Pido al Paracleto que guíe estas palabras libres. Un guía no es el amo de su esclavo. No soy esclavo.

Al nacer fui bautizado católico. No dejaré de ser católico. Pero no establezco una sinonimia en la significación para mí entre Cristo y la Iglesia católica. Sin hablar del pasado ni de individuos, hay escrituras, tradiciones y hechos de ésta que proviniendo de sus más altas jerarquías contradicen según mi conciencia a Cristo. La lista siguiente no es exhaustiva.

1.- La pompa, el dinero, el patrimonio que considero escandalosos.

2.- El celibato que infantiliza la sexualidad seminarista o monástica, la hace proclive a la homosexualidad y a la pedofilia y no impide a los curas dictar cátedra sin recato sobre experiencias de vida que les son ajenas, como el matrimonio, la contracepción, el aborto o el divorcio.

3.- La subordinación de la mujer a un rango inferior que el hombre respecto sobre todo del sacerdocio.

4.- El dogma de la infalibilidad papal en materias de dogma que desde su formulación tautológica estimo carente de inteligencia, sin hablar del totalitarismo que su contenido conlleva.

5.- La tendencia al dogmatismo en general que busca imponerse a la conciencia personal inhibiendo la libertad que Dios le dio, incluso para pecar y también, claramente, para ser virtuosa.

6.- La liturgia exacerbada que aburre, desalienta y aleja de la Iglesia sobre todo a la juventud.

7.- El vínculo estrecho aunque camuflado de la Jerarquía con las clases sociales más poderosas en lo económico y lo político.

8.- Su inclinación al integrismo moral en las palabras a menudo desmentidas por los hechos, es decir, la hipocresía.

9.- El hecho de tener respuesta a todo, que no convence ni está convencida, lo cual se nota y produce por tanto efectos negativos sobre quienes la reciben.

10.- El carácter insulso e inculto que revisten por lo común los sermones y las prédicas.

11.- La confesión como método penitente de borrar los pecados y el concepto de pecado mortal.

12.- La descripción eclesiástica de Dios cuya validez supondría una superioridad cognitiva del intérprete sobre Dios.

13.- La supervivencia de fetichismos tontos incluso en el Credo, como por solo ejemplo aquello de acuerdo con lo cual Cristo está sentado a la diestra de Dios Padre, expresión que al ser criticada es explicada cual simple simbolismo, recurso huidizo y habitual que se da ante todo este tipo de fetiche, idiotizando la fe, si ésta se satisface con tal recurso.

14.- El antropocentrismo no ya ptolomeico pero sí del hombre en la Tierra.

15.- La aceptación en el Nuevo Catecismo de la pena de muerte y de la guerra en casos excepcionales no precisados y según yo nunca justificables.

16.- La noción de pecado original, mantenida a pesar del Salvador.

17.- El clasismo incluso interno de la Iglesia, corroborado por hechos como que el obispo Cox esté en el Vaticano y el cura Tato en la cárcel.

18.- La relación de la Curia con la mafia siciliana de la cual fue presuntamente víctima mortal Juan Pablo I en su búsqueda por eliminar tal criminal vínculo (Banco Ambrosiano, caso Calvi).

19.- La connotación despectiva que subsiste en el rechazo oficial a la “fe del carbonero”, ese ignorante, y la insinuación paralela sobre el carácter científico de la teología, que recuerda a los Doctores de la Ley.

20.- Bien examinada en sus propias palabras, la autodefinición de “Una, Santa, Católica (es decir Universal), Apostólica y Romana (?) Iglesia” es demostrativa de la más completa Soberbia… mientras se exalta la “humildad”.

El culto católico a María es un paliativo honroso pero insuficiente contra el propio machismo vaticano. Juan Pablo I llegó incluso a decir “Dios: Padre y Madre a la vez”. Este germen de revolución conceptual fue sin embargo de inmediato y hasta hoy silenciado. Ese Papa y Juan XXIII son quienes más favorablemente han impresionado desde Roma mi vida consciente. Conozco curas maravillosos. Veo en ellos la excepción que confirma la regla.

Al paso que va, la Iglesia será dentro de un Siglo una secta económicamente muy rica, con su patrimonio arquitectónico, pictórico, etc. transformado en rentables museos -proceso ya en curso-, con sus guardias suizos instalados al frente de un gigantesco Banco Católico en Ginebra y con una feligresía ya mundialmente irrelevante y decadente. ¿Exagero? Sí. Pero poco. Y quizás nada. Asistimos a una organización del suicidio eclesiástico que recuerda a Luis XIV, “el Rey Sol”: “Después de mí, el Diluvio”.

Estoy pues preocupado. Ninguno de los 20 ejemplos antedichos corresponde en nada a la enseñanza de Cristo. Mejor dicho, todos y cada uno la contradicen. Todos son gravísimos. Y no veo a ninguno que se aparte de la realidad. Hoy celebraremos la Navidad ante contritos ademanes cardenalicios que condenarán la locura consumista de la boca para afuera en medio de un discurso religioso sobre el niñito Jesús, la paz y el amor que estará desmentido desde la ostentosa vestimenta por nuestro lógicamente aristocrático Arzobispo.

Si yo no fuese católico, nada de esto me afectaría. Pero lo soy y me afecta. No creo ser el único a quien esto ocurra. Muchísimos católicos querríamos otra realidad. Yo tenía 17 años, cursaba 1º año de Derecho en la PUC, cuando la revista de “Pax Romana” (!) me pidió un artículo sobre el tema religioso que yo escogiese. Esa revista de circulación selectiva publicó el texto. Era una crítica que hoy confirmo ante una situación en mi concepto agravada. Tenía por título: “El divorcio entre Cristo y la Iglesia”.