A Rossie.

Las mujeres se están obviamente apoderando de “Amaneciente Incertidumbre”: normal, ¡soy tan seductor, que, entre ellas, con tal de tenerme por “el momento”, ni siquiera se ponen celosas, piden autógrafos y sacan la billetera! Muy bien me parece así, que aquí se expresen mujeres como en un público hogar suyo. Pero háganlo con franqueza. No digo confesión. ¿Qué importa si Ud. personalmente es lesbiana, onanista, sodomita, frígida, menopáusica o adúltera con el amigo del marido? Nada. Sí interesaría comprender algo sobre qué significa eso. Allí se podría aprender más de Uds. para sí mismas y para puros machos como yo.

Tampoco se trata de cultivar un vago intimismo entre un “yo” y un “tú”. ¡Estudien a Yourcenar en “Adriano”, por ejemplo! Uds. tienden a la metáfora incomprensible aun para vosotras pero admitida en común por la complicidad de ser mujeres, ¡qué huevada! (palabra impronunciable por hombres ante minas salvo entre minas o con bofetadas entre mino y mina).

Los hombres chilenos toman a las mujeres como si fueran huevonas. Y lo logran. O ellas lo simulan eficazmente con las compras, los niños, las cuentas, etc. Haciendo por repercusión que ellos sean todavía más huevones de lo que naturalmente son: también mentirosos, puteroªs,… Esta espiral, con algo de dinero, lleva a una larga, agotada y desoladora agonía de la afectividad. El recurso habitual de la “madre” consiste en usar a sus hijos como único depósito del amor, entre letanías. Mientras el “padre” retrocede, más confiado e indiferente, después de un tiempo doloroso.

La mujer está viviendo una profunda crisis universal en el espíritu, sobre todo en las naciones más desarrolladas, pero también como germen aquí, Chile. Nadie soporta ya la estupidez femenina incluyente del feminismo fenecido. La humanidad, bisexual, necesita mujeres menos agresivas, más críticas con argumentos y más autocríticas sin sólo silencio.

El “galán” chilenito no garabatea a las “damas”. Yo sí. Por respeto. Las verdaderas mujeres lo comprenden de más. Se les pide por ejemplo en la escritura que la hagan, pero sin nebulosas de la inexactitud. ¡Más pensamiento, hembras!

O quizás no hay solución. Las minocas “inteligentes” se tornan a menudo masculinas. El clítoris les crece como el pico anaranjado en la flor de la cala. Son una incitación a la homosexualidad adulta del puro macho, habiendo ellas casi siempre sido lesbianas que soportan la penetración por su maternabilidad. ¿Es esto una confesión? Sí. Soy mujer en general pero no en particular.

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