Ahora merezco distraerme. Ya lo expliqué, no me gusta la cultura del chiste, carece de improvisación, se limita a repetir algo ya escuchado, quien lo cuenta se aburre esperando en recompensa carcajadas preparadas por su sonriente insinuación de chistear durante el asado bien regado, los auditores nada oyen, piensa cada uno en su próximo chiste, entretanto sonríen por educación y por si acaso, de repente alguno lanza una carcajada creyendo que el chiste había terminado, pero no, fue un error, qué vergüenza, pero no, el chistoso está convencido que esa carcajada es genial adivinación de su inmenso chiste, “pásame una prieta por favor”, hasta que por la carcajada final del humorista se comprende que el chiste terminó, todo el mundo carcajea, “¡está bueno!”, suma y sigue, pásame ese pedazo de lomo, ahora le toca al vecino, se pelean por quién cuenta el próximo chiste, todos están felices, el más gritón gana el derecho al chiste siguiente, chileno, made in Chile, “¿sabís lo que es hacer el amor, huevón?”, “cuéntame”, “¡es lo que hacen las mujeres mientras uno se las culea!”, jajajajajá.

Gracioso, ¿verdad? Conté este chiste en Francia a un grupo mixto de artistas, sobre todo de pintura. Nadie rió. Por lo mínimo lo encontraron una imbecilidad, por lo más, además, una primitiva grosería machista. El único que rió fui yo, y de verdad. Conociéndome ellos, intrigados por mi sincera carcajada solitaria, fui con curiosidad bien francesa cuestionado, “Arturo, por qué ríes”, y yo, “porque nadie aquí ríe de la imbecilidad”. Ja. Me da en efecto mucha risa, cuando luego de contar un chiste nadie ríe. Esa falta de risa me produce risa.

Los siguientes chistes son franceses contados en Chile. Qué lata: otra vez. Sonrío: sonrían. Sírvanse dos chunchules sin encajes.

- Doctor, tengo un problema digestivo. Como choclo y defeco choclo. Como garbanzos y defeco garbanzos. Cebolla y cebolla. ¡Ciruelas y ciruelas!…

- No es necesario que prosiga. Ya comprendí. La única solución que veo a su problema es que coma caca.

Conté esto a chilenos. La mitad rió a carcajadas. La otra nada. Pregunté a ésta por qué no reía. “Porque es lógico”. “¿No les produce risa la Lógica?” “No”. Entonces sí yo reí.

2º (Ya señalé por estos lados algunas diferencias entre los sentidos del humor inglés y francés, a propósito de un comentario proveniente del señor Reyes, muy bueno -el comentario- relativo a Churchill: Ustedes, tugar-tugar salir a buscar)

-         Usted es psiquiatra, ayúdeme, quiero divorciarme, a pesar de tener 55 años como mujer casada, con dos hijos y dos nietos.

-         Qué ocurre.

-         Mi marido todavía quiere hacer el amor conmigo, y no en plazos decentes, como sería, no se, una vez al año…

-         Debería estar orgullosa, por lo general escucho quejas sobre lo contrario.

-         Yo no soy una estadística.

-         Bien. Qué pasa.

-         …Me cuesta decirlo, pero en fin. Cuando él llega al orgasmo, profiere unos alaridos horrorosos.

-         ¿Es eso grave?

-         Sí. Sí, porque así me despierta.

Conté esto, inventado (?) por mí, a franceses. Callaron. Rieron de buena gana, es decir, sin mentir, sonrieron. Añadieron, pensativos: “Triste el chiste”. Más tarde lo conté a chilenos. Sólo las mujeres reían. Los hombres: “humm”,

Bueno, me distraje un rato. Gracias por vuestros remunerativos aplausos.

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