Compañero de curso en el colegio. Hace poco -me lo fue dicho, no me consta- se suicidó. Era de lejos el mejor alumno de la clase. Yo el 2º. Sin envidia ni competitividad: los estudios me aburrían, observar y divagar me gustaban más. Gobernaba Jorge Alessandri. El “chico” siempre se sentaba en primera fila, al centro. Yo jamás. Escribía con una lapicera en posición perfectamente vertical y su caligrafía minuciosa le salía como de una máquina de escribir. Tenía buena conducta. Yo no. Fuimos amigos. Jugábamos bridge en su casa con su madre y su hermana mayor. El Chico era hijo de su madre, un pajarito. La hermana, de su padre, un ogro inmenso y cruel. Éste, argentino, funcionario de la ONU en Chile. Los padres, de derecha. Durante los dos últimos años de colegio, para mejorar las notas con miras al bachillerato, me hice el mejor alumno, estudiando más. Me gustaban sobre todos la geometría y las letras. Lo peor: gimnasia y trabajos manuales. La 1ª vez que me emborraché fue por obra deliberada y malvada del ogro. Me sentí pésimo. Debí retirarme a vomitar. El Chico regresaba a su casa -muy cercana al colegio- lo más tarde posible, de noche, hasta ser echado por el rector, un cura notable. Obtuvo menos puntos que yo en el bachillerato. Entró a medicina. Yo a derecho. En la casa central de la UC. Nos veíamos menos. Nuevas amistades. Ninguna tan fuerte como la que había existido entre él y yo. De política propiamente tal en el colegio no hablábamos. Sí de física, de religiosidad o de la “cuestión social”, por ejemplo. En la UC nos fuimos distanciando, pero solíamos vernos. Supe extrañado que sus notas distaban de ser buenas. Apenas pasaba de curso. Yo sólo podía explicármelo así: “es superior y por tanto anda en ‘otra’ ”. Un día, hacía 1964 o 1965, fue a visitarme en la casa de mis padres. Quería conversar conmigo. Lo recibí en el escritorio. Se le veía cambiado. Como furioso con el mundo. Todo, una mierda. Salvo: ¡el MIR! Había entrado al MIR. Le dije que estaba loco. Me respondió que la burguesía, el imperialismo, el Che Guevara, Castro, etc. Yo era “demo” izquierdoso pero nunca tanto como para meterme en esas leseras. Intenté explicárselo. Le dije que se estaba vengando de su padre al igual que la hermana, ambos “compañeros”. El Chico debió suspender sus estudios por malos resultados. Lo busqué, no quería verme. Entre sus compañeros circulaba el rumor -práctica nacional- de su caída en locura. Fue internado -¿por su padre?- como caso psiquiátrico y luego exportado para algo similar en Buenos Aires, quizás ya durante la UP. Años después supe por su hermana que él había mejorado, que había terminado sus estudios de medicina y que la ejercía bien en la capital argentina. Lo cual me contentó. Pero tampoco supe directamente más de él. Hasta que, también años después, se me dijo por una persona en quien creo: “murió, se suicidó”. Recibí un terrible golpe de fatiga en el corazón, “cómo puede ser que un hombre tan brillante haya terminado así”. Ni inquirí nada. Recordé. Jamás tuvo polola. Y nada de homosexual. Quizás de asexuado sí. No era feo. Más bien lindo. Pero muy chico. Un “hombre” precoz, torturado, perfecto. Permanece como una pregunta amada en mí. No tenía espíritu de seducción. Era tan nítido en su perfección que no seducía a nadie: sólo se reconocía su virtuosidad como estudiante y como amigo de nota demasiado 7, sin falla, lejano (no para mí: siempre quise darle calor humano).
Sigo intrigado e inquieto por esta historia, ya vieja. José María me falta. Está en mí, claro. Yo querría… Uds. comprenden. Los fantasmas viven. Quizás no en sí, aunque yo crea que sí, pero sí en mí. Tengo así algunos fantasmas que me dan consejos y a quienes amo. ¡Y yo voy a ser fantasma: alma! Astelarra me da más rabia que pena. Pienso en su madre, siempre dulce, como él. Y en su padre, hombre cruel.
Nuestra generación estuvo muchas veces marcada por cosas como ésta. Fue una generación de revoluciones y belicosidades adultas que siendo adolescentes no comprendíamos bien. La miseria social o la violencia intrafamiliar reflejaban por condensación el proceso macropolítico en marcha a través del mundo. Así, 1968: Chile, Francia, Méjico, Japón, Checoslovaquia. Estados Unidos, Alemania, China de Mao, etc. Nos izquierdizábamos o derechizábamos un poco porque sí, por razones familiares, por afectividad más que por ideologías, en lo íntimo los enemigos éramos amigos aunque en los foros enemigos a la muerte. Hijos de la locura proveniente en gran parte de la psicología concerniente a las guerras mundiales y a los ideales comunistas donde la tierra sería el paraíso de toda la humanidad, enloquecíamos. Me da la impresión -no por vanagloria- que nuestros hijos son más cuerdos. Hay problemas, claro. Y graves. Pero menos agresividad. Se que este Nº2 tampoco es exhaustivo. Nada lo es. Aunque algo se avance en la comprensión histórica. ¡Buen día, José María Astelarra! ¡Te queremos! No reviso: no soy como tú, tú sin faltas.

18 comentarios
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marzo 7, 2007 a 3:21 pm
Victor Valenzuela Aranguiz
Arturo, hermosa y melancolica historia. No voy a comentar mas por ahora. Se necesita tiempo para meditar esta y la otra de Manuel Antonio Garreton.
marzo 7, 2007 a 4:25 pm
Arturo Montes Larraín
Contradiciendo textos míos anteriores de nuestro sitio, e interrogándome, quizás la muerte existe, José María. La total. De cuerpo y de alma. Chivas serían la resurección de la carne por la transformación de la materia, al carajo, polvo y ni siquiera eres, en cuanto a tu alma fue una nada, un vals de Strauss, vuelo de mariposa, pétalo al viento, verso olvidado, y ya basta de poesía barata, tipo Warnken: tu alma ni tu cuerpo en ti existen.
Fuiste una impresión con nombre. Pero permaneces en mí, impresión viviente. No puedo impedirme recordar contigo y Eugenio aquel viaje al sur, cuando al regresar en la mañana encontré a mi hermano menor muerto y a mi madre desesperada. No puedo dejar de escucharte ahora, cuerdo otra vez, cuando me estás diciendo que también por nuestra amistad yo mejore, contigo. Cuerpo y alma tal vez inexistentes pero vivos y verdaderos en nosotros como esta escritura que estamos escribiendo juntos. Bien. Fuimos tan sanos, ¿recuerdas? Ven. El amor heterosexual entre hombres no lleva en ristre el arma mortífera de la seducción. Es sólo por adquisición paulatina de alguna sabiduría que esa arma es botada al suelo en la historia heterosexual entre mujer y hombre. Antes hubo los celos, no en ti. Que pases una buena tarde y cuenta conmigo. Hicimos cosas buenas. Otra gente aún las recuerda. Dios jamás consideró tu suicidio como un pecado. Fue un gesto de amor para ir ya a su acogimiento. Tonto.
marzo 7, 2007 a 5:49 pm
Guillermo Guerrero Rodríguez
Don Arturo
Muy emocionante su recuerdo, a veces UD nos abruma con fantasmas siniestros hoy es el turno de la belleza de pensar y sentir.
Yo tengo un recuerdo parecido, se trata de Juan Tomicic, fui compañero de Juan Tomicic en el Valenin Letelier. Era alto rubio de ojos azules, promedio 7.0, las niñas de los liceos de Recoleta lo devoraban con la vista, alegre, de voz ronca, Roncovic le llamaban “los cauros”, también tenía letra caligráfica y grande y yo lo admiraba como casi todos compañeros de clase y profesores. Era Comunista, pero en esos tiempos eso no tenía importancia para nadie, menos para mí ni chichá ni limoná.
Entró raudamente en medicina de la U y no supe más de él, siempre imaginé que su vida sería dorada y de hecho me extrañaba no figurara entre los notables de este país. Hasta pensé que estaría triunfando en el extranjero
Un día hace pocos años supe que las cosas habían mal tornado para él por razones que nada tenían que ver con las convulsiones políticas, lo vi. algunas de veces y planeamos sin exito una reunión masiva de ex del Valentín, la pena me invadía cada vez, apenas podía retener las lágrimas.
Un tiempo después su última mujer me fue a ver y me dijo:”murió tu amigo”.
Yo al revés de UD Don Arturo no me atrevo no logro explicarme el porque de las cosas. Yo no sé sinceramente si hoy en día somos mejores que ayer, los dados me parecen cargados no solo por la miseria del orden social que se construye cada día sino que también por alguna materia oscura para unos clara para otros que mucho se parece al azar pero a veces no. ¿Juan llevaba escrito en él la fatalidad? ¿O acaso no tuvo la suerte necesaria para derribar muros que la vida le puso?, no lo sé.
Saludos afectuosos.
marzo 7, 2007 a 5:50 pm
Rogelio Blanco
Conmovedor, Arturo.
Que estés bien. Los recuerdos remecen. Se nota en ti.
Un abrazo.
marzo 8, 2007 a 12:45 pm
Victor Valenzuela Aranguiz
Arturo, recuerdo que en mi colegio uno de los curas formo una vez un grupo de alumnos con potencial, alumnos que segun el cura, estaban destinados a cumplir un rol de liderazgo en el futuro del Chile. De ese grupo, todos se quedaron en provincia y, sin hacer nada malo, tampoco han hecho nada destacable. El cura fue despues acusado de ser alcoholico y dejo de hacer clases. Recuerdo que otro compañero de curso tuvo la mala suerte de apellidarse Altamirano y de unirse al Partido Comunista. Entiendo que fue torturado. No se si exilado. Lo ultimo que supe es que se dedica a fabricar muebles rusticos en alguna parte de Santiago. Aun otro, que aparentaba de dirigente estudiantil de derecha, su familia, despues del golpe, huyo a España. Creo que despues volvio a Chile a hacer vida de provincia. Apagados los sueños, reemplazados por el asado de fin de semana y el arribismo social de medio pelo que tranquiliza los nervios. Son, de manera peyorativa, provincianos. Son felices? como saberlo. Son exitosos? tambien, como saberlo. No es usted don Arturo el que dice que el exito y fracaso es algo personal y que solo en el ultimo momento se sabe el resultado?
marzo 8, 2007 a 10:15 pm
Victor Valenzuela Aranguiz
Sin embargo, Arturo, es posible imaginar a lo Sinclair Lewis la otra cara de la medalla. Hace poco, en una reunion de curso llego uno de los mas exitosos compañeros de curso. Carrera internacional, varios idiomas. Pensara, que provincianos somos aqui. Todo tan tranquilo. El asado de fin de semana. La minuscula intriga familiar. El trabajo a veces monotono. A veces, en la noche miro la luna y pienso que otra cosa podria haber hecho. Es todo tan predecible. Pero me gusta. Mis hijos estan cerca. Se parecen a mi. Ni me acuerdo de lo que pensaba en el colegio. Que es tener exito don Arturo? Quien es mas exitoso don Arturo?
marzo 8, 2007 a 11:45 pm
Jaime Ubilla Zúñiga
El éxito es una medición que hace el medio sobre la obtención de logros de alguna persona o grupo. Pero eso puede ser bastante relativo y subjetivo.
Por otro lado, la sensación personal de éxito puede provocar una satisfacción que produzca un cierto grado de felicidad en el individuo.
Pero esto depende absolutamente de las expectativas de cada persona. Así, los que se coloquen metas muy altas o difíciles, si no las logran, sufrirán, en algún nivel, de insatisfacción, frustración e infelicidad.
Arturo, se considerará exitoso?
Ernesto, mi jardinero, con 82 años, sigue trabajando con el calor del verano o el frío del invierno. No le entran balas. Recién aprendió a usar el metro. ¿Se considerará exitoso?
marzo 9, 2007 a 2:42 am
Arturo Montes Larraín
El éxito y el fracaso son en superficie diacrónicos: ayer tuve éxito, hoy fracasé. Pero viéndolos más de fondo son sincrónicos: se sintetizan, hay éxito en el fracaso y fracaso en el éxito. De modo que ambos conceptos pierden valor confundiéndose en una sola sabiduría sobre su relatividad condensada y ya desinteresados de su ser distintamente “propio”. Son, sin conciencia, sentimientos intermitentes, fiesta o duelo. Cuando en la fiesta hay duelo y en el duelo fiesta. De modo que que no se sabe. Tu vida está llena de felicidad. Tu vida está llena de dolor. Tu vida está llena ni de felicidad ni de dolor. Todo esto hace vida. Va haciendo vida. Es lo que es. Pobre o rico no hacen por su propio ser pobre o rico diferencia desde este punto de vista. Por eso me atreví a escribir que se muere como se ha vivido. En lo personal, ya se que voy a pesar de todo a morir feliz. De eso no tengo duda. Pues puedo morir ahora y estoy y soy feliz. A pesar de todo. Dios me preconcibió como nieto suyo. Entonces, ¿de qué preocuparme? Esta disposición no significa ni éxito o fracaso, ni fiesta o duelo: tonterías de seres miopes. Importante es vivir para hacer bien, aunque se erre o peque a menudo sin quererlo. Importante es admitir todo esto en conjunto como vida y por tanto como vida feliz, aunque a menudo la sintamos como una soberana mierda, parte de la felicidad, porque sin mierda imposible nos sería incluso comer.
marzo 9, 2007 a 11:25 am
Rogelio Blanco
El éxito o el fracazo son situaciones puntuales para aquellos que se proponen metas de corto plazo.
Así, tanto uno como el otro son situaciones de un momento, por lo tanto no permanentes. Al igual que la felicidad, son estados cambiantes.
El éxito en la vida, es una evaluación absolutamente personal. Es la mirada hacia lo pasado y su evaluación respecto de lo obtenido.
Nos puede parecer tremandamente exitoso alguien que ha hecho una buena carrera y tiene importantes cargos y dinero. A lo mejor, este resultado se obtuvo sacrificando una familia.
Su visión personal puede ser que, pasados veinte o más años, cambiaría todo lo ganado por una esposa que lo ame y acompañe e hijos dando amor a su padre y él a ellos en franca comunión familiar.
Aquí, cabe releer “Julieta”.
Pienso que habré sido exitoso en mi vida, si al final de ella he logrado que mi esposa me siga amando como cuando nos casamos, hoy lo sigue haciendo, si mis hijos han sido formados como personas de bien, con valores firmemente sustentados en la práctica y cercanos a nosotros, sus padres.
Habré sido exitoso si, a pesar de todas las pruebas que nos pone la vida, puedo tener a Dios como mi amigo y compañía y no me he apartado de El.
Habré sido exitoso si, sin importar cuántas veces he caído, me he levantado una vez más. Si sin importar cuantas veces me equivoqué, pude salir de mi error y reconocerlo.
Habré sido exitoso si quienes me rodean y conocen han sentido que han recibido amor de mi parte, en cualquier instancia de sus vidas.
Si mi familia recibe mi amor, lo sienten y lo atesoran como el regalo que es.
Si mis hijos, años después de mi partida, me recuerdan como yo recuerdo a mi padre.
Esta es la medida del éxito de MI vida. Cada uno de ustedes tiene la suya.
marzo 11, 2008 a 12:29 pm
Juan Cruz Astelarra
Arturo, tal vez me recuerdes como uno de los hermanos chicos de José María. Recién veo tu remembranza y espero que veas esto para clarificar tus memorias. Es cierto que José maría padeció locura. El diagnóstico formal fue esquizofrenia paranoide. Mis padres lo trajeron a Argentina porque ya no podía seguir viviendo solo en Santiago. Estuvo internado y mejoró. Pudo terminar Medicina y empezó a ejercer en un hospital para personal civil del ejército. Su deterioro fue progresivo, con continuas internaciones y externaciones, hasta que ya no pudo seguir ejerciendo la medicina. Yo vivo en la Patagonia argentina, asi que lo veía cuando viajaba a Buenos aires, en algún sanatorio, en su casa o en casa de mis padres, según su estado mental. Es cierto el deterioro que tu dices de una persona tan brillante, lo fuimos viendo apagarse a medida que viendo que no encontraba salida. Tuvo dos infartos, de lso que salió. En uno de mis viajes estaba en la casa de mi madre, ya habiendo fallecido mi padre, el ogro de tus recuerdos. Siempre recuerdo que estaba excepcionalmente feliz de estar con mi familia, notoria felicidad que le dejaba tener su enfermedad y su medicación. Murió un día de febrero, a los 48 años, de un tercer infarto, a la mañana, después de dejar su cafe con leche matinal calentandose, fue deslizándose agarrado al picaporte del baño y quedó tendido en el suelo, donde lo encontré cuando me levanté. No se suicidó, por lo menos activamente. A mí me queda la impresión que se dejó morir, ya que su vida estaba dramáticamente lejos de sus sueños adolescentes que tu compartiste.
Acá en Argentina nunca tuvo actividad política, solía decir que sería militante armado solo si fuera el jefe. Nunca tuvo novia, pero sí tuvo algunas relaciones pasajeras.
Recuerdo bien tu anécdota de cuando el ogro te emborrachó, Siempre se jactaba de como había emborrachado a algunos amigos de José María. El también fue un ogro triste, ya que en el fondo solo necesitaba que le demostraran afecto, pero hacía muy difícil saltar su ogrez.
Bueno Arturo, es lindo compartir estos recuerdos. Quedate tranquilo, Dios no tiene nada que perdonarle a José maría, y sí tiene que pedirle perdón por haberle dado tanto y haberselo quitado de forma cruel.
marzo 11, 2008 a 10:41 pm
Arturo Montes Larraín
Juan Cruz, gracias. Sigue participando aquí, haznos bien. Amo a tu hermano mayor y a tu madre. Ya hablaremos sobre lo último que dices, es un error. Arturo.
mayo 2, 2008 a 6:07 pm
arturo montes larraín
Hoy recibí otra comunicación muy conmovedora del hermano menor, Juan Cruz Astelarra. Se la respondí. Le pedí que integrase nuestra correspondencia aquí. Él verá. El tema sigue abierto. “El muerto TOCA al vivo” según ¡Marx! (no Groucho, sino Karl, en “Introducción a la crítica de la economía política”). Un abrazo a Uds. que incluye a quienes sin estar están.
mayo 2, 2008 a 8:13 pm
arturo montes larraín
Releí. Sobre el error te digo: Dios no pide perdón. La fe (cf. aquí “¿La fe?”) me señala que él creó libre al universo que además él mismo integra aunque también lo trascienda. Pues bien, la libertad no es únicamente individual. Ella se crucifica arrastrándose cual serpiente genética, en vertical del tiempo y en horizontal del espacio: en historia viva de individuos, de grupos, antepasados, descendientes, conjeturas, aturdimientos, sí, allí seduce curva, finalmente parabólica (cf. “Poesía de la Incertidumbre”, creo, aquí mismo), el primer animal, aquél de la serpentina libertad. Es ésta libertad, así de íntimamente amplia, que a Dios se debe incluso para hacer el mal, pero no hay bien que aun por mal no vendría. Él no esclaviza. La libertad de la vida es don suyo. Da alegría y tristeza a la vez. Todos morimos libres ya. José María también todavía. Su libertad condensa en sí y expande desde sí toda la libertad de la vida espiritual, sea ésta de tipo animal, vegetal y mineral; antes que él la suya, suya después que él, como asimismo para nosotros, en la ficción instrumental del tiempo, tan útil, pues ayuda a respirar, comunicarse u orar, por ejemplo. No exijamos en consecuencia a Dios que nos pida perdón. Ello sería, por lo dicho, un error. Como te anuncié el 11 de marzo. Él dio mucho a tu hermano. Pero no le ha quitado nada. José María sigue dando mucho de lo mucho que recibió. La prueba está aquí, en toda esta historia topológica de la resurrección siempre libre. Y no veo misticismo en que yo piense de este modo. Soy un realista científico de la fe, del misterio y del milagro.
José María es más aplicado que yo. Es más amoroso que yo. En el fondo más necesitado que yo. Se dice de los chicos como Napoleón que por compensación son autoritarios. José María no es autoritario. Ni egoísta, sino por el contrario muy generoso e incluso humilde. Diablos, este huevón me está ayudando ahora mismo. Y yo, supongo, a él. Juan Cruz, resulta lindo para mí que también seas médico. ¿Generalista? ¿O qué especialidad? ¿Qué tal la vida en la Patagonia? ¿Cómo se llama tu mujer? ¿Hay hijos? ¡Cuenta! José María me considera como su mejor amigo. Chao.
mayo 3, 2008 a 8:20 pm
arturo montes larraín
“¡Oh noche amable más que la alborada!”: San Juan de la Cruz en “Cantos del alma”, Siglo XVI. Me resulta curioso que siendo hijo de su padre, frágil ogro, Juan Cruz Astelarra, hermanito menor de José María, haya sido bautizado así, con evocación evidente al poeta, también muerto a los 48 años de edad, como José María. Me resulta incomprensible que este Juan Cruz haya llegado a Amaneciente Incertidumbre respecto de su hermano mayor en un espacio tan modesto sobre alguien tan ignorado. Hay amores inmensos que desaparecen por completo reapareciendo más vivos después del tiempo humano. Juan Cruz parece un buen tipo. Mi mujer hace un rato lloró leyendo este espacio. No quería leer nada. Me decía que prefiere la realidad cara a cara que la literatura. Hallé un pretexto para que se pusiese dócil aquí. La letra alcanzó su corporeidad. Hizo comentarios admirativos y por lo mismo francamente molestosos sobre mi escritura. Urticaria en la piel del cráneo me producen los gestos de ridícula admiración, peor aún si sinceros hasta las lágrimas y ya infernales si éstas no son de cocodrilo. Pero no se trata aquí de esto. Ignoro cómo San Juan de la Cruz llegó acá. Habrá sido gracias a Santa Teresa de Ávila, su amiga, y a la duquesa de Alba, protectora. Juan Cruz fue castigado en numerosas ocasiones. El concepto de la Iglesia descalza rompía sin fuerza salvo poética a la lógica del poder hasta hoy imperial del Vaticano en decadencia irrefragable ante la humanidad. Ya Hieronimus Bosch mostraba la lujuria hipócrita de la Curia que desalienta la vocación a la religiosidad de los seres humildes. Pero no logra matarla ni lo logrará. Las palabras huecas sobre el amor no afectan sino al oficialismo de la decreciente demostración creyente. Borgia continúa soberbiamente locuaz pero mudo desde su áurea finanza comercial. Ello causa paciente tristeza al alma cristiana. La comunión de los santos conserva la dignidad del anonimato histórico. El misterio milagroso del amor divino no se viste de seda ni anda con báculos por alfombras rojas que un papamóvil protege de algún populacho luego perdonado por razones de publicidad evangélica. La mentira y la estupidez se han entronizado en la basílica cuyo jefe se disfraza de blanco. Habla cosas que nadie comprende. Cierra puertas franqueables. Su discurso es prohibitivo. Se niega a la confianza en la vida. Es pájaro de mal agüero. Es viendo todo esto que José María Astelarra fue muriendo. Antes de fallecer, Juan de la Cruz había sido otra vez castigado. Debía partir desde Hispania al Nuevo Extremo. Y en la Patagonia vive con su familia Juan Cruz. Dios los bendiga para su paz fértil. No se reniega del Vaticano. Las esclusas de la fe son necesarias. “El infierno está aquí” (Juan Pablo II). Convenientemente horadado se halla el cáliz aquilatado de los W.C. pastorales con sus ademanes autísticos, pálidos, fofos, barrigones, eunucos, mentirosos, melifluos, onanistas, enmascarados, cobardes, bancarios, mafiosos, pedófilos, compungidos, tristes, retrógrados, cómplices: todo un ejemplo de Cristiandad para que por contraste haya cristianos diseminados por el humus de una humanidad humilde. La humildad mira a lo alto. La altanería y la soberbia miran hacia abajo. Jesús es su relación con la mujer adúltera. Es su grito en la cruz. Es su rechazo al poder. Es sus lágrimas de sangre. Es su ser niño. Es la multiplicación de los panes. Es el llamado a los sarmientos. Es entre nosotros si dos o más nos reunimos en su nombre. Es el samaritano y la samaritana. Es la escritura con el dedo en la tierra de palabras amorosas. Es su madre. Es el buen ladrón. ¡Adelante, Juan Cruz!, pobrecito fuerte, adelante en la historia de la intemporalidad. ¿Cómo llegaste aquí con tu palabra tan limpia? Un teólogo me pidió que yo le diese mi bendición. Era noche, más amable que la alborada. Y se la di.
mayo 5, 2008 a 3:16 pm
Pancho Astelara
Arturo:
En realidad el 2 de mayo te escribí yo Pancho. Soy también hermano menor de José María y mayor que Juan Cruz. Al haber vivido en buenos aires tuvimos la fortuna con mi querida mujer de compartir muchos momentos con José María, quien vivió en casa cuando recién nos casamos y luego en varios períodos en los cuales no estaba hospitalizado. José vivió muchos años en su propio departamento . Compartimos muchos momentos agradables y felices juntos de cenas, almuerzos, cine tertulias y otras actividades. Vivió muchos años bien ejerciendo la medicina y disfrutando de la vida. Lamentablemente le tocó una época en la que no existía el avance de la medicina para su enfermedad. Hoy sería probablemente catalogada como bipolaridad y tendría a su alcance medicamentos como el litio en lugar de los nefastos tratamientos de electroshock que arruinaron su mente y físico y probable causa de sus tres infartos. Lo sabemos muy bien ya que un cuñado mío tiene un problema similar y gracias a Dios está muy bien y pasa sus fines de semana en casa. A pesar de sus últimos años donde vivió internado en el hospital de los hermanos de San Juan de Dios en Luján, especialistas en el tratamiento de enfermedades mentales y con su vivacidad, inteligencia y simpatía apagándose lentamente no me animo a decir que hubiese sido infeliz. Solo él y Dios lo saben. EL resto de los mortales y a mi especialmente nos es difícil penetrar en la mente humana. Qizás mi querida mujer Sari, quien más lo acompañó en sus internaciones y visitas durante la semana haya seguido su proceso en los últimos meses.Los mortales sólo conocemos realidades parciales en esta tierra. Lo que no sabemos es como está José María ahora. Para un creyente como yo no me cabe duda que está feliz y en la gloria y que Dios ser infinitamente justo lo ha más que compensado por su sufrimiento en la tierrra. 48 años es nada frente al devenir de la ETERNIDAD en el cielo o como cada uno crea y quiera llamar el más allá. Tampoco me cabe dudas que hoy está compartiendo con nuestro querido padre, quien hoy se sentiría bien representado por Srek y con quien José María compartió y disfrutó sus últimos años. Bueno Arturo me alegra que lo recuerdes tan bien a José María y compartir los recuerdos lindos de él que al final del día son los que valen. Si uno se puede grabar los lindos recuerdos para que dejar espacio para los malos y tristes?. Por eso recuerdo al José alegre,brillante, agudo, inteligente, sencible, con un alto poder de la ironía y a mi hermano mayor que me acompañaba al cine Oriente cuando era chico, tomando un buen vino y comiendo algunos de sus ricos platos que cocinaba. Bueno Arturo espero nos podamos ver en algunos de mis viajes a Santiago. Mientras tanto te envío un abrazo y las gracias por recordar a nuestro querido hermano.
Pancho Astelarra
mayo 5, 2008 a 4:07 pm
arturo montes larraín
Gracias a ti. A todos Uds. Sigan acá. Traigamos a José María. Me gusta Pancho que hables de tu querido padre. A través tuyo ya lo quiero. Un abrazo. Creo que muchas personas de A.I. en sí tienen a Uds.
julio 8, 2009 a 12:49 pm
Arturo Montes Larraín
Hoy por azar -aquello que llamamos así porque su relatividad ignoramos- hizo su aparición aquí. Sigo triste por José María y por Uds. en él. Yo lo quise mucho. Éramos buenos. Ayudábamos a estudiantes perezosos y los hacíamos progresar sin ostentación. El Chico era mucho más aplicado que yo por orden del Gigante su padre pero, perdón, yo más inteligente que los dos, no importa: más imaginativo. Yo quería al Chico. Yo quiero y querré al Chico. Me falta.
He estado muy enfermo. Esta noche ya pasada por ejemplo no dormí de dolor. Pero no creo que moriré pronto. Tego la sensación que algo me resta aún por hacer, no sé qué, Dios me orientará occidentándome por algo así como la línea del ecuador o los polos y los trópicos, etc., SOS.
Además me da risa el Chico. Pasamos momentos muy buenos. Nunca una pelea entre nosotros. Conservo un inmenso cariño por él. Respeto. ¡Y vuestra madre! El Chico era adorable. Tuvisteis un lujo de hermano. Sentíos elegantes por él. En cierto modo, no en todos los modos porque al salir del colegio se puso boludo de inteligencia “política” en medicina, seguid su bondad.
Bueno, voy a la cama, intentaré dormir, me duele el culo en esta silla ante el computador. Decid a vuestra madre si está viva o incluso resucitada que la quiero.
A TODOªs vosotros mi definitivo amos, aun al Ogro que me emborrachó siendo yo un pendejo.
Denme sus emails y cuéntenme de sus vidas. Arturo.
enero 29, 2012 a 4:08 pm
Arturo Montes Larraín
Sigo queriendo al Chico. Hoy me acordé hablando con mi mujer otra vez de él. Ella leyó esto. Yo no. Se conmovió. ¿Por qué las cosas hermosas son a veces tan tristes? Según los médicos moriré pronto. Qué saben. Tengo cáncer. En los últimos días me he sentido mejor. Te quiero, Chico lindo y amoroso. Quiero a tu madre. Te volviste loco. No importa. Resucitaste, extraterrestre. Está bien. Ya nos juntaremos de nuevo. Como en aquel viaje a dedo en el Sur con Arentsen, convertido hoy en un huevón. Chao. Cariños a tus hermanos. Arturo.