La resurrección es ya, siempre. Quiero escribir las palabras más sabias esta noche. Escribir por ejemplo que no puedo hacerlo pues la sabiduría es inalcanzable. El tiempo espacial como noción afectivamente interiorizada por obra de la genealogía demoníaca constituye la prueba divina de la libertad en la Creación. La prueba pascaliana representa un pobre chiste comparada a ésta de Dios sobre la llamada vida o muerte en la vida o muerte. Dios duda. No sólo la existencia duele en las honduras del hombro o del recuerdo. También lo hace la inexistencia en la superficie de la desesperanza o del cáncer. La fe es precaria. Y “el amor es más fuerte” resulta expresión apenas nerudiana de renovada dominación cuyo fracaso salvo financiero se va haciendo flagrante. Más duele así el hombro. Tu creencia está tan herida que sólo cree no creer nada: he allí su vigor. Eres un ser hastiado de la perplejidad. Un árbol es otro árbol. Sólo estupideces repetitivas suenan desde el ágora de la connivencia corrupta. La virtud suicida es. Imposible deviene creer en esta cosa sin descreerla y ni aun así el fruto es claro. Pero asombra la resistencia al dolor. Éste enseña pavoneándose humildemente respecto de sí. Obliga torpemente a un sentido de la trascendencia. Y da risa que tal residencia en el destierro produzca a veces más que placeres un sentimiento de felicidad compartida y ridícula.

Murió. Entré al dormitorio. Sobre la mesa había una frase: “Sólo permanecen instantes”. Comprendí el sufrimiento yaciente en esta filosofía que no comparto. Yo no sufro al sufrir. ¿Duele el bien no hecho pudiendo haber sido hecho? Fuente de humildad ello es. La imperfección divina está en ti. Nosotros es un pronombre de la mentira. Yo no existo para nadie. La compasión es la abuela de la bondad que seda entre lagrimones la conciencia propia. Las legañas son el residuo pétreo de la felicidad onírica. Allá en los sueños se hunde el Paraíso. La piedra piensa.

No hay proceso. “Vuelve a nacer” es una constante de invariabilidad estadísticamente variable. Nada importa. El Juicio es Final. No mates. No robes. No etcétera. Pero en todo caso el Juicio es Final. La coyuntura, ¿qué es, sino el todo en la nada? Somos extraviados en los sentidos clasificados por la Ilustración del Progreso. El sabio jamás sabe que es sabio. Su amor al arte musical se maximiza pidiendo escuchar la sonata del silencio. La respiración se agota. Queda una sensación de tristeza. Pero la alegría ya viene.