De manera jamás expresa, se hará comprender:
- ¡No te pongas de pie! ¡Siéntate! ¡En caso contrario, te tiro al suelo por la chaqueta!
El chaqueteo consiste en estimular el descenso en cualquier grupo del cual se forma parte, por razones diversas, de alguien que se está destacando por su capacidad de liderazgo, por su inteligencia, su simpatía, su inteligencia, sentido del humor, la riqueza material, el emprendimiento, la calidad de su trabajo, la seducción, el desprendimiento del dinero, la franqueza, la aristocracia instintiva, el lenguaje, la elegancia, la cultura, la belleza, la generosidad, la humildad, los títulos, la originalidad, la valentía, la honestidad, etc. …todas, virtudes que, salvo excepción, por camaraderías gregarias entre consabidos mediocres, corporativistas, defensivos, agresivos, suscitan a éstos celos, envidia, complicidades, rumores, tácticas, calumnias: el otro es arribista, figurón, si no maricón, alcohólico, cocainómano, coimero…
Tales comportamientos son además explicables porque la persona designada para el chaqueteo significa por su sola presencia en el grupo un desafío para el resto. Éste se siente punzado a mejorar su desempeño en todos los niveles y conceptos señalados. Lo cual implicaría un indeseable esfuerzo, además presuntamente destinado al fracaso total. En el idioma oficial, universalista, se repiten día a día, dentro del recinto, ciertos modismos: “excelencia”, “creatividad” “innovación”, “calidad total”, “globalización”, “economía social de mercado”, “valores éticos”, “agregación de valor”, “formación permanente”, “seminario”, “coloquio”, “flexibilidad”, “diversidad”, “día de la secretaria”, “amigo desconocido”, “un cafecito” y … “¡competitividad!” (entre nosotros no, está claro, sino Global).
De este modo, para el antes mencionado desafiante, ya, entre amables sonrisas, aislado, y habiendo comprendido el significado de tal posición suya, quedan una de tres opciones: renuncia y se va mandando a todo el mundo a la mierda pues no está allí para eso, con lo cual deja a todo el mundo contento, incluidos los jefes máximos, porque a ellos, cómodos como están, tampoco conviene exagerar; o se acomoda, baja la cerviz ese sicambro y a poco andar se hace confiable en el cumplimiento de la ley de la mediocridad en el chaqueteo cuyos aprendizaje, práctica probatoria y perfecta ejecución hasta la jubilación le resultan fáciles; o, por último, se incorpora como complemento satisfactorio a un subgrupo integrista de cualquiera carácter o topología que sea, no son olvidar que “familia que reza unida permanece unida”.
Este panorama común en Chile no es exactamente universal. Hay naciones donde en el ser que se destacaría se busca dentro los sectores privado o público, en las universidades… en los jardines infantiles, encontrar lo mejor, estimularlo, incluso para que estimule a sus “competidores”. Son naciones de otras culturas. Presentan defectos, sí. Como un parcelación de los trabajos individuales que hipnotizados por su singularidad se desinteresan del vecino, por respetuoso individualismo, empobrecedor del conjunto. Pero la meritocracia (palabra por otros parajes ridícula) de la mediocridad y del chaqueteo no es virtud que exista aún allí. Corresponde pues a Chile dar en esto una lección planetaria de modesta democracia en los más diversos planos del saber, del desear y de poder. ¡Viva el chaqueteo!

34 comentarios
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diciembre 15, 2006 a 9:51 pm
Daniel Carvallo Montes
Señor Montes:
Habiendo leído y releído sus pasajes, noto que tenemos una concepcion diametralmente opuesta respecto al término en cuestión. No puedo menos que hacérsela saber.
De lo que deduzco, para usted la actitud del chaquetero consiste, entre otras cosas, en menoscabar la imagen de un individuo de notables calidades, cualidades, etcétra, impulsado por la envidia (de las mismas cualidades que el chaquetero no posee), por la flojera (con la intención del mediocre de mantenerse como tal, mínimo esfuerzo, bla bla bla), y cualesquiera otros motivos, en general con un afán de salvarse el propio pellejo.
Entiendo yo por “chaqueteo”, la actitud que consiste en un cambio dràstico de posíción, opnión, etc., como consecuencia de un acontecer poco favorable para la primera. Queda poco claro, lo explico. Ganamos el partido, perdió el Colo-Colo; ganó el Chino, siempre ha sido el mejor, perdió el chino, hueón penca, siempre juega mal; yo voté por Bachellet, la concertación es corrupta y la odio, etc, etc, etc. No quiero caer en la ordinariez de calificarla como una conducta “típica del shileno”, porque estoy seguro de que en todas partes del mundo la gente lo hace. La gente es rasca y punto.
Si se fija, además, en la palabra misma, salta inmediatamente a la vista que el término viene de “chaqueta” a secas. ¿Qué hace uno con una chaqueta? No sé usted, pero yo me las pongo, me las saco, me las cambio y en general elijo la que más me apetece en ese momento determinado. Es precisamente lo que hace el chaquetero: elige la opinión, posición, etc, que más favorable le parezca en un momento, y luego la cambia, la reemplaza por otra (frecuentemente incompatible y/u opuesta).
Lo que explica usted parece acercarse más a simplemente ser un conchasumadre envidioso y flojo.
Saludos cordiales,
Daniel A.
diciembre 15, 2006 a 10:58 pm
Victor Valenzuela Aranguiz
En cualquiera de las dos vertientes, chaquetero como conchasumadre envidioso y flojo, o chaquetero como camaleon de la opinion, aunque igualmente conchasumadre, tienen como requisito basico el uso de la chaqueta. Esto circunscribiria los dos fenomenos a las temporadas de otoño e invierno. Por mi parte, como precaucion, no uso chaqueta en ninguna estacion.
diciembre 16, 2006 a 12:07 am
Daniel Carvallo Montes
Igual hay que abrigrase.
diciembre 16, 2006 a 10:51 am
Arturo Montes Larraín
Señor Carvallo:
Ud. se refiere a la gente oportunista, voluble, que cambia de color según la ocasión, sí, al camaleón, como dice el señor Valenzuela. Hoy allendista, mañana pinochetista. Ayer pinochetista, hoy ardiente defensor de los derechos humanos, etc.
El chaquetero tira de la chaqueta al vecino que se va alzando por encima de los demás, a fin que se ponga a la altura del resto, bien sentadito. Mi saludo.
diciembre 16, 2006 a 12:46 pm
Luis E. Reyes
El chaquetero nunca permitirá que alguien se supere profesional o personalmente, no. Eso seria un menosprecio para su grupo que tan bien lo acoge y le ‘ayuda’ en las artes de la mediocridad.
Lo que me queda claro es la diferencia de mediocre y chaquetero: El mediocre bien podría ser cualquiera, pero el chaquetero tiene la habilidad de concentrar todas las mediocridades presentes en un grupo y sintetizarlas en él. ¿Con que objetivo?. No lo sabe, después de todo el huevón es mediocre.
diciembre 16, 2006 a 2:00 pm
Arturo Montes Larraín
Estimado señor Reyes:
Yo creo que el chaquetero -institución nacional- sí conoce su objetivo: evitar el desafío de esfuerzo y de superación personal que plantea quien hace bien su trabajo. Poderoso, “democrático”, es el gremio del chaqueteo. Durante un tiempo trabajé como siempre con entusiasmo y arduamente -no me cuesta: laboro en lo que me gusta y creo- para un Ministerio. Descartado el Ministro y poca gente, vi a mi alrededor ineficiencia, pérdida de tiempo, documentos mal escritos, politiquería, charlatanería, chistecitos de pasillo, conventilleo, reuniones de Gabinete que eran fumaderos,… ¡mandos medios! (“superiores”). Se objetará que esta opinión indirectamente favorable a mí viene de demasiado cerca como para darle credibilidad y que revela soberbia. Pero no. Otra gente está consciente de lo que digo. Y lo expreso sin soberbia. Es sólo un hecho. De chico en la familia comprendí que ser buen estudiante representaba un deber mínimo del cual ni siquiera valía la pena hablar, tan obvio era, sin que además los padres me instasen al estudio ni revisasen mis tareas, y no por negligencia suya: responsabilidad mía, no de ellos. Creo que fue una buena educación, ella llevaba implícita la relación entre libertad y responsabilidad, que no impedía además jugar ni tener dentro de ciertos límites gozosa “mala conducta”. Pero lo importante no se halla en esto, sino en el juicio por lo general negativo que me ha inspirado la observación -que he querido objetiva- del trabajo humano en actividades y países diversos. Hay, sí, gente valiosa, honesta. Buscándosela, se la encuentra, y da sus frutos. Aunque, según mi experiencia, los dé mejor desde la soledad o desde una miniempresa que en otra grande, donde ella es víctima del eficaz chaqueteo. En filigrana, estoy diciendo que la productividad del trabajo sería mayor en la miniempresa que en la megaempresa. Aquí, las complicidades de la ineficiencia se diluirían verticalmente mejor que allá. Sin embargo, es conocido el estado de relativa postración económica que sufre la pequeña empresa. No se si haya profesiones más importantes para el conjunto de una sociedad que el profesorado primario o la enfermería, ambas pésimamente retribuidas. En cambio, un inútil Ph.D. da por su pedazo de papel prestigio y por éste ganancia a una gran empresa. ¿O me equivoco?
diciembre 16, 2006 a 3:26 pm
Luis E. Reyes
Señor Montes:
No creo que la cercanía de la experiencia debilite su validez, o lo ponga en una posición de soberbia con respecto al tema. Comparto su punto de vista.
No obstante usted da demasiado crédito a la naturaleza del ‘chaquetero’. Principalmente porque supone una capacidad de análisis poco probable en el individuo.
Le dejo mí saludo y respeto.
diciembre 16, 2006 a 6:10 pm
Arturo Montes Larraín
Señor Reyes:
En realidad no pienso tanto en la “capacidad de análisis” del chaquetero cuanto sí de síntesis, de instinto animal en ciertos animales humanos, de avidez cada vez permanentemente circunstancial, de horizonte muy limitado, de moralidad neutra y egoísta pero gremial, corporativista, tácita más que explícita, mafiosa de almas desalmadas, con su omerta de guiños, cuando hablo sobre la práctica nacional del chaqueteo, cuya savia sería el complejo de inferioridad consciente, fanfarrón de ignorancias lanzadas al lote, envidioso, cruel de reojo, todo esto para defender las condiciones personal, familiar, cómodamente mediocres y mediocremente rentables, ¿para qué más, si con el asadito y el vinacho basta, con los hijos educados en la misma serie de la estupidez, no sin olvidar un “sauna” al mediodía, mientras fuera del sauna el chaquetero dicta una lección absolutista sobre el mal cuya eliminación retórica significaría su santidad?
Esto no impide que el chaquetero(¡a!) sea además oportunista (confundido sobre los conceptos, algo así dijo el señor Carvallo). Pero el oportunista en el gremio de los chaqueteros debe ser prudente, no ponerse de pie, porque en caso contrario cae en desgracia por obra de la connivencia chaquetera. Por momentos, ese ser puede tener éxito y verse rodeado de aduladores, dispuestos a abandonarlo una vez que la inercia del éxito lo aplane, hasta que por envidia retrospectiva, es decir por venganza, el resto le muerda la garganta, lo vuelva al redil o, más normal, lo exilie ya desconfiado de la “oficina”, hasta nunca más volver. El pobre idiota así deportado cae en miserable ostracismo, en la derrota familiar ante mujer e hijos, en el alcoholismo, o bien se hace suicida ermitaño fanatizado por su Dios, o por último conserva recursos espirituales y algunos materiales para seguir haciendo frente con fuerza y dignidad a la vida. Como, en Chile, numerosas personas a quienes el chaqueteo chaquetea incluso después de su muerte. La cita de algunos nombres no es digna para los chaqueteros de siempre. Sería un insulto a la memoria de los primeros. Un escupitajo hipócrita alzarles una estatua. La calle de mi infancia se llamaba Mont d’Or, en Providencia, perpendicular a Bustos hacia el Sur entre Pedro de Valdivia y Lyon. Ahora no. No se llama Radomiro Tomic. Y todavía no Waldo Romo. Si quiere, averigüe Ud. el nombre. Pertenece a la familia de quienes sacaban las castañas con la mano del gato durante Pinochet. Muriendo con mucha deuda incobrable. C’est la vie.
No olvido que Frei M. después de su presidencia alojó varios días en el hotel Ritz de París, place Vendôme: el más caro. ¿Con qué dinero? ¿Riggs?
He conocido gente honesta. Poca. Ejemplar. Me obliga.
mayo 3, 2007 a 12:00 am
Victor Valenzuela Aranguiz
El chaqueteo sera algo propio de ciertas culturas, o algo propio del ser humano? Por ejemplo, Arturo, te puedes imaginar chaqueteo entre los indios patagones, o en los esquimales? Chaqueteo entre algunos nativos de Nueva Guinea que lo unico que usan son unas calabazas pintadas con las que cubren su pene? A que edad empieza el chaqueteo? Sin chaqueteo, no hay progreso? Hawking chaqueteo a Einstein? Fisher chaqueteo a Kasparov. Chaqueteo ergo existo !
P.S. mejora tu sitio Arturo, que pasa?
mayo 3, 2007 a 6:57 am
Arturo Montes Larraín
Kasparov es posterior a Fischer: yo chaqueteo a mi bisnieto biológicamente no concebido. Hawking es irrelevante. Siempre hay más o menos chaqueteo. Mira a Sócrates. Si en Francia te destacas, eres estimulado, para que des más. En Chile se te aplasta, para que no te destaques. Celos, envidias, al los cuales un sabio sería indiferente. ¿Mejora el sitio A.I.? Me duele fuerte la cicatriz del pecho. Desperté a las 3 am. Faltan diez para las siete. Volveré a la cama. Pronto se levantará Zamira. Bebo un yoghurt 0. Más culto es un país, menos chaquetero es. Sin chaqueteo, el progreso se acrecienta. No es imposible que los patagones hayan sido más cultos que los acturales habitantes de la Patagonia. La cultura no pertenece al orden de la tecnología. Lee “Las piernas largas” o algo así (¿”El país de las sombras largas”?) a propósito de los esquimales.
mayo 3, 2007 a 9:21 am
Victor Valenzuela Aranguiz
El Pais de las Sombras Largas. Lo lei hace tiempo.
No te preocupes por lo de mejorar el sitio. Te estaba chaqueteando.
El pais menos chaquetero que yo conozco es Japon. Pero es una lata de pais.
mayo 3, 2007 a 9:33 am
Victor Valenzuela Aranguiz
A proposito, la chaqueta fue inventada en el siglo XVIII en Francia como una prenda para montar a caballo.
De Francia vienen las guaguas y los chaqueteros.
mayo 3, 2007 a 1:30 pm
Victor Valenzuela Aranguiz
Es cierto que Kasparov es posterior a Fisher. Pero este ultimo, refiriendose a ese partido de Kasparov vs. Deep Blue, el computador, dijo que el podria derrotar a 25 Deep Blue. O sea, don Bobby chaqueteo a don Gary.
mayo 3, 2007 a 3:57 pm
Arturo Montes Larraín
Si yo digo con seriedad que gano en ajedrez a Fischer, no soy chaquetero, sino específicamente estúpido. No veo chaqueteo strictu sensu en eso de Fischer respecto de 25 Deep Blue e indirectamente de Kasparov. Ni en Nadal si dice ganar ahora al Chino Ríos. El chaqueteo consiste en degradar por envidia, por celos y miedo, hipócritamente, incurriendo en veladas calumnias, a un rival de quien se supone que por su superioridad desplazaría hacia abajo al otro, personaje común en los mandos medios de los sectores privado y público, por ejemplo.
julio 23, 2009 a 4:13 pm
Arturo Montes Larraín
Señor Don Carvallo (apellido de origen judío, que por higiénica religión -supongo sin constancia- es circuncidado):
Leo in supra de Ud. lo siguiente (diciembre 15, 2006, 9:51 pm).
“¿Qué hace uno con una chaqueta? No sé usted, pero yo me las pongo, me las saco, me las cambio”.
Reciba mi felicitación. Con UNA chaqueta Ud. se LAS pone, se LAS saca, se LAS cambia.
Fuera de la afamada rentabilidad que distingue como se sabe al “pueblo elegido”, ¿se refiere Señor Don en los dos primeros plurales de la frase anterior a la milagrosa multiplicación del prepucio y/o en el último al condón, si no es a otra condición sexual?
Cante, si no le molesta: “Ésas son cosas que pasan y es la vida que después dirá”. O si canta mal recite: “Pasa en las mejores familias”.
Reciba de su Rabino este beso iconoclasta.
julio 23, 2009 a 4:14 pm
Arturo Montes Larraín
O si prefiere iconodulo.
julio 24, 2009 a 8:00 am
Victor V.
Sin querer ser chaquetero, pero una chaqueta es igual a si misma?
julio 24, 2009 a 9:06 am
Arturo Montes Larraín
Averigua en una sastrería adecuada, VIVA, porque yo sobre eso o sobre cualquiera cosa NADA sé, quizás casi nada. Tengo numerosas chaquetas. Las uso poco. Las distingo. Algunas se parecen entre sí, otras no, otras desaparecen, como también desaparece por traición el robo del amor. Hoy CUMPLO 65 años de supervivencia. El hecho supuestamente matemático me da lo mismo. Quiero “morir” pronto sin dolor. Pero ruego a Dios que me permita vivir más, ignoro por qué, quizás sea por amor a vosotros en mí. Y -qué presuntuoso- para hacer bien acá: la hormiga salvando al sol, esa otra hormiga… El día está nublado. Gracias a la calefacción no tengo frío. Se va la empleada. Luego llegará con su hija por última vez. Ya adivinas cómo la trataré. Un abrazo.
julio 24, 2009 a 10:58 am
Victor V.
chaquetoclasta = – chaquetodulo
julio 24, 2009 a 12:27 pm
Arturo Montes Larraín
¿Clasta igual menos Dulo? Ya. Eso. Eso es. Claro. Más claro echarle agua clasista de la cual dudo pero adulo sin cita.
julio 24, 2009 a 9:02 pm
Victor V.
Eso mismo, clasta es un dulo negativo. Jaja…muy bueno.
julio 26, 2009 a 10:47 am
Arturo Montes Larraín
NO ME MOLESTES ENTRE EL COLON POSITIVO Y LA PLASTA NEGATIVA. ES EL DÍA DEL SEÑOR. VETE A LA CHICHA. YO ORARÉ, VIVA. CONSÍGUEME MEJOR UNA PEGA. DIOS PADRE ESTÁ HACIENDO QUE ME SIENTA BIEN. SE TRATA DE UN MILAGRO DEDICADO A MÍ NI MÁS NI MENOS Y FÍJATE QUE FIRMADO ANTE NOTARIO, BUENO, ESTO ES SECUNDARIO AUNQUE PLANETARIO. ¡JAMÁS EN ONTARIO! NO ACEPTO TAL PRONTUARIO. DISCULPA, EL COLON LLAMA. MI ABRAZO HETEROSEXUAL EN TU PLASTA TAN POSITIVA… AH.
julio 26, 2009 a 12:26 pm
Arturo Montes Larraín
Me voy a chaquetear aunque esté en pijama. Seré grosero. Esta huevada de “Amaneciente Incertidumbre” me está dando una soberana lata.
julio 27, 2009 a 10:58 am
Victor V.
Pasa
julio 28, 2009 a 11:21 am
Arturo Montes Larraín
Paso.
julio 29, 2009 a 7:40 am
Victor V.
Algunas veces te pregunte sobre volver a Chile, porque volver? Despues de seguir con atencion el caso del Banco de Talco y Tatan, y ver la forma en que cierto grupo de chilenos se defiende y protege, siento que no vale la pena volver. En Chile no existe derecha politica, son apenas un grupo de personas o familias que harian cualquier cosa por proteger sus intereses. No les interesa ni el pais ni el bien comun ni la verdad. No quiero que mis hijos crezcan en ese tipo de sociedad tan mediocre.
julio 29, 2009 a 4:48 pm
Arturo Montes Larraín
Mm. ¿Más mediocre que Suiza? ¡Si te contara! Nací aquí. Fui educado aquí. Mis padres viejos viven aquí. Tres de mis cuatro hijos viven aquí. Moriré aquí. Te escribo aquí. Mis hermanos viven aquí. Aquí mejoro moralmente. Aquí hay gente que me ama y a quien amo. Resucitaré desde aquí. Amo a Chile. Comparto tus críticas. Pero soy de aquí. Me gusta el norte. Me gusta el sur. Me gusta Santiago. Me gusta la humildad generosa de mucha gente pobre. Me gustan las papayas, las chirimoyas, el buen pisco, el mar, los peces, los perros vagabundos, algunos amigos y amigas, Bachelet, la locura nacional, la tierra, el recuerdo, la esperanza, otras cosas, otras razones y sinrazones. La lista podría continuar o ir en el sentido contrario respecto de USA, por ejemplo. Un abrazo.
septiembre 15, 2010 a 2:55 am
Hernan Navarrete
Bueno referente al ultimo comentario, mas alla de las mediocridades que pueden llevar al chaqueteo esta el origen de nuestra achentera expectativade vida . No hay como nuestras costumbres y tradiciones que cada vez mas se ven locales que nacionales…
septiembre 15, 2010 a 6:33 pm
jose luis ramaciotti
asi es
diciembre 25, 2010 a 3:54 pm
daniel
Según es.wiktionary.org “chaqueteo” tiene distintos significados en Chile y España .
España: Cambio oportunista, a veces frecuente, de partido, bando, opinión o idea.
Chile: Afán de menoscabar a quien ha tenido éxito.
Me parece interesante el tema y creo que una buena definición de esta negativa actitud nuestra resulta practica al momento de combatirla. Para ser mejores como personas y como nación podríamos hacer nuestra la consigna: abajo el chaqueteo y arriba el compañerismo.
agosto 7, 2011 a 1:49 am
Arturo Montes Larraín
Nadie me chaquetea: no logra hacerlo. Y a nadie chaqueteo, pudiendo hacerlo: el deber e incluso el querer me lo impiden. Soy honrado hasta dar miedo a Ratzinger, pobre referencia, es verdad. Sugirió que la paja es el mejor remedio contra el SIDA. Ver mi artículo en “Les temps modernes” de enero 1986. Ya no uso chaqueta. Prefiero uno de mis abrigos de cachemira. O para el verano la polera de Lacoste comprada en Roland Garros. Un tipo chileno me dijo un día que sentía envidia por mi libertad. Le sonreí al lote. No ando en el asunto social y político de la sastrería. Vivo de preferencia en pijamas. Me baño lo menos posible, por lata, hasta que la picazón mande. Algunas personas me han dicho que se esperaba más de mí. No saben que he tenido una vida más inmensa que mi diminuto yo. Ella me asombra. Ahora estoy también en pijama y solo, perdón, “solo”: con gente, ¿o no lo es Usted, por favor? ¿Es chaquetero? ¡Qué me importaría! La solidaridad es una palabra que tiene once letras.
agosto 7, 2011 a 4:13 pm
Luis E. Reyes
No logro aceptar el pijama; prefiero vestir mis jeans y polera (no Lacoste) todo el día. Me molesta la sola idea que al llegar la noche, tendré que cambiar de atuendo; que dejaré la comodidad de mi ropa por unas prendas incómodas; si pudiera, iría a la cama vestido, excepto los zapatos. Quizá con los años logre hacer las paces con dicha vestimenta, por el momento, es más bien una cuestión de sociabilidad de alcoba. Desvestirse para vestirse, no sé; no quiero parecer machista en la peor de sus acepciones, pero lo encuentro una prenda más bien femenina. Culpen a la literatura, al cine, qué sé yo, pero no a mi.
Mención a parte para tus abrigos de cachemira. Mí aprecio.
agosto 9, 2011 a 1:33 pm
Arturo Montes Larraín
¡Pero si el pijama es mucho más cómodo que las otras prendas! Recuerda a la mamá: la franela. Ayer pasé de la morfina al opio. Es fantástico. Por orden médica, claro. Y respetando las dosis indicadas. Veremos. Un abrazo.
agosto 9, 2011 a 5:13 pm
Luis E. Reyes
Junto a mí señora, hablamos de ti, y en esa charla pedimos por toda la fortalezas que puedas generar. Un abrazo sostenido.