Es hoy. Día de la fiesta patria en Chile, país donde nací y donde moriré después de tan densamente vivir . Poco me importa la fecha. No salgo. Os escribo.

El evangelio de Lucas correspondiente a esta hora habla de siete demonios que habitaban el alma de María Magdalena antes que conociese a Jesús. Pero no dice qué eran. ¿Qué eran? No sé. Sólo puedo quizás inventar no sin riesgo de equivocarme. Una imagen popular relativamente universalizada representa a ella como prostituta convertida y como amante si no más francamente concubina de Cristo. No discuto ni asumo esa imagen. “Siete”: ¿pecados capitales? No. Debe haber sido algo menos clásico.

1.- Tenía conciencia de su belleza y del rechazo que esa conciencia provocaba en el entorno social que hasta hoy considera soberbia la objetividad del ser sobre sí mismo.

2.- Tal rechazo ya ciudadano la aislaba hasta transformar su sensibilidad, por tristeza, en agresividad no de hecho ni de palabra sino de mirada.

3.- María Magdalena tenía el cuerpo azul.

4.- Ella conocía dolorosamente el sentido incomunicable de la temporalidad.

5.- Sabía odiar la vida a pesar de amarla en una amplitud hecha sonrisa correspondida hacia los niños.

6.- No lloraba. Y

7.- Soñaba incluso despierta.

El encuentro con Jesús le pacificó el alma sacándole esos siete demonios de la dulce avidez desdeñosa aun del poder, de la riqueza y del deseo. Jesús le borró todo instinto de desprecio. Ella entonces se redescubrió. Sin cambio aparente era otra. Andaba en la plenitud íntima de sí misma cubierta por la felicidad. No por ello danzaba.

¿ Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna. Jn 6, 68

viernes 18 Septiembre 2009

Viernes de la Vigésimocuarta semana del Tiempo Ordinario


Hoy la Iglesia celebra : San José Cupertino

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Juan Pablo II: «Lo acompañaban los Doce y algunas mujeres»

Evangelio según San Lucas 8,1-3.

Después, Jesús recorría las ciudades y los pueblos, predicando y anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce y también algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, esposa de Cusa, intendente de Herodes, Susana y muchas otras, que los ayudaban con sus bienes.

Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.

Leer el comentario del Evangelio por :

Juan Pablo II
Mulieris Dignitatem, § 16

«Lo acompañaban los Doce y algunas mujeres»

Desde el comienzo de la misión de Cristo, la mujer muestra, con relación a él y a todo su misterio, una particular sensibilidad que corresponde a una de las características de su feminidad. Además conviene señalar que esta verdad se confirma de manera particular en el misterio pascual, no solamente en el momento de la crucifixión sino todavía más al amanecer del día de la resurrección. Las mujeres son las primeras en estar junto al sepulcro. Son las primeras que lo encuentran vacío. Son las primeras en oír: «No está aquí: ha resucitado, como había dicho» (Mt 28,6). Son las primeras en abrazar sus pies (Mt 28,9). También son las primeras llamadas a anunciar esta verdad a los apóstoles (Mt 28,1-10; Lc 24,8-11).

El Evangelio de Juan (cf también Mc 16,9) pone de relieve el papel particular de María de Magdala. Es la primera que se encuentra con Cristo resucitado… Por eso mismo se la ha llamado «apóstol de los apóstoles». María de Magdala fue, ante los apóstoles, testimonio ocular de Cristo resucitado y, por esta razón, fue también la primera en dar testimonio de él ante los mismos.

Este acontecimiento es, en un sentido, como el coronamiento de todo lo que se ha dicho anteriormente sobre la transmisión, hecha por Cristo, de la verdad divina a las mujeres, en un plano de igualdad con los hombres. Se puede decir que así se han visto cumplidas las palabras del profeta: «Derramaré mi Espíritu en toda carne. Vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán» (Jl 3,1). Cincuenta días después de la Resurrección de Cristo, estas palabras son de nuevo confirmadas en el Cenáculo de Jerusalén, al descender el Espíritu Santo, el Paráclito (Hch 2,17). Todo lo que aquí se ha dicho sobre la actitud de Cristo respecto a las mujeres confirma e ilumina, en el Espíritu Santo, la verdad sobre la igualdad del hombre y la mujer.




Debe estar transcurriendo la Parada Militar. Mi mujer se la duerme en la cama ante la tele. Iré allá. Seguiré durmiendo. Veremos.