Utilizo aquí neologismos “médicos”.

La mujer se masturba más que el hombre. Ambos a lo largo de la vida se acoplan menos de lo que se masturban. Es usual “masturbarse” durante el acoplamiento: con los ojos cerrados se llega a un orgasmo pensando en otroª(s). Al igual que la mujer tiene programado un número determinado de ovulaciones, el hombre lo tiene de eyaculaciones. Exceso precoz de éstas adelanta la falta de deseo. El onanismo significa tendencia al autoritarismo por su autosuficiencia. La masturbación excluye la risa, el coito no. La desexualización natural en una pareja madura genera mórbidos sentimientos de culpabilidad y de rencor debidos a la dominante cultura ideológica -tempranamente interiorizada- del “deber conyugal”: una vez por semana a lo menos… Un culto eficaz a la virginidad juvenil incita al onanismo, rápido y gratuito, incluso respecto de la labor seductora. La vocación uterina a la maternidad, aun potencializada, inhibe la orgasmicidad femenina, que la eyaculación precoz suprime. La castidad absoluta también lleva a un autoritarismo psicológico. Las cifras de Internet muestran que la cuestión sexual ocuparía el primer lugar entre todas las preocupaciones humanas.

A discutir se ha dicho.

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