No es por gusto de la paradoja, pero anoche salió el sol y se hizo mediodía a la hora Cero. Quedaste aterrorizada. Debí correr para apaciguar tu cabello. No llegué agotado. Me limité a cantar un Preludio de Chopin. Nadie lo advirtió. Entré como un ladrón de misericordia. Fui tu sombra. Dormiste suspirando otra vez. Yo te observaba en la nocturnidad. Parecías un cuervo invernal. Tienes las patas de color naranja. Hueles a manzana caída. Tu plumaje brilla, suave y negro. Te lo toco. Sueñas de ojos abiertos. En el fondo de tu mirada revive el temor. Aceptas que te bese el cuello y sonríes. Yo no. Entonces graznas. Te hago comprender un sentido de la ternura. Callas. Es invierno. Picoteas la tierra en mis manos. No sangro pero precavido miro al nubarrón sin estrellas del frío nevado. Tú imitas y sigues distraída mi mirada. Soy el cuerpo humano. Te cogeré y asaré. En tiempo de guerra incluso una rata es buena. Torceré tu cuello hasta matarte. Te desplumaré hasta la blanca desnudez. No es por el gusto de la paradoja, pero gracias a la leña fluorescente comienza a amanecer contigo, pájaro, entregado a ser comido. Te condimento. Espero. Estás perfectamente cocido. Te cojo por el hocico y llevo a la cueva. Soy caníbal, sí. Allí te comparto por generosidad natural. ¡Devoraste a la madre! La venganza es sólo alimento. Hace noche en la caverna. La idea de la luz ya ha salido afuera. Los pequeñuelos te muerden gozosos. Yo los miro con sentido de la relatividad temporal. La muerte se viste de venecianas plumas azabaches. Nada sobrevive a nada. Ello no da tristeza. Mas sí que hubieses comido a la madre. ¡Dejaste a ellos sin ella! Cosa reprochable ante los ojos de Dios. Sí, todos necesitamos comer. Pero no cualquiera cosa. Feo estuvo lo que hiciste. Te lo perdono por los huesos allí restantes. Saldré ahora para buscar unas manzanas. No habrá sol. Apenas luminosidad. Los críos permanecerán adentro hasta que más tarde uno a uno se vaya. Es normal. No recuerdo mi infancia. Representa una conjetura. Estas manzanas caídas sobre el césped son numerosas, pequeñas, rojas y dulces. No es verdad que los cuervos seamos únicamente carnívoros. Solemos comer también pimienta, menta, trigo o flor de la maravilla, sin mayor gusto por la paradoja.

¿Seremos alguna vez comprendidos por los seres humanos, hechos según ellos a imagen y semejanza de Dios? ¡Vaya uno simple cuervo a saberlo! A lo sumo recuerdo que salí de un huevo depositado allí por ella. ¡Sí: salió el sol!

¿Qué os parece si no hacemos ni siquiera mención de Platón? ¡OK!