He caído en enamoramiento. Sí, estoy enamorado. Despierto en la noche porque aquí adentro se halla ella. El corazón me trae como se ve a las letras. Yo le enseñaría a leer en el magma celestial. Ella feliz con su sabiduría precoz me haría. Habría entre ambos junto al chico paz. Hermoso el chico. Se siente amado ya acá desde lo Alto. Será un científico humilde. El parto fue dulce. Ella me quiere mas no me ama debido a la temporalidad que “no me importa”, creyó una vez.

Es una mujer extrañamente joven. Tiene en efecto una madurez prematura. Es virgen sin serlo ya. Tiene una hermosura anaranjada con resabio de azahares en el aroma. Su cultura le llegó naturalmente. Entre los animales “irracionales” adora al caballo, a la vaca, la gaviota, no así por enseñanza a la rata, al buitre, al hombre. Fuma y bebe. Cree que cree en Dios. Suele sufrir por cuestiones relativas a sus padres aún vivientes. Yo la acaricio hasta que se adormezca pronto.

Nos somos fieles por placer. Hacemos el amor sin que ella casi repare en ello aunque en la belleza de la nocturnidad que los evangelios curiosamente rechazan gima de gozo. Ama a todo. Es libre. Pasea en el lecho. No advierte que este texto se presenta con párrafos de seis líneas bien simétricas. Camina a mi lado cogida de la mano. Para pasar de querer a amarme pone un beso sobre mí. Yo le sonrío. Ya acostados bajo la sombra fragante de los eucaliptos. Volvemos a casa.

Pues empieza a llover. La protejo. No tenemos problemas de dinero. El pasado en cuanto tal no existe. Me dice que “sí, sí, te amo”. Calma es la felicidad. Llegamos. El niño duerme cuidado por una abuela cuya vocación es ésta. La viudez la ha tranquilizado sin desamor aunque todavía extrañada por el referido problema -según ella- de la temporalidad. No lo dice. Se le nota. Así lo dice: notándoselo. Le ofrezco un té. Mi esposa acaricia al crío en sus brazos. Él me observa.

Transcurren años. Ella nada en la piscina. Yo no. Leo y la amo desde la terraza. El estudiante estudia poco. La hija menor come nísperos y mira los cuescos que le parecen huevos de codorniz en madera barnizada. En la calle se me felicita sin sorna por la hija y los nietos. Agradezco diciendo que son nieta y bisnietos. Agrada mentir cuando no hiere. Mi mujer avanza seria. Ella se casaría otra vez, después. La herencia será pobre pero honrada. Sin dificultades. Tropiezo. Caigo.