Yo estoy borracho. La frase titular vale. La recibí por mail. Sin embargo esa persona con costo me escribió de sí. ¿Qué? Es secreto. No me dijo que secretease. Pero hay evidencias tácitas en la amistad. Deben ser respetadas.

Nos ocurre no querer hablar de “mí”. El pudor, la vergüenza, la humildad, la rabia, la indiferencia, la contemplación, el deseo, el sueño, los golpes, resuenan. ¡Y por temor al narcisismo obvio no me refiero a “mí”!

Encontré aburridísimas las memorias auto referentes del grande Gorbachev pero apasionantes por generosas las de Aron.

Yo debo escribir sobre mí, toutes proportions gardées, sin temor de hacerlo, y no tanto por mí pues en mí ya escrito está sino por suponer quizás erróneamente que estas maravillosas tonterías de la vida puedan servir a alguien, por ejemplo. No sé. “Es que ya no me cuesta escribir de mí”.

Parece que hay fallas sintomáticas de ortografía según el diccionario aquí. Qué me importa. Mi mujer llegó. Chao, celosas, os comprendo; hablando de Mí.