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acques Attali fue el consejero personal de François Mitterrand durante las dos presidencias de éste en Francia (1981-1988 y 1988-1995).

Attali le preguntó (cf. “Verbatim I”):

-         “Señor Presidente, ¿cuál es a su juicio la principal virtud que debe tener un Hombre de Estado?”

Y Mitterrand respondió:

-         “Me gustaría decirle, señor Attali, que es la sensibilidad. Pero, en realidad, es la indiferencia”.

Fue ministro de Charles de Gaulle. Había sido un gran escritor. Antes de ello, burgués, partió de Francia a España para contribuir a la defensa de los republicanos contra el franquismo. Hizo allí una buena película sobre aquella horrible guerra civil donde hermanos mataban a hermanos. Regresó a París. Era elocuente. Improvisó un discurso público sobre Jean Moulin -la Resistencia (bastante mítica en mi opinión)- ante la admiración de de Gaulle, ese derechista de izquierda y estatista, hasta hoy amado como el mayor estadista del Siglo XX en Francia. La voz de Malraux ya temblaba. Sus brazos y manos también ya temblaban. Díjose más tarde que ello se debía a un exceso de alcohol. Hasta que sus extremidades, sus rostros tartamudeantes, su pataleo ya senil de tanta vida, apoyase desfavoreciendo, lamentable, a Chabin, contra Giscard, después de Pompidou, extinto por oficiales ¡hemorroides!. Y pronto Malraux murió.

Pero me queda de él esta frase anterior a su decrepitud, bien conocida, desde el Siglo XX: “El Siglo XXI será religioso o no será”. Tonteando un poco, yo comentaba a los estudiantes de Francia: “¡dejemos eso mejor para el XII!, en el XXI la cuestión central será la reflexión sobre la justicia”. Pero veo por ahora, recién iniciado este XXI durante el cual dejaré de estar en medio de vosotros, que quizás Malraux tenía razón: ¡es inmensa la inquietud renaciente sobre la religiosidad, otra, claro, que la tonta, pero más verdadera, aquí y allá! Yo decía a mis estudiantes que estamos asistiendo a un terrorismo intelectual al revés: antes era de rigor cultural el fideísmo, ahora el terrorismo intelectual que proscribe como signo de indiferente idiotez a los creyentes en Dios. Observé que con timidez de moda represiva y reprimida la mayoría de ellos asentía. Yo no temía hablar sobre la religiosidad en la “jacobina” Francia. Nunca me ha importado en exceso el juicio no argumentado de la gente. El hecho es que a esta hora de la noche me despido de Ud. recordando a Malraux: “El Siglo XXI será religioso o no será”. ¿Qué significa “no será”? ¿Otra letanía sobre el Apocalipsis? Vaya uno a saber. Pero que de haberla, una inquietud religiosa es. Mi hijo mayor vive en Francia, es ahora “ateo” bautizado en el catolicismo, pero me decía hace poco que sus hijos… creen en Dios, y no por influencia de la madre. André Malraux…

P.S.: Tampoco he revisado esta escritura. Me caigo de sueño. Disculpe. AM……

De origen libanés, creo. Como mi mujer: cristianos. Él, mayor que yo. De clase media, yo no. Muy inteligente. Además, afectuoso. Esto ocurría durante Frei Montalva. Ambos DC. Yo me fui al allendismo, luego él al pinochetismo. Firmó algo que jamás debió firmar. Pero conservo respeto por él. Me enseñó algo primordial: la concisión en la escritura. Nada de “realismo mágico”. ¿Quién sabe hoy dónde está Jorge? Se halla en la sombra de las finanzas, orando a Dios. Ignoro si es padre. Nada se de él. Hombre grato, extraño, oculto. Adinerado ya, probablemente, en las finanzas. Y qué. ¿Es feliz? Se lo deseo. Mas no se si lo sea. Humilde es. Autor principal de la revolución en la cultura económica y en la economía bajo Pinochet fue. Nunca buscando reconocimiento social. Así no más. En su clandestina y clara laboriosidad. Tuvo la valentía no escuchada de anunciar bajo aquel Frei, en el “Boletín del Banco Central”, su pensamiento sobre la incompatibilidad entre democracia corporativista y eficiencia económica. Poca gente advirtió eso. Yo le tengo un profundo aprecio. Se además que es recíproco. Tuve la opción de rechazar mi firma con letras de sangre. Pero fue por sangre fría su opción hacerlo, difícil es la libertad, dolorosa es, cuando sin duda él pensaba que a pesar de la sangre la letra entraría. Y entró. No fue Pinochet quien hizo la Obra. Fue gente como Cauas que necesitaba la metralleta para la modernización económica de un país devastado desde hacía décadas. Pinochet era el paco eficaz de una inteligencia civil. El sueldo de otro Riggs merecía el precio científico de la sangre muchas veces inocente. Más cómoda que Cauas era mi condición de exilio dorado, aprendiendo. Y saludo a Jorge Cauas. AML.

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