Juro por mis hijos de manera sacramental que todo lo siguiente es verdad y, si no, ¡alguien me desdiga! No es que me dé importancia. Argumentos no faltan para demostrar y demostrar de nuevo lo contrario. Nada hay más soberbio que no utilizar o reconocer sin vanidad los talentos “propios” que Dios ha dado. Siempre he tendido a rechazar desde mí un reconocimiento así. Pero la realidad es lo que es. Se me ha señalado que debo asumir con dignidad mis posibilidades de ofrecimiento al país. Lo he hecho hasta casi la humillación desde hace muchos años. Tengo un sentimiento del tiempo más amplio que cualquier ciudadano. Soy de implacable humildad. Nadie me cierra la boca. No pertenezco ya a ningún partido político habiendo recorrido casi todo el espectro; y no lo haré. Yo querría algo así como una Unión de la Esperanza, sin sigla aún. He escuchado. Mi currículo me da asco de tan glorioso e incógnito que es. Me carga figurar. No me interesa el dinero. Conozco a gente muy competente aquí. Los gobernantes son más bien mediocres y no escogen a las personas dignas de responsabilidad para las cosas fundamentales de las cuales he tratado a veces en este sitio de información. Nada he ocultado aquí. He mostrado sin exhibicionismo pero con desampara, muchas veces, mis defectos, y no para ser “comprendido” al lote. Pues bien, es ridículo: estoy dispuesto a ofrecer lo mejor que Dios me ha regalado para Chile. Quiero ser preciso sobre algunos detalles ignominiosos de mi vida, por lo demás ya aclarados, si no me equivoco, acá: 1º Estando exiliado fui condenado sin ni9nguna notificación por “manejo en estado de ebriedad” en virtud de una alcoholemia que jamás tuvo lugar (1972); 2º Después (¿1990?) hallándome gravemente enfermo fui condenado por lo mismo en circunstancias que no me hallaba manejando mi vehículo sino con mucho dolor detenido por mi libertad en la calle; 3º Me fue propuesta coima que no acepté para soslayar la condena bien cumplida y pedagógica; 4º Para qué seguir, ya está, salvo que a partir de lo anterior unos criminales del pensamiento malagradecido y sobre todo izquierditoide se dedicó a rumorear eficazmente calumnias sobre mí, sin que por esto se haya logrado transformarme en un derechistoide: sólo me interesa acá nuestra nación.

Si me correspondiese decidir sobre algo, yo comenzaría de inmediato por una gigantesca inversión energética; por una verdadera y no charlatana calidad educativa, sobre lo cual sé; por una clara fuerza gubernativa siempre democrática respecto de la seguridad ciudadana, donde pasos positivos han sido dados; por un estudio muy serio y profesional sobre los recursos marítimos pronto llevado a hechos; por una indiscriminación política sin caudillismos de ninguna especie (ni siquiera el mío); por un respeto substancial hacia los pueblos originarios; por una administración minuciosa e inobjetable de los recursos estatales; una fiscalización respetuosa y cotidiana del área privada; relaciones internacionales que conserven nuestras tradiciones sin ceder nada en la soberanía; gran cuidado ecológico; esfuerzo por más igualdad social; designación de gente competente en sus diferentes cargos; y por cierto creciente amor al país, pensando sobre todo en la juventud.

Estoy delirando. Estoy loco. No vale la pena leer tales huevadas. Quién soy yo para esto. Nada, nadie. Resulta irrisorio. Et caetera.

Sí. Pero no importa. Y va náufraga la nave, el resto no depende ya de mí, en lo personal me importa un huevo, ya escribió en este sitio una gran intelectual italiana que a su juicio esta Patria me desperdicia, es cosa de ésta, no ya mía, mierda. Mi corazón es práctico y quiere mover a los prácticos corazones para que en la modernidad cuidadosa haya más igualdad.

Me hallo gracias o a pesar de Dios en buena forma física e intelectual, nadie en la puta tierra me corrompe pero tampoco soy el policía universal. Soy profundamente conservador y católico. No se me cierra fácilmente el pico. Y estoy haciendo el ridículo. Qué importa. Ya no es cosa mía. Usted duerme y esto a nadie llega, ya lo sé. Basta por mañana. Chao, “proyecto país”, QUÉ SIUTIQUERÍA, OTRA MÁS.