Yo.

Tú.

La cama.

La noche.

El dinero.

El paseo.

La página.

Honfleur.

San Javier.

La flor del pensamiento.

La chimenea encendida.

La abuela.

El Cuzco.

El bar.

El bridge.

El mero.

La distracción.

El alerce.

La ola.

El tiburón.

El perro.

El caballo.

La uva.

Flotar.

Volver.

Venecia.

Peor es Nada.

Justo antes del orgasmo.

Justo después de haber defecado.

La respiración.

El aroma nocturno menos del aromo que del jazmín.

Etiqueta azul.

Jugo de papayas.

Pan.

Esconderse.

El eclipse de sol.

Los hijos.

La emoción musical.

La mirada.

La amistad.

La balada del soldado.

El yate.

Linda CAILLE.

La codorniz.

Goya.

La esmeralda.

La morfina.

El eco.

La nube blanca ondulando en el celeste de la inmensidad.

La sandía.

Un buen pedo.

El riachuelo plateado.

La humildad.

Ayudar.

La espontaneidad.

No botar puchos en la calle.

La naciente Luna llena.

El Sol tangente como naranja al amanecer y en el ocaso.

El recuerdo del Sol.

La corteza del roble.

La bondad, más hermosa que la hermosura o la verdad que son lo mismo.

El Diccionario.

La Biblia.

Salgari.

Thom.

La observación.

Llorar de amor.

Las dunas.

La geometría.

La escritura.

Pintar.

Cantar.

Hacer reír por improvisación sin reír yo para que se ría más.

Ser suave.

Acariciarte.

Perdonar si se puede.

El salto alto.

Ser arquero de fútbol por valentía, pereza, amplitud de panorama y engaño.

El aire alpino al esquiar.

El puré de papas.

La fondue savoyarde.

“Oh what a wonderful world” por Armstrong.

Entre Alfa y Omega sin tocarlas aún o mejor nunca.

Ser ángel no caído al revés.

Aprender algo.

Ir a tu funeral sin tristeza sino admirando la belleza de tu cuerpo muerto.

La lluvia.

La perplejidad.

Por su absoluta poliglotía, esa única palabra, aquélla del dolor: “¡ay!”.

El campo.

La conversación urbana y nocturna aunque poco melódica de los canes.

Las canas bien adquiridas.

Tus dientes, tus labios, la niña de tus ojos, tu ombligo, tu sonrisa.

La Misa de antes.

La travesía del océano Atlántico mirado por el ojo de buey bajo la ducha.

Sentir que amo.

La Cueca del Guatón Loyola.

El Peneca.

Mi padre ya moribundo.

La generosidad y la fuerza de mi madre.

Otra copa de vino.

El Mesías de Haendel.

Hacerme la paja para que la próstata se agilice.

Pier Angeli en mis imposibles sueños infantiles.

Gardel.

El jardín.

La casa.

El cielo comprendido con la vista puesta en el suelo.

Ser profesor.

Ser seduciente sin saberlo y por tanto seductor ignorándolo del todo.

Actuar.

Ir a la esquina.

Ir a la esquila.

La imaginación que da de súbito el fungoso cerebro.

Amaos como yo os he amado.

Qué más.