You are currently browsing the daily archive for Junio 29th, 2007.
Y ya vamos a ir terminando con estas cuestiones del sexo que me están aburriendo porque escribir sobre todo a mi nombre raja o pico no es decididamente muy católico, pero ciertas cosas muy materiales ya entredichas deben quedar en definitiva claras.
No iré por cuatro caminos (“je n’irai pas par quatre chemins”):
1º Mi pico parado, deseoso, lavado, aceitoso por el deseo, no está mal, pero la bolas, creo, sí, horribles, y no comprendo por qué las mujeres chupan como si les gustara todo “eso”, cuando todas me han dicho que no, salvo para excitar o por recompensa… A los hombres les gusta, sabiendo sin embargo que a ellas no, nada. Lo hacen a fin de ser deseadas y así, confirmadas, en su esencia, deseables. Es por egolatría que casi con asco o indiferencia chupan, por simulación suspiran, por grosería pegajosa son escupidas o por vicio incomprensible de gusto beben y saborean el fruto viscoso de ese tristemente breve goce varonil.
2º También sugerido, incluso aquí aceptado por una mujer: la vagina es intrínsecamente fea. Aterroriza al hombre. Es muy compleja, laberíntica, no se. Cuesta mirarla. Mirarlas. Son todas iguales y todas diversas en su igualdad abierta más a una maternidad potencial o actual que a una vulgar penetración. Músculo de abrazo generoso y egoísta cuando según sus intereses le conviene. La vagina está hecha para parir, no para disfrutar de un pene. Pero éste le es indispensable con tal fin. Entonces ella “goza” y el hombre, no sin esfuerzo, “acaba” de a poco pero de manera demasiado súbita, ya final y como dije triste; por lo cual tras algunas respetuosidades de evidente rigor enciende un cigarrillo y bebe alcohol, proporciona algunos besos agradecidos por a eyaculación mientras ella molesta por el besuqueo ya duerme y él acomoda las almohadas. “El fin justifica los medios”.
3º Durante el acto sexual, que por sí mismo a ella poco o nada importa salvo como autoafirmación de su validez orgullosa, la mujer, sea ésta menopáusica, todavía fértil, joven o simplemente púber de doce años aún quizás virgen, es decir toda esta mujer del supuesto y retrospectivo tiempo femenino, siempre cómplice y cómplices, pues bien, para facilitar la lectura, recordaré ahora que durante el acto sexual -pero esto es “nuevo”- el hombre en orgasmo real apenas ruge cual rata de cloaca, mientras la mujer simula verazmente su infinito placer de chillidos, gemidos, gritos escandalosos, suspiros, exhalaciones, etc., que el hombre interpreta como don divino de su eficiente masculinidad, en circunstancias que para la mujer tales expresiones suyas del placer son su placer sacrificial por no decir masoquista de sufrimientos maternales en almas precoces, actuales, tardías o sólo hipotéticas, pero no por esto menos reales.
Anuncié que no iría por cuatro caminos. Cumplo. Tres bastaron. Porque el hombre no comprende a la mujer.
(Continuará aquí mismo: “La crisis de la mujer hoy”).

Últimos comentarios