Existe en el personal sanitario gente valiosa: trabajadora, generosa, estudiosa, etc. Y desde auxiliar, paramédica, médica, funcionaria. Pero en la mayoría es sobre todo desde arriba hacia abajo un cúmulo de sinvergüenzas irresponsables, incultos, mentirosos.

Mi experiencia larga al respecto -y no sólo la mía- es confirmativa de ello con suma elocuencia incluso quirúrgica. La inutilidad del recurso a la técnica médica más cara -nunca científica, apenas artesanal de clínicas delictivas- argumenta a favor del abandono desde cualquiera “isapre” donde yo pago una fortuna mensual para que detrás se me haya hecho inmenso e irreparable daño. Sin que esto importe nada y siendo los médicos muy arrogantes como prueba de su ignorancia física y metafísica. Y sin que ello les impida rezar junto al inminente anestesiado un Padrenuestro…

No se trata sólo del “Malade imaginaire”, del “Docteur Knock” o del resto mierdoso donde los abusadores de enfermeras -ni las saludan- a menudo igualmente irresponsables (la gente de medio pelo es también en extremo abusadora, como diría el guatón Romo o el falsificador del Servicio Médico Legal cuando mi amado Capitán General) hacen fluir la cloaca de la salud.

La longevidad -esta desgracia de asilos en abandono- es una noción que contradice a la “esperanza de vida”. Por lo demás, la última se da menos en la Clínica de Las Condes o de Houston (menos cara) que en campos de Siberia, de la Liguria o de Caburga (gracias a Bachelet y Piñera…). ¿De qué sirve que la inmortalidad infantil sea eventualmente menor Acá que Allá? Tengo dudas al respecto, porque al paso que va la cosa más valdría releer a Job y al Qohélet: mejor aborto que haber nacido, y mejor todavía jamás nacer. Y total, Cristo habría vivido sólo 33 años. Sí, en esto coincido con Soi-disant Benoît XVI, “la cosa” va en un sentido peor que la inmoralidad: es el sentido de la desmoralización cruel e hipnotizada, “global”. Benditos los espermatozoides y los óvulos perdidos sin unirse en la nada de un WC. El descenso de la natalidad humana ya lo indica.

Tengo, exceptuado el 1º párrafo, el peor concepto de la medicina chilena. Me avergüenza. Me horroriza. No asistiré más a ella. Aunque el dolor me carcoma. Mejor éste que ver el daño no sólo físico sino además moral de ver a mi cretino matasano agachado investigando la pieza con el poto parado contra el closet para encontrar si podía una sospechada caja de cigarrillos o de whisky, que obviamente no encontró, pues no existía. ¡Qué lástima tuve al ver ese culo indagatorio del cirujano que me provocó 4 infartos cardíacos, 4 infartos cerebrales, tres declaraciones de muerte clínica! Me envió luego donde “el mejor neurocirujano de Chile”, porque mi dolor era (y cada 2 días es) demasiado fuerte: entre medio menos fuerte. Pasé exámenes refinados. Mucha gente me iba a ver, para mi sorpresa. El nero me dijo tras ver los resultados que soy un fantasma, no comprende cómo vivo, tengo todo el sistema nervioso salvo por el cerebro (¿) afectado, es inoperable, ello debido a la brutalidad que se me había perpetrado en cirugía tras paternóster qui est in coeli. Añadió que el arreglo de esto duraría tan largo tiempo que no sabía si yo alcanzaría a vivirlo: por fin un médico honesto, de apellido Donoso.

El dolor prosigue, enfocado sobre todo en las 4 extremidades y en el resto. A veces, casi todos los días, me dan ganas de mandar todo a la mierda pero no tengo ni compraré revólver pues mi vida pertenece a Dios. Días atrás hablé con el cirujano del paternóster y de la misa dominical con mujer y 7 hijos o algo así, por lo menos dentro del matrimonio. Se desentendió por completo de sus responsabilidades. Me cortó el teléfono: ¡juramento de Hipócrates! Ese hombre fue de hecho milico, ya no, dice. Pagué una enorme cantidad de dinero estando cesante desde hace diez años pues por un lado el dolor jode y por otro soy demasiado independiente para los entes triviales y frescolines de la politiquería.

Bueno, qué se le va a hacer. Seguir, no más. Días atrás debí pedir dinero “prestado”. Me fue pasado de inmediato por una hermana y un hijo. Es calma transitoria. Un mes. El Banco donde tengo una cuenta con buenos fondos no responde y es “famoso” (en realidad 3). ¡Estoy siendo estafado! Soy abogado mas no puedo ya encargarme de estos asuntos, dije aquí por qué. He tratado de dar con imperfecciones lo mejor a Chile (pero también en otros lugares). No se trata de buscar recompensa en esta tierra. Pero ¿algún agradecimiento, tampoco? Gente me ha prometido cosas para vivir modestamente, gente de derecha, de centro, de izquierda y de ninguna parte, pero a diferencia mía -perdón- acá nadie cumple nada. Exactamente nada. “Nos estamos viendo”, es todo. Es incitación indiferente y orgullosa al suicidio. ¡Por fín! ¡Y qué! Bravo por la solidaridad individual.

No es sólo la medicina que funciona como las huevas. Los casos similares dan ciento por ciento. No vale la pena ahora hacer listas: jueces, notarios, taxistas, transportistas, “emprendedores”, corredores de la bolsa, coqueros, curas, periodistas, putas, barmen, mandos medios, ex ministros, literatos ávidos del Premio, vendedores ambulantes, kinesioterapeutas, obispos amariconados sin que sean forzosamente maricones, monjas esclavas, “nanas”, niños delincuentes por perdidos, drogadictos de clase “alta”, el genio de Harvard que ahorra sin invertir (cf. en A.I. “La Prioridad energética”, el próximo Presidente de Chile, la calidad de la educación, la destrucción tan inteligente de la virgen en yeso, el exorcismo venidero, qué país, ya basta: toda una sociedad con éste, su lazo social.

No releo. Cosas bondadosas, verdaderas y hermosas permanecen sin embargo entre nosotros. Hagamos un esfuerzo amoroso, ciudadano, para fortalecerlas. No botemos un pucho al suelo.

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