no soy profeta ni siquiera en tierra ajena. Mis palabras sufren al igual que las tuyas, amor, amor perdido, amor sin embargo, por darme el sentimiento de no valer nada y de ser radical mentira, que odio, cual postulado de mi ser. No me creo. El demonio es tan fuerte en mí que ni siquiera llego a creer que no me crea al decir que no me creo, pues siento de día a noche y de noche a día que soy exagerado, presuntuoso, insolente, cruel y bueno -para ser modesto- casi nada. He sido tildado de virtudes por gentes que no cumplen, son mis jueces, y yo recíprocamente el suyo. Yo sólo cumplo para el espectáculo que ya nadie mira. Hablo de árboles o flores que me dan lo mismo si no fuese porque como tomates. Parecería que el ser humano y no sólo humano, no sé, está condenado a la avidez de la avidez en la avidez. La vida consiste en comer. A cada especie correspondería su propia moneda para esto. Así, una paloma -lo escribí por ahí pero qué importa qué escriba yo, nada- defeca sobre mi cabeza, una ballena que va llena devora al ave y todo es de este modo un juego de palabras incomprensibles en su comprensibilidad. Entiendo a los cipreses como las moscas a mí. El lenguaje de las piedras resuena en el cerebro lúcido de un delfín. Las estrellas se insultan en su poesía mortífera que todavía hace sobrevivir a la vida de mierda divina donde estamos. Renacerán desde lagartijas los extinguidos dinosaurios. Ya es llamado Big Bang a Dios. O a Satanás Hoyo Negro, no sin un dejo de racismo. La ciencia se cree científica. Y los profesores de Chile cada vez más ricos hacen huelgas exigiendo cada vez más. Será por vocación, pues. Aprendida gracias al “sueldo de Chile” y a otras innovaciones que de “commodities” nada tienen como se ve sobre una cereza chilena en París. ¡Inventemos un volantín! A veces da lástima este maravilloso e injusto país. La gente rica se muere de la risa pero se muere igual sin ninguna risa, y al contrario. La pobreza digna es otra historia menos infeliz. Profesores: ¡a la huelga se ha dicho! Esos ignorantes son otro paradigma de la humanidad…. “valga la redundancia”: mierda.