La mirada distraída por donde seduce sin saberlo su alma.

La ausencia de maquillaje.

El baile en la cabellera.

El cuello.

Los labios.

La lengua.

Las manos.

Los hombros.

Las piernas.

Los pies.

El ombligo.

Los senos.

El monte de venus.

La respiración dormida.

La piel.

La frente.

El olor natural.

La espalda.

La delgadez sin exceso.

La sonrisa de la alegría.

Su gozo al comer.

La música de su orina matinal.

Verla agradecida y que se sienta cuidada.

Verla traer un regalo sencillo.

Puntualmente las rodillas.

Que esté húmeda sin crema antes del acto.

La veracidad en los gestos del amor sexual,

La voz de sus preguntas.

Tantas cosas más.

Todas.

Casi todas.