El libraco es de Ernesto Sábato, en “Sobre héroes y tumbas” curiosamente traducido al francés como “Alexandra”. El libro con su Bruno es aburrido salvo en el capítulo de este título, excelente. La idea discutible es que los ciegos dominan el mundo. Un Fernando manda allí. Sábato: “¡Nunca más!”, referido a la criminal dictadura argentina comenzada en 1976 con Videla, mucho peor que Pinocho. Mala época fue ésa incluso en toda esta loca América Latina… ¿que recomienza su demencia desde Honduras?, ¿qué es honduras sino falta de alturas?

¿Pueden amar los ciegos? Si sí, es que ven. Dichosos quienes creen sin ver. Quienes escuchan sin oír. Acarician por la polinización del viento. Degustan sin papilas. Huelen sólo con perro. Piensan carentes de libros. Filosofan abrazados a un cardo. Muerden piedras por hambre. Duermen de olvido. Hacen camino al andar. Son robots ebrios sin alcohol en la autopista. Manipulan a la gente. Sí, se puede amar sin sentidos. Sin sentido son posibles los amares en la mar de la desterrada tierra.

El refinamiento del progreso tecnológico por lucro destruirá al planeta. Karl Marx y Groucho Marx se habrían complementado. También Chaplin o Cantinflas pero no a pesar de su genio mayor ese mudo que nunca reía, Ud. sabe a quién me refiero. No, no es un humorista chileno.

Voy encegueciendo, ensordeciendo, perdiendo sabor, no toco a la orquídea ni siquiera mediante una abeja obrera cuyo lenguaje recorre diez millas es decir un poco menos que una orca, olfateo ronquidos ajenos con estos pulmones rotos. Son castigos de Dios por haber fornicado excesivamente a las almejas pequeñas, rosadas y desnudas. “Clams”. ¿Yo, Fernando? No. Es mi súbdito. Si el amor es ciego, el mío, total, ciega incluso a Fernanda en sus cien años de soledad. Pero su desamor hace que ella aún entrevea por el ojo izquierdo algunas nubes del fin otoñal. Las estaciones son ficticias. No existen. Los ciegos sabatinos vivimos en los laberintos bancarios del subterráneo. Somos las ratas de Grass. De allí se desprende que el ciego tenga la sabiduría rentable de ignorar que el yerno pone sistemáticamente los cuernos a la hija amada por su perfecta ceguera. Está triste gracias a que ignora en apariencia por qué. Tal es su informe y no sólo el suyo porque las ratas son de poligamia, lógicamente en 50/50 o algo así.