Por Marthe.

(Ella, amiga, escribió en francés pidiéndome que tradujese su texto al castellano, que lo publicara en “Amaneciente Incertidumbre” y que no divulgue su apellido. Se trata de una oración donde Marthe evoca a su manera algunos pasajes de este sitio, proponiendo quizás más que ellos, y al Padrenuestro. Hela aquí, confiando en ser yo fiel a ella y a mí, para ti).

Dios, ruego que se haga en mí tu voluntad a la cual me entrego si puedo desde la libertad mía con que me concebiste. Estás en toda tu Creación; más allá, en el infinito; y más allá que éste. No llego a imaginarte. Pero -es superior a eso- creo en ti, con mis limitaciones de imperfecto ser humano. Creo que eres el amor, el perdón y en tu Hijo la humildad de ti encarnado. Te imploro que nos ayudes a mejorar la vida acercándonos por tu omnipotencia a ti, viniendo tú a nuestro eterno encuentro, de modo que el velo del Espíritu Santo cubra a todas las almas de la Creación, unidas a ti gracias a tu amor en nuestro amor. Señor Jesucristo, ten piedad de mí. Ten piedad de mí, Señor Jesucristo. Danos cada día el pan de cada día. Glorificado sea tu nombre. Estás en el cielo, en la tierra y en todo lugar, como en el principio, ahora y siempre. Te doy gracias por la virgen María, está contigo, madre tuya, llena de gracia, bendita como el fruto de su vientre, Jesús; ella quien ruega por nosotros. Oh, María, madre mía, oh consuelo del altar, amparadnos. Padre nuestro, tolera si quieres que caigamos en tentación, pues no somos tú ni como tú, pero apártanos del mal, de la soberbia, de la mentira. Da pureza sencilla a nuestra fe. Haz que ningún rastro de rencor quede en mí. Que recibamos la paz que nos dejas y nos das. Que en alegría amemos. Que nuestra cruz sea liviana. Amén.