Se escribe de preferencia en la primera persona del singular -“yo”- bajo el modo indicativo: “tengo”.

Nada me importa el prójimo salvo por una sumaria emoción de teleserie sobre la hambruna en Harlem o en Burundi, buen motivo para bostezos con sobremesa.

El mejor seguro de vida consiste en ser cura católico de Providencia.

La Encarnación de Dios como su Hijo habría sido tontería y despilfarro energético del primero.

Si a nadie importo, ¿por qué alguien me importaría?

Muchos son los llamados pero pocos los escogidos para gobernar el mundo destruyéndolo y destruyéndose sin que esto último tenga relevancia porque la eternidad es una fastuosa herencia de dinero y patrimonio.

La generosidad resulta suicida.

La adicción perfecta es aquélla del ser que por convicción, por esfuerzo y por fe no fuma, no bebe alcohol, no comete adulterio, no se masturba, no se pierde misa cotidiana, no pronuncia garabatos, no escupe en la calle, no deja de ducharse cada día con jabón y champú, no admite desorden alguno, no usa anticonceptivos, no cesa de golpear pedagógicamente a sus hijos pues la letra con sangre entra, no cesa más tarde de ser indiferente a sus padres, no carece de moralismo autoritario, no, no y no.

Criminal está siendo la procreación.

El amor es lucrativa demostración social de la avidez posesiva.

Little Richard inició el asesinato de la música occidental.

Se llama serenidad al cinismo oriental donde la profesión más tediosa reside en contar granos de arroz y la más apasionante en ser contador de presos políticos bajo sus cementerios de ceniza.

“Yo soy Yo” (Fichte).

Ni siquiera a Manuel Contreras Sepúlveda alias “el Mamo” o a Augusto Pinochet Hiriart gustaría llamarse así.

Pedí a una “trabajadora del sexo” que me matase por treinta mil dólares pero rechazó malvadamente hacerlo.

No se justificaban las esperanzas de la adolescencia.

Los niños son tontos: aún creen.

La crisis económica por la cual atraviesa endémicamente este planetita corresponde a una sabia estrategia de ajuste demográfico.

Si no hubiese esta tremenda desigualdad social, por igualdad todo moriría.

Noruega es el país que presenta la mejor calidad de vida en la Tierra, con su digno primer lugar sobre la tasa de suicidio, junto a Finlandia, Suecia e Islandia, debido quizás al clima un poco frío, aunque menos que en “el país de las sombras largas”, donde hay menos suicidio y peor calidad de vida (ingreso per cápita, igualdad social, crecimiento, medio ambiente, etc.).

Las organizaciones de solidaridad social por el cáncer, por el sida, la miseria, el smog, el escepticismo, la sonrisa de mujer, la antropofagia, el dinero del culto, la pedofilia, y tantos valores más, son simple negocio del cual los filántropos sacan jugosas comisiones y ganancias en la más completa y venerada impunidad.

O “bien” Cristo era un loco megalómano o bien era Dios, si es que existió, cosa de la cual inducen a dudar numerosas imbecilidades de la “poesía” evangélica, del tipo, en Juan, “soy la puerta”… del encierro pastoril para ovejas destinadas a ser trasquiladas antes de asadas: el paraíso.

La fe cretina es cretinismo sin fe.

Odio los ademanes sacerdotales, los sermones interminables de inocuidades, la pompa vaticana, los Raúl Hasbún, la hipocresía, el hedonismo, la obesidad, mi escritura, mi maldad, tu mentira, el poder judicial, el estúpido movimiento de los pingüinos, la falta de autoridad en el poder democrático, la erudición inculta, “the struggle for live”, odio en verdad mediocre no odiar en demasía.

Amo a Beethoven, a Violeta Parra, Chagall, alguna gente, tierra.

Un gorrión defeca sobre tu tumba anónima o gloriosa en el cementerio. Es pintura blanca. Nadie te lleva flores ya. Sería pérdida de tiempo. Tu hijo se dedica a la publicidad. Creo en tu miseria moral. La tecnología hace maravillas. Los nietos juegan ante la pantalla. Los ojos se les humedecen de cansancio ante la innovadora repetición. La curiosidad por la inocente pornografía desexualiza. No hay más sueños al dormir. Incluso el Demonio te causa risa. Y su Creador impavidez. Yo, yo. ¿Tú? Comercio de hojalata hasta que ni siquiera la muerte nos separe.

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