Me refiero al día martes 18 de septiembre del año 1973, siendo hoy por “pura coincidencia” el día martes 18 de septiembre del año 2003, es decir exactamente 30 años después. Pero hubo varios días semejantes a aquél. Lo evoco con precisión sólo por tratarse en ambos casos del Día de la Patria cuando hoy muero tras ingestión de arsénico y donde entonces hice lo que narraré y ya narro como consta ante esta grabadora que dejo a la disposición de mi vecina quien divulgará el contenido sin pedir dinero aunque recibiéndolo debido a su aporte a la historia nacional. Ella conoce todo el asunto. Nada juzgo. No me siento culpable. El suicidio se debe al cansancio. Estoy solo, enfermo y pobre. La vida no me interesa ya. Basta: 70 años programados de edad, día además de mi aniversario. Es la fiesta del fin. No importa si yo crea o no en Dios. En nada creo. María Virginia ha llegado a comprender la cosa. Tiene la llave de mi departamento. Vendrá dentro de dos horas. Hará del presente texto lo que quiera, quizás nada, no será cuento mío. Yo podría no grabarlo y dedicar este lapso a un tema más íntimo, como la esposa y el hijo partidos, por ejemplo, o a la inminente primavera, pero opté por esto sin saber por qué. La vecina es cómplice por muda hostilidad política. Entre ella y yo ha habido lazos carentes de amor aunque no de triste corrección. Su joven marido iba ese día en el avión. Sospecho que no me ha denunciado por la posibilidad bien ganada de algún “18” como éste. Ella me ha prestado ayuda en diversas circunstancias tan triviales como la necesidad para existir todavía, del tipo comida, aseo, silencio. Comienzo a sentir un malestar estomacal. He de hablar con rapidez. Por la ventana diviso una nube. Yo era piloto de avión militar. Las órdenes son órdenes. Ellas vienen desde más arriba que arriba. El hecho que ignore o conozca el nombre tal vez falso de mi jefe no importa. Fuera del copiloto había tres subordinados encargados de los periódicos lanzamientos al verde mar. Subí y divisé a los 18 atados -tres mujeres- al pasar. Guardo en mí un sentido de dos o tres miradas donde en el fondo había hijos o cosas de este estilo. Mi concepto bien formado era y sigue siendo además claro. Se trataba de vencer. Ya sé que no se debe matar. Pero hay guerras morales, como demuestra la propia historia del cristianismo oficial. Y a mí qué. Por el retrovisor vi cómo uno a uno eran botados los delincuentes por lo general sorprendentemente callados. Tras la misión cumplida gracias a esos seres caídos, volví. Mi esposa no quiso salir en la noche a la fiesta del 18. Supe después que la mujer del copiloto sí asistió a la fiesta. Es ahora el momento de apagar la grabadora. Deseo a Uds. ahora, en el nombre de Dios, amor. Parto cool.
Entradas recientes
Aquí puedes buscar “Columnas anteriores” pasando el cursor sobre un día en particular.
Archivos
- Noviembre de 2009 (4)
- Octubre de 2009 (7)
- Septiembre de 2009 (15)
- Agosto de 2009 (4)
- Julio de 2009 (4)
- Junio de 2009 (7)
- Mayo de 2009 (6)
- Abril de 2009 (13)
- Marzo de 2009 (7)
- Febrero de 2009 (15)
- Enero de 2009 (15)
- Diciembre de 2008 (5)
- Octubre de 2008 (5)
- Septiembre de 2008 (8)
- Agosto de 2008 (18)
- Julio de 2008 (3)
- Junio de 2008 (7)
- Mayo de 2008 (6)
- Abril de 2008 (6)
- Marzo de 2008 (31)
- Febrero de 2008 (7)
- Diciembre de 2007 (3)
- Noviembre de 2007 (20)
- Octubre de 2007 (33)
- Septiembre de 2007 (17)
- Agosto de 2007 (11)
- Julio de 2007 (17)
- Junio de 2007 (15)
- Mayo de 2007 (23)
- Abril de 2007 (20)
- Marzo de 2007 (35)
- Febrero de 2007 (29)
- Enero de 2007 (40)
- Diciembre de 2006 (37)
- Noviembre de 2006 (27)
Comentarios recientes
Estadísticas del blog
- 323,126 visitas

9 comments
Comments feed for this article
Junio 29, 2009 a 3:05 am
Victor V.
Estremecedor Arturo. Crimen y castigo?
Junio 29, 2009 a 6:29 am
Arturo Montes Larraín
No sé, Víctor.
El Código Penal establece una jerarquía del mal, que en resumen sube desde la falta levísima hasta el crimen, pasando primero por el cuasidelito y luego por el delito, dependiendo de la “cantidad” de intención positiva o dolo para causar daño. El idiota sería inocente en cualquiera circunstancia aunque permanezca encerrado gratuitamente dentro del hospital psiquiátrico. Hay otros detalles legales para esta justicia “ciega”. No entraré en ellos.
Me puse en el pellejo de ese piloto a fin de sugerir su similitud radical con la madre que golpea al hijo pequeño por pedagogía enrabiada ante la vida o conmigo, por “ejemplo”. La conciencia moral de la inmoralidad se ve íntimamente neutralizada, y socialmente neutralizada, con escapista facilidad, hasta por lo menos el instante final, cuando ella se revertiría cual dolor absoluto: Dios mío, qué hice de mi libertad, fui demonio o, igual, una nada, castrando las potencialidades amorosas que me habías entregado; y llegué a no creer en mi fe desvalida por el apego mentiroso a la mundanidad. Es al menos lo que me hace suponer esa frase moribunda: qué he hecho, para sufrir tanto. Pero es posible que esté equivocado. Quizás Manuel Contreras muera en paz y dentro de un siglo sea santificado, al igual que la santa Mama. Por el momento, yo me dedico no sin contradicciones menos graves que mis limitaciones a no hacer más mal y si puedo a hacer bien. Ignoro del todo si a los ojos de Dios lo estoy logrando. En la proximidad humana hay opiniones diversas al respecto. Ellas me importan y no me importan, lo cual a su vez me importa y no me importa. Es una joda. Bebo pues y fumo. Soy fuertemente débil. Soy el piloto sentimental de mi vida. Cruel, frío, humilde. Los días pasan. La piel se estraga. Triste se torna la sonrisa de la sabiduría.
Haz una pausa.
La conciencia del mal es natural y temprana, además de permanente. Ella hiere más de lo que endulza la conciencia narcisista del bien efectivamente realizado. Yo tenía cinco años de edad. Mi hermana María Patricia cuatro. La golpeé no sé en absoluto por qué, tal vez por el amor de saberla viva en esta vida o “porque sí”, no. Ella lloró. Llegó mi padre: qué pasa. “Arturo me pegó”.
- ¿Es verdad?
- …No.
Él la mechoneó por mentirosa. Entre aquellas dos frases hay una eternidad aún vigente. A los 64 años de edad, canceroso e infantil; “padre”.
El mal es un enigma simplificado por las matemáticas que Cristo rechazaba: se comete adulterio por una mirada.
No sé si me hago comprender, Víctor. No. Ni yo comprendo qué digo. Grabo para María Virginia. Tú evocas al escritor ruso. Ayer pasé la tarde escuchando música alegre y conmovedora -”estremecedora”- en compañía de Zamira. Bueno, basta por ahora de confidencias impúdicas.
Junio 29, 2009 a 8:19 pm
Leo Godoy E.
“Soy el piloto sentimental de mi vida. ”
Entonces eres un piloto que nació con alas para volar, no civil ni comercial, eres un piloto de Ultraliviano, aeronave frágil y sensible que remonta al cielo con un pequeño motor, los mismos mandos de un Boeing, los mismos instrumentos pero análogos, la guiñada ,el alabeo presente, si chocara en pleno vuelo con esa fortaleza del cielo no se salvaría nadie .
Sigue volando Arturo, sentimentalmente, yo estoy en vuelos rasantes, peligrosos y muy tristes, mi hermana, mi única hermana, la que sufre de depresión endógena intentó nuevamente hoy suicidarse.
Ya no creo en mis bendiciones, tampoco en el poder de mis manos, menos en el poder de mi mente y corazón animándola para que viva.
Cada día un dolor y también una esperanza, me siento mal…ya pasará.
Un abrazo amigo mío, fue muy reconfortante nuestra comunicación telefónica.
Junio 29, 2009 a 8:46 pm
Arturo Montes Larraín
Leo, personalmente no necesito avión pues más que paloma soy un simple ángel por esencia sin sexo como no te imaginas en el universo callado donde para decirte la firme no hay ninguna trompeta celestial, el resto era pura huevada de San Juan (?).
Junio 29, 2009 a 9:31 pm
Leo Godoy E.
San Juan sin la trompeta celestial, me imagino, debe ser semejante a la carabina de Ambrosio.
Junio 29, 2009 a 9:44 pm
Leo Godoy E.
¡Apocalíptico de la trompeta!
Junio 29, 2009 a 10:41 pm
Leo Godoy E.
Amigazo, si mi me invita a su blog y me va a responder puras huevadas no me llame más por teléfono, mándeme un Faxsex.
Con aprecio.
Leo.
Julio 1, 2009 a 3:01 am
Arturo Montes Larraín
FIN.
Julio 1, 2009 a 9:49 am
Victor V.
Cuando cai, el viento helado no me hirio. El reflejo del sol se confundia con el mar. La mirada huidiza del piloto seguia ah. Mis manos amarradas. No tuve miedo, ni rabia. Luego, el silencio, Fin.