Compañero de curso en el colegio. Hace poco -me lo fue dicho, no me consta- se suicidó. Era de lejos el mejor alumno de la clase. Yo el 2º. Sin envidia ni competitividad: los estudios me aburrían, observar y divagar me gustaban más. Gobernaba Jorge Alessandri. El “chico” siempre se sentaba en primera fila, al centro. Yo jamás. Escribía con una lapicera en posición perfectamente vertical y su caligrafía minuciosa le salía como de una máquina de escribir. Tenía buena conducta. Yo no. Fuimos amigos. Jugábamos bridge en su casa con su madre y su hermana mayor. El Chico era hijo de su madre, un pajarito. La hermana, de su padre, un ogro inmenso y cruel. Éste, argentino, funcionario de la ONU en Chile. Los padres, de derecha. Durante los dos últimos años de colegio, para mejorar las notas con miras al bachillerato, me hice el mejor alumno, estudiando más. Me gustaban sobre todos la geometría y las letras. Lo peor: gimnasia y trabajos manuales. La 1ª vez que me emborraché fue por obra deliberada y malvada del ogro. Me sentí pésimo. Debí retirarme a vomitar. El Chico regresaba a su casa -muy cercana al colegio- lo más tarde posible, de noche, hasta ser echado por el rector, un cura notable. Obtuvo menos puntos que yo en el bachillerato. Entró a medicina. Yo a derecho. En la casa central de la UC. Nos veíamos menos. Nuevas amistades. Ninguna tan fuerte como la que había existido entre él y yo. De política propiamente tal en el colegio no hablábamos. Sí de física, de religiosidad o de la “cuestión social”, por ejemplo. En la UC nos fuimos distanciando, pero solíamos vernos. Supe extrañado que sus notas distaban de ser buenas. Apenas pasaba de curso. Yo sólo podía explicármelo así: “es superior y por tanto anda en ‘otra’ ”. Un día, hacía 1964 o 1965, fue a visitarme en la casa de mis padres. Quería conversar conmigo. Lo recibí en el escritorio. Se le veía cambiado. Como furioso con el mundo. Todo, una mierda. Salvo: ¡el MIR! Había entrado al MIR. Le dije que estaba loco. Me respondió que la burguesía, el imperialismo, el Che Guevara, Castro, etc. Yo era “demo” izquierdoso pero nunca tanto como para meterme en esas leseras. Intenté explicárselo. Le dije que se estaba vengando de su padre al igual que la hermana, ambos “compañeros”. El Chico debió suspender sus estudios por malos resultados. Lo busqué, no quería verme. Entre sus compañeros circulaba el rumor -práctica nacional- de su caída en locura. Fue internado -¿por su padre?- como caso psiquiátrico y luego exportado para algo similar en Buenos Aires, quizás ya durante la UP. Años después supe por su hermana que él había mejorado, que había terminado sus estudios de medicina y que la ejercía bien en la capital argentina. Lo cual me contentó. Pero tampoco supe directamente más de él. Hasta que, también años después, se me dijo por una persona en quien creo: “murió, se suicidó”. Recibí un terrible golpe de fatiga en el corazón, “cómo puede ser que un hombre tan brillante haya terminado así”. Ni inquirí nada. Recordé. Jamás tuvo polola. Y nada de homosexual. Quizás de asexuado sí. No era feo. Más bien lindo. Pero muy chico. Un “hombre” precoz, torturado, perfecto. Permanece como una pregunta amada en mí. No tenía espíritu de seducción. Era tan nítido en su perfección que no seducía a nadie: sólo se reconocía su virtuosidad como estudiante y como amigo de nota demasiado 7, sin falla, lejano (no para mí: siempre quise darle calor humano).

Sigo intrigado e inquieto por esta historia, ya vieja. José María me falta. Está en mí, claro. Yo querría… Uds. comprenden. Los fantasmas viven. Quizás no en sí, aunque yo crea que sí, pero sí en mí. Tengo así algunos fantasmas que me dan consejos y a quienes amo. ¡Y yo voy a ser fantasma: alma! Astelarra me da más rabia que pena. Pienso en su madre, siempre dulce, como él. Y en su padre, hombre cruel.

Nuestra generación estuvo muchas veces marcada por cosas como ésta. Fue una generación de revoluciones y belicosidades adultas que siendo adolescentes no comprendíamos bien. La miseria social o la violencia intrafamiliar reflejaban por condensación el proceso macropolítico en marcha a través del mundo. Así, 1968: Chile, Francia, Méjico, Japón, Checoslovaquia. Estados Unidos, Alemania, China de Mao, etc. Nos izquierdizábamos o derechizábamos un poco porque sí, por razones familiares, por afectividad más que por ideologías, en lo íntimo los enemigos éramos amigos aunque en los foros enemigos a la muerte. Hijos de la locura proveniente en gran parte de la psicología concerniente a las guerras mundiales y a los ideales comunistas donde la tierra sería el paraíso de toda la humanidad, enloquecíamos. Me da la impresión -no por vanagloria- que nuestros hijos son más cuerdos. Hay problemas, claro. Y graves. Pero menos agresividad. Se que este Nº2 tampoco es exhaustivo. Nada lo es. Aunque algo se avance en la comprensión histórica. ¡Buen día, José María Astelarra! ¡Te queremos! No reviso: no soy como tú, tú sin faltas.

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