Su fresco cadáver dentro del ataúd.

Antes, sus pestañas.

El rostro ausente durante la actividad del pensamiento.

La seriedad asaltada por la risa.

La vestimenta.

La veracidad.

El cumplimiento.

El cuidado de su familia.

La dentadura.

El lenguaje.

El juego que él gana.

La desolación callada.

El desinterés material.

La sobriedad tras el éxito.

La generosidad.

(…)

Me aburriste. Casi no hablas de cuerpo.

Es verdad. Soy heterosexual. ¿Quieres que diga pene?

No se trata de eso.

De un hombre me atrae la conversación que sí es corporal.

¿De una mujer como yo no?

Es diferente.

En qué.

La mujer discurre pequeñeces como niño, tomate o ayuda en casa.

Y el hombre grandezas como bandera o Patria.

Suelen ser las mujeres que estimulan a los hombres para la guerra.

Se necesita descansar.

Sí. Es la viudez.

Sí.

Nada más triste que un viudo.

No sé, te creo.

¿Y qué te atrae más del cuerpo masculino?

A fin de cuentas, tu pico parado.

¿Y por qué lo paras tan poco entonces?

Es a causa de la televisión que me adormece.

Apaguémosla.

¡Qué horror! ¡Uy!, la cazuela se va a quemar. Voy y vuelvo, amor.

Cogeré a una amante.

Estaremos en empate. Hablemos de eso después.

¿Cómo se hallará tu mamá de sus dolores?

¡Ya vuelvo!

(…)

¡Te dormiste, huevón!

Se me fue el hambre. Dame el vino no más.

No sin comer.

Sí.

Toma.

Eres maravillosa.

También me meteré a la cama. Abrázame, tengo frío.

Te hablé de amante.

ZZZ…

Mis píldoras…

ZZZ. Me gustas tú. ZZZ.

Qué es el gusto.

Aléjate un poco, me pica todo el cuerpo.

El mío está tranquilo como un sapo.

ZZZ.

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea…