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No existe la locura humana. La estafa se basa sobre el engaño. Cualquiera piedra trae en sí vegetal y animal. Interesante resulta la Biblia de Chouraqui. Subsiste bondad latente desde el firmamento. Suena un timbre nocturno de la calle. Hay ratones. El cristal viene de la arena. La diferencia teológica iguala. Se avecinan aerolitos. A alguien duele el vientre. Un niño muere. Ponga un nombre. La imaginación yace limitada. Renacen los saurios. Habrá caído la muralla china. El semen, clitoridiano sería. Un avestruz hace lo suyo en el suelo. No restan nubes. La realidad es pedazos dispersos. La sabiduría consiste en dormir. Un ave parte al sur. Rocas se encogen. La naturaleza constituye cultura. El gusano tiene a su dios encarnado. El puzzle es calidoscopio. Surge la ilusión de un diamante. El cansancio llega. Vuela la medusa. Habla la ciencia. Una nave cruje. Se desploma el castillo de naipes. Un ordenador está en la bodega. El papel escrito vuela cual hoja de otoño. La niña huele y el niño husmea. El más allá del más allá resulta incomprensible pero creíble. Nadie sabe. Suena el teléfono. Una hendija se abre. El coro canta. Emerge un amor. No hay noche. Cuelga un escapulario. La senilidad se olvida de todo por estar recordando todo en la polinización de su alma. La abeja zumba en llanto. Vamos con 984 sílabas hasta aquí. No restan alerces. Errar es humano. Decae el imperio. Conviene estabilizar la tasa de cambio. A nadie agrada la hemorragia intestinal. Alguna lluvia ha de acontecer. Llagas suceden. El poder político atañe a las sombras de la sensatez. En la esquina nadie hay. La mujer que partió dejó una estufa eléctrica. La copa está vacía. La inmensidad se achica. Ningún ángel en apariencia pasa. Aplastan el cráneo las zapatillas divinas. Diminuta se halla esa vía láctea. Variación estadística sería la historia de las almas incluso corpóreas. Se avecina ese papel hecho otra hoja por el momento primaveral. Las estaciones de tren están muertas en el norte. Champollion no descifra la piedra roseta. Una simiente vuela en la dirección del infinito. Nada queda, todo queda. El cuento se va. Nada contaba. Salvo, sí, perdón, a querubín.

TRANSITORIO

L. Godoy E.

Tuve la oportunidad hoy de conversar nuevamente con Arturo Montes L.

Me ha solicitado transmitir a Ustedes lo siguiente:

Les envía sus afectuosos saludos.

Permanecerá temporalmente sin escribir en A.I. Desea descansar relajadamente sin mayores preocupaciones, atendiendo simplemente sus asuntos personales.

Desea que todos nosotros mantengamos con vida este blog, para lo cual sugiere que enviemos a la señorita Administradora possandon9@hotmail.com textos o escritos de nuestra autoría para publicarlos en A.I.

Lo anterior no es un examen, en realidad quiere nuestros aportes más allá de los comentarios habituales, nos insta y anima a escribir lo que sentimos y pensamos en aquellos temas que nos inquieten personalmente.

Volverá a escribir en A.I. al más breve plazo.

Espero haber interpretado de la mejor forma sus palabras en ésta, su solicitud.

Es Ud. Lo niega y se burla. Reacción común. Ya no tiene garras clavadas que le protejan la herida del pecho. Éste sangra a cuajarones (cf. Julio Durán Neumann Q.E.P.D., “qui est pédé”, 1970). Ud. es el dolor. Observa. Rasca su piel. Suspira. Punto aparte.

Recuerda una frase de Jaime Guzmán Errázuriz en la revista “Ya”: “si yo fuera animal, sería foca”. Relaciona esa frase con un dicho francés: “il est pédé comme un phoque”. Traduce para el público: él es pederasta como una foca. Pero “pédé” en francés popular significa maricón. Ud. nota que foca es en francés masculino y en castellano femenino. Curioso.

Entre el “foco” y la foca hay como se ve una “y” que concentra en griego a dos “ii” latinas. Así, las ii están disimuladas por la y. Ellas tienen su punto puesto pero se hallan prácticamente olvidadas gracias a la y.

El maricón y la maricona están separados o “unidos” por la encrucijada que figura desde la tierra al cielo la y; y al revés. La heterosexualidad es homosexual en Ud. y en su amante. Se miran en silencio, extraviados. La vía es en cruz. Via Crucis. “Que no sea pesada”. Quo vadis? Ni idea. “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. ¡Pero por qué con picos y bolas, no, vade retro! Tontos, ¿no os dais cuenta que Cristo es cuerpo de hombre y alma de mujer?

- Ah, ya. No te lo vaya a creer no más. Bueno el artificio. Cristo es una leyenda. Nunca existió. Ni Dios. Y mierda, no jodas.

- “En Cristo veo a Dios”.

- Calla, Pascal.

- Bien. Pero seré citado.

- Y a nosotros qué.

- Tú también tienes alma de mujer. Y ella de hombre.

- No comprendemos.

- Comprendo. Yo tampoco. Pero así es. Sufrimos. Somos callosidades. Anfibios. Híbridos. Cambiamos de piel. Estamos cubiertos de escamas intemporales que caen cual caspa. Cual caspa al viento de la temporalidad. El calentamiento de la tierra produce el diluvio universal. El arca de Noé está llena de renacuajos. No hay paloma. Dios no perdona más. Se aburrió de su creación y está dormido. No despertará. Sólo sueña. ¿En qué? No sé. Estamos abandonados. He intentado despertarle. Fracaso total. Pero él existe. “El Infierno está aquí” (Juan Pablo II). Es esto. Esto es la muerte. La muerte es esto. El cadáver es polvo, paja, caspa. Nada más. Dios no es amor.

- Sírveme otro whisky.

- No, basta por hoy. Las “ii” entre tú y ella tienen entre sí un vacío. Es la encrucijada de la nada. De allí el repaso del latín, incómodo, al griego. La humanidad regresa al politeísmo.

- Estás completamente loco.

- Les sirvo otro whisky a condición que me besen.

La vida en el universo, no infinito, es el proceso real e imaginario que retrocede desde Dios y la resurrección a través de la muerte, pasando por la vida, hasta antes de la concepción es decir otra vez hasta Dios y, nuevamente, desde él y su creación o recreación hasta el nacimiento, hasta la vida, la muerte, la resurrección y también, “luego”, Dios, de modo que éste se halla conservado cual memoria y proyecto (entre los seres humanos, Cristo en mí, por ejemplo) “durante” el transcurso quizás “infinito” (oscilatorio) y diverso de la materia y el espíritu, y más que esto no es posible aún o nunca “saber”.

 

Es lo que se podría llamar de otro modo la poesía contradicha del amor universal donde Dios aparece como principio y fin encarnados del Amor más que universal. Así, v.gr., tú amas a ella.

 

Algo de este sugerí de manera menos concisa y exacta que aquí en algún paraje de A.I., podría ser en “Poesía de la Incertidumbre”. En cualquier caso, noto contento ahora que existe una sorpresiva coherencia entre aquello y esto. Si así es, doy gracias a Dios, para ti.

La fotografía es un arte, un hobby y un objeto casero. Pero por qué no más que esto y más por cierto y mejor de lo que escribiré.

 

Como objeto, se la mira sin mayor atención pero un poco sí, cuando la otra persona nos muestra a sus hijos, por ejemplo: “qué amorosos, qué lindos”. Al igual que con las guaguas recién nacidas. ¡No se va a decir a la madre “qué fea, tu rostro clonado!”. Sería una mala educación. Se lo lee en el Manual de Carreño, tan sabio. Pero volvamos a la foto casera. Si en una recién revelada sale un grupo donde figuro yo, la mirada se concentra disimuladamente en mí ignorando a los demás, para comprobar esta hermosura o con desaliento interiormente agresivo la mediocridad del fotógrafo. Tedioso cual tarjeta postal resulta el daguerrotipo con paisajes en colores estridentes de una puesta de sol, de una flor, un río, la torre Eiffel, la Portada en Antofagasta, el puerto de Sidney, la Muralla China, el Parque El Recuerdo. En general, la foto en cuanto objeto molesta por la inmovilidad que de ella emerge. No se puede comparar en Internet un video de celebrity girl con su imagen paralizada sobre la pantalla: más jugoso es obviamente el primero. Cualquier onanista lo sabe. En suma, la foto-objeto presenta un interés a lo sumo gregario e independiente de ella pero nunca importante, a menos que dé una información nueva; es otro cuento.

 

El prototipo de la fotografía como hobby está dado por el turista. Hace “clic” a tontas y a locas. Gasta un dineral y tiempo. Nada ve del presente, que disfruta por la máquina. Este personaje “trabaja” y pasea a fin de probar después a familiares y amigos que estuvo en las Torres del Paine, en las cataratas de Iguazú, el Panteón romano, las pirámides egipcias, la Estatua de La Libertad, la tumba de Lady “D” o el Kremlin; sin olvidar ese mono sobre aquel elefante al lado del Ganges. El “turista” (incluso de su casa o de su mujer) minimiza el ahora. Es el futuro retrocedido a un futuro presente que cuenta. “Verás mañana que hoy te quise y de este modo entonces me querrás, confía, elocuente será alors la foto”. Tal disposición filosófica en el hobby ortocromático resulta a fin de cuentas, si continuo, autodestructivo; pues nunca se goza: se gozará. Y si se goza hoy porque mañana sí se gozará, el entorno social se aleja hasta que el apasionado personaje sea sorprendido por su soledad actualizada. Además, el resultado de este profesionalizado pasatiempos está condenado a sucumbir en el rincón polvoriento del olvido. El futuro recuerdo habrá inexorablemente muerto.

 

El arte es otra historia. Permanece. Se hace en blanco y negro. El artista hurga la belleza de un asombro desconocido. Él descubre la realidad que luego comparte en alguna exposición ojalá remunerativa, pues debe vivir. Ve lo que otros miran sin ver. Aquí no hay inmovilidad emotiva: la imagen conmueve desde el ama observante. Habla, como Luis Flores Mímica, de una pisada efímera e infantil sobre la arena al borde del mar o como Poirot de sepultura chilota en el Día de los Muertos; de un seno, una oreja, la pluma de un alcatraz. Este arte para quien lo “lee” no es menor. Tiene música, escritura, sabor. En la sencillez sólo aparente de la fotografía hay una hermandad con todas las artes. Pero debo guardar silencio a este respecto y evitar más charlatanería. La condensación ampliable de la poesía en un imago llama a cierto recogimiento naturalmente poco locuaz. En los “cuadros de una exposición” fotográfica -nótenlo- nadie habla. En una pinacoteca incluso vaticana sí; o durante el intermedio de un concierto clásico. La fotografía es el arte de la sombra y de la luz semovientes desde un rectángulo pequeño. Representa así humildad hacia una infinitud acogida.

 

De nada soy fanático. Hubo un tiempo en que fotografié para objetos caseros, para futuros recuerdos (el hobby) y para el nacimiento de “otra” disposición artística en mí. Pero abandoné la cosa. Desdeñé la primera perspectiva, rechacé la segunda y me sentí, a pesar de algún acierto, incapaz de consagrarme a la tercera. Ya ni tengo cámara.

 

 

N.B.: No he experimentado placer al escribir lo anterior. Fue hecho por obligación: mantener viva a A.I. Para nada estoy convencido del resultado en particular (ni en general). Me parece superficial, apenas impresionista y en nada docente o estimulante. Me ha sucedido no pocas veces que un texto mío según yo malo sea considerado ¡muy bueno! Quedo entonces escéptico frente a la otra persona y por rebote contra mí. No estoy de ánimo en estos días.

Cría “cuervoªs” y te arrancarán los ojos, el deseo de vivir, el dinero, el concepto de agradecimiento. Ello y más que eso porque gracias a ti ya están criando a sus propios cuervos, tan feos como los tuyos y como tú, sin olvidar a tus ascendientes. La historia humana es la historia de la reproducción de cuervos con sus corvos, pero más crueles e insensibles que los propios cuervos propiamente tales. La curva humana no tiene límites en su animalidad. ¿Para qué naciste, para qué hiciste nacer? Limpiaste el poto del huevo, lo alimentaste, cuidaste, paseaste, diste amor, educaste, ¿para qué? Paraná. Hoy te da órdenes y te corta el teléfono sin que tú hayas llamado. Es una historia de locos. Por anticipación espontánea esos engendros te dan la lástima del amor. Así aprendes más. La desolación enseña tarde. Tarde y por interés fracasado regresa la hija pródiga con los cuervos suyos en los brazos mendicantes: tú ya habías muerto, la casa estaba vacía incluso de sí misma.

Benditos sean los seres estériles, las ceras impotentes, los “hacedores de ángeles” (!), las trompas de Falopio cortadas, los picos pronto desganados, la frigidez vaginal, el maricón, la costumbre a nada. Y maldita sea la genética programática  de la curvatura.

Irresponsable es vivir. El picotazo anaranjado del negro cuervo en tus ojos ha dejado sólo un riachuelo de lágrimas sanguíneas. El pajarraco parado en sus patas anaranjadas sobre la nieve nunca cumplió sus promesas. No valía la pena procrear. Es ésta una historia transitoria que carece de sabiduría, por ser.

Ya casi no existe un alce en la tierra. Y ESCRIBO: Tarso.

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