Hace pocos días una joven amiga californiana me aconsejó que medite en relación con el interior de la palma en mi mano. Nada más.
Lo he estado haciendo a mi modo: variando, improvisando, con las dos manos, distinguiendo meditación de reflexión. He visto sobre la epidermis manual algo semejante a nubes azuladas y otros parajes que me eran desconocidos. He meditado (o me he dejado meditar) más allá incluso de la piel: hacia la carne bajo ella. Los dolores en el cuerpo han disminuido ostensiblemente. Os lo cuento por si sirve a alguien.
Supongo que en el éxito de este ejercicio la sinceridad juega un papel importante. No tengo ninguna seguridad sobre la duración de los efectos. Imagino que algo semejante podría ser hecho respecto de todo el cuerpo y de otras partes. Estarían involucrados en esto no sólo el cerebro por un lado y la palma por el otro sino además -es obvio- la afectividad, una forma de poesía inmanente o de afectividad. No cabría hacer esfuerzos. Puede y casi debe no haber contacto táctil de mano a frente. En algunas ocasiones he sentido la actividad del sistema nervioso y una especie de viento muy tibio entre ambos “extremos”. Sospecho que la buena medicina consideraría a cuerpo y alma en su conjunto y también en metáforas del tipo señalado.
Es evidente que no estoy bromeando. Es por simple cariño humano. No sé qué rol desempeña en esto la fe, en mí muy imperfecta. Creo, como dicho en A.I., que puede haberla en un “agnóstico” y lo contrario en un “creyente”. Pero éste no es ya cuento mío.

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Mayo 17, 2009 a 3:17 pm
Arturo Montes Larraín
Después de escrito lo anterior “descubrí” que la idea de origen tibetano ha sido ampliamente estudiada en textos largos, clasificatorios, asertivos, lateros. Me quedo con la síntesis de mi amiga, que, sin instrucciones, deja abierto el tiempo y el espacio de la libertad y de la inspiración. A propósito de esta última palabra, he notado que sin voluntarismo el ejercicio realza una importancia en la respiración.
Cometí errores de escritura. Son descifrables. Disculpen.
Mayo 17, 2009 a 3:53 pm
Arturo Montes Larraín
Tu cuerpo es tu cuerpo con sus límites porosos, con sus cuerpos funcionales para algo misterioso, como bacterias o corazón trasplantado, etc., pero también es incluso físicamente más que tu cuerpo, por eso en el título escribí no sin duda “aureola”, podría ser “halo”, no sé. Pero todos (o yo por lo menos) hemos vivido esa conciencia insensorial de alguien acercándose por la espalda o de una persona que me está en efecto mirando. Esta reunión dinámica -o baile, guerra, qué sé yo- de cuerpos más allá de cuerpos sería una especie de intersticio, no, de conjunción, retrotraída a esta vida entre almas y cuerpos, semejante a la existente al interior mismo de ti. La partícula elemental se funde en cierto modo con las galaxias y, diría yo, con Dios, más allá de la Creación, pero también ya acá, donde él también por amor se halla.
Aspiro al Paraíso en filigrana ya presente cuando encuentro al amor también acá. “El infierno está aquí” dijo Juan Pablo II, o sea parecidamente en él, pero entonces corresponde decir lo mismo de la felicidad. Sólo que para nosotros el lunes es una mierda, el martes una bendición, un segundo antes nada, etc., mientras allá la felicidad es estable, inimaginable, jamás divina, pues no se trata de ser, criaturas, “como Dios”. Me pregunto por qué abre Dios el juego éste, donde vive el dolor. Pero ahora debo ir a almorzar. Zamira me espera. Hasta pronto, si Dios quiere. No releo. Seguro, beberé. Como en el último tiempo no lo he hecho, estaré adormecido (estoy casi sin dormir nada) o intelectualmente alterado. Veremos. Hoy dije a una amiga: “si así sin operarme muero antes…”. Y ella: “Nunca se muere antes”. En rigor es verdad. Pero como he sostenido en otro lado la muerte también está en la vida. Marx NUNCA criticó a la figura de Cristo, dije igualmente por qué. Escribió por ahí, sé dónde pero me aburre hacer notas al pie de página o leerlas, salvo excepción, que “el muerto TOCA al vivo”. El materialista creía en fantasmas mientras la Iglesia abusaba del poder económico y política al cual aún se encuentran sometidos los seres cuya dignidad es pisoteada, para la infelicidad aun de quienes sobre motos de agua la retuercen como si fueran babosas contra el suelo. Yo, perdón, respeto a las babosas. Soy babosa. Loeres. Humanas “hechas a imagen y semejanza de Dios”. Ya, Zamira hierve.
Mayo 18, 2009 a 3:02 am
Arturo Montes Larraín
Los dolores continúan apaciguados. Nunca dije acá que han sido horrorosos, completos, pero sin salchicha a causa de lo cual estoy tan preocupado que absuelvo desde esta jurisdicción casera a 3 mil cerdos = 1 demonio. Satanás está durmiendo para mí. Que sea sueño eterno. ¿Por qué lanzaste al precipicio a esos chanchos, Jesús? ¿No somos puercos como criaturas de la Creación hechas a imagen y semejanza del Padre? ¿”Chancho limpio nunca engorda”? Es falso en Suiza por ejemplo. Visité una cárcel gigantesca de estos nosotros. Cada celda era tan individual y limpia como la inmundicia moral de Suiza. El animal racional cabía ajustadamente allí. De tamaño parecía, rosado y rasado, elefante acostado. No se podía poner de pie. Sólo comía, comía, tranquilo, sin un bremido. Me miraba y yo a él. Fue nuestro Internet. ¿Pesaría 300 kilos?, yo 65, “ser superior”, luego 200 con popcorn en fosa común. Hasta, para ser breve, el pernil o el jamón en un restaurant de los Alpes o de Paris. El turista masca eso con repollo y papas. Lo traga. A sí mismo aquel visitante se digiere. Ninguna mosca tiene permitida la entrada en la celda restauradora. Seres delgados como perros circulan libremente comiendo bellotas por los bosques de Córcega. Van marcados. Son por kilo los más caros del mundo. Como los corderos de la Bretaña, por razones que apago. Francia es el foie-gras más que el Louvre. Amo para comer que amo. Parecida cultura se encuentra en el lomo vetado a lo pobre de Chile. Y en las hamburguesas de New York City. El sentido de la vida es comer. La ingestión de alcohol incluso primario como la cerveza es por lo menos vegetariana.
¿Sigue Ud. sin dolor con el ejercicio santo entre sus extremidades y espiritualidades? ¿Sí? ¡Bien! Reciba mis felicitaciones. Arruinaremos al comercio médico, infernal, monstruo durmiente. Habiendo pasado por todos y absolutamente todos sus empleados autoritarios, no sé cómo aún sana y salva, mi amiga californiana aprendió en la selva peruana que la clínica está en la meditación entre la mente y la mano. Sin libro, ni siquiera éste. Comprenda por estudio que en el fondo existe coherencia desde “El Dolor” de A.I. y esto: el aplauso global de manoen mente borra cualquier proyecto en cuanto tal. La vida no se hace trascendente sino por su intrascendencia. Trate frase a frase de comprender esta limpidez. Rehaga a Luzbel en este microcosmos. Lucifer revierte al origen. Los murciélagos son ángeles. El Paraíso tiene bar. La Luna dejó de serpoesía. La Vía Láctea te permite ir más lejos en el tiempo perplejo por los pezones caleidoformes de tu mamá. El padre se evade por otras ocupaciones en su olvido socialista e individualista. Sí, Frei no perderá. Amén.
I do not releed that, Leo, stupid and dear Leo. Secretos de confesión son de confusión. ¡Quita tus dolores! Acabé.
Mayo 18, 2009 a 2:30 pm
Arturo Montes Larraín
He sugerido a dos personas el ejercicio explicado. Está siendo exitoso. Y en mí, mucho. Va siendo parte continua, espontánea, de mi vida cotidiana. ¡No se trata de la “solución final”! Pero sí por ahora de una reducción drástica del dolor. No total. Pero enorme. Quizás sólo provisional. No sé. Iré viéndolo. Ignoro si lo dije, hace poco me fue diagnosticado un cáncer. Me fueron propuestas varias opciones. Escogí no hacer nada. Tan pretencioso, designé por médico a Dios. Que se haga segúnsu voluntad a la cual me entrego. Esto puede parecer beato. No lo es. No soy esotérico ni positivista, soy esto. Debido a lo cual por prudencia amorosa mi mujer me obliga a seguir pagando $230.000.- mensuales a la Isapre que no reutilizaré. En fin, no se trata de esto.
Casi no duermo. Ello no es causa de angustia. “La nave va” (Fellini). Al parecer comienzo una etapa feliz de mi vida. Soy un poco solitario lleno de gente. Estoy sonriendo. ¿Mañana sí?
Pensándolo, no me parece que exista mayor contradicción entre mis escritos en A.I. sobre “el dolor”, “el dolor del miembro fantasma”, etc., y esto que se deriva de la californiana. Si no recuerdo mal, sin latear, sostuve abreviando ahora que el dolor proviene no del golpe sino del esfuerzo ulterior para reconstituir el proyecto interrumpido por aquél.
La concentración espiritual en la palma de las manos estaría, no sé, borrando tal interrupción. Establecería una continuidad sedativa hacia, por qué no, la eternidad. Manos, pies, ojos cerrados, ano… darían lo mismo. ¡Pero no vayamos a la bitácora budista con sus diccionarios herméticos e infantilizadores! Aquí no hay esquema ni precio, por cierto, o “según sea su voluntad”. Entregar un servicio por lo demás hipotético que si fuere eficaz para la armonía de nuestras almas no sería sino a través nuestro otra obra de Dios. Conversé esto ayer con una mujer pobre. Lo había comprendido antes mejor que yo, lo cual no impide que me quiera. En pocos minutos más llega mi amigo médico Miguel Solar Silva, seguro que el cuento de la meditación sobre las manos le interesará. Eso sí, debe ser evitada la exageración del ejercicio. He notado que de lo contrario viene un dolor de cabeza. Entonces, cualquiera otra cosa, en lo posible hacer bien, no mal, según la conciencia personal y civil de cada quien. Pausa.
Mayo 19, 2009 a 3:08 pm
Arturo Montes Larraín
Sigo comparativamente sin dolor corporal y disminuyendo la ingestión de medicamentos. Es extraordinario. A.I. ha sido escrita y trabajada para Uds. no sin fallas desde un desecho humano que hoy revive. ¿Canto del cisne? Yo era feliz al cantar. La música vive en mí. Me da risa tener por ejemplo a la 3ª sinfonía de Brahms en el alma. ¿Les canto el 3º movimiento? Ahí va. …Fue. Con la edad la voz se me ha venido raspando, no así la música. Da pena pero es así y de niño ya lo había observado en mis abuelos. A sus voces quebradas hace eco la mía. Llega poco a poco un momento en esta vida donde y cuando -cómo decirlo- la música se hace silenciosa sin perder su musicalidad plural y sin que el silencio continúe cantando tal vez a gritos por el paseo inadvertido de alguna forma literaria. No me parece necesario dar ejemplos al respecto. Pero para joder escribo un nombre didáctico: el olor de la Vega Central.
¿Es posible dar un beso a todo el mundo? Mi mano me llama. Voy. Lloraba. Ya no. El cuerpo agradecido la felicita. Luego está la otra mano. Saqué a un artista carpintero de la miseria. Ayer fue un día terrible.
Mayo 20, 2009 a 2:47 am
Arturo Montes Larraín
La terapia propuesta alivia el cuerpo. No el alma. De lo cual no se infiere que aquí el dolor aparezca agravado, porque desnudo, avergonzado, expulsado. No. Sólo más nítido. La hoja de parra sobre el pubis es lo que era el cuerpo al alma. Estuve en un país lejano, primitivo. Carne al fuego me fue ofrecida. De los huesos chupé la médula. Todos comíamos. Ellos reían. Yo no. Yo miraba sus dientes, la noche, las llamas multicolores. Dormí. Sólo en la mañana me fue comunicado por lenguaje gestual entre gritos de música horrorizada que yo había sido nutrido con carne infantil. Nada inquirí al respecto: si feto, si nacido, no, nada. Agradecí despidiéndome para no ser maltratado y partí por el sendero a través de las plantas tan verdes bajo el sol y de pronto tan oscuras bajo la lluvia. Aún conservo aquel sabor que no comento. Cuando terminen la música, el ruido e incluso el silencio, el universo se abrirá desapareciendo.
Llegarás al Paraíso precavido con tus ahorros: una botella de Coca-Cola llena de disimulado ron, un puñal, algo de dinero, una mina, un desenfado conquistador, una mirada de paso a Dios, una cama sentimental y un limbo.
¿Ves que no te duele el cuerpo? Respira. Bota ese olor a tibia vacía. No sabes lo que haces. Estás loco de sabiduría. En el principio era el Principio. Medita sobre el interior de tu mano. Ora al desperdicio.
Mayo 20, 2009 a 9:08 am
Arturo Montes Larraín
- No nos saquemos la suerte entre gitanos, te conozco como a la palma de mi mano, hermano.
- ¿Qué conoces sobre la palma de tu mano? Ni siquiera sabes de cuál mano estás hablando.
- Sí sé. De la derecha.
- Tu mano derecha no sabe lo que hace tu mano izquierda.
- Y vice-versa, ¿no?
- Depende de cuál lado se las mire, si desde el tuyo o el mío.
- Ya no caeré en tu dialéctica de fuga.
- ¿En qué caerás?
- Mira tu reloj. Avanza más rápidamente que el mío. Virtuosa a fin de cuentas va resultando la lentitud. Y no me vengas con críticas tácitas y taciturnas del tipo “qué es el fin de las cuentas” pues con esa inteligencia desperdiciada y tan repetida ya no convences a nadie.
- Mmmmm.
- Sí, más m.
- No somos gitanos, no somos hermanos,…
- Dale, sigue con tus jueguitos de palabras, yo me voy.
- ¡Hombre, no hay salida!
- Por qué no te callas.
- Diego, las manos nos han sido amputadas, recuerda.
- Queda el recurso al miembro fantasma. Además, sin amputación también hay amputación.
- Envidias al ciempiés…
- ¿No encuentras que la vida pasa por debajo de lo que debería ser?
- Sí. La muerte también. Están sintetizadas.
- ¿Qué se puede hacer contra esto?
- Simulaciones de nada.
- Cínico.
- Hipócrita.
- Ven. Pásame la mano. Dame un beso.
- Pschuit.
- Mi amor.
- ¡Escribí ese beso!
- Sí. Duerme.
- No puedo.
- Yo tampoco.
- Mi mano izquierda es más lisa que mi mano derecha.
- No me vengas con historias políticas.
- ¿Qué te interesa?
- ¿Y a ti?
- Yo pregunté primero.
- Y yo después.
- Tonto.
- Tonta.
- ¡Schit!…